Los empresarios tienen poco para festejar en Idea

Por: Fernando Alonso
17 de octubre de 2018

CHAPA FERNANDO ALONSO FIRMA

Los ejecutivos y dueños de empresas se reúnen desde este miércoles en Mar del Plata en el tradicional Coloquio de Idea, que pasó de la euforia de 2016 y el optimismo del año pasado a un tibio aguante este año, caracterizado por la recesión de la economía, la depreciación del peso y el desplome del consumo. El empresariado argentino creyó que con Mauricio Macri llegaba un hombre propio a la presidencia. Un respaldo que este año queda limitado a un sector ligado a las grandes empresas, al sistema financiero y a la producción primaria. El resto, especialmente las pymes y grupos industriales vinculados al mercado interno, descubrió que el modelo no los incluyó ni los incluirá.

Tiene muy poco para mostrar Macri cuando el viernes cierre el Coloquio. No hay un solo dato de la economía que lo favorezca. Ni expectativas de cambio de clima en los próximos meses ni probablemente antes de las elecciones presidenciales del próximo año.

La inflación de septiembre llegó finalmente a 6,5%, sin entrar a discutir si hubo manipulación de los datos como parece surgir de algunos subíndices como el que midió la variación de precios de las tarifas de servicios públicos y el combustible en la Ciudad y el Gran Buenos Aires y que reflejó un incremento de 0,09 por ciento. En el último fin de semana del mes hubo un incremento de los combustibles que superó 10% y salvo que se haya trasladado a octubre el impacto en los precios no hay forma de explicar el resultado. El problema que subestimó Macri durante su campaña electoral hasta considerarla producto de la mala gestión que no iba a ser un problema durante su gobierno, acumuló 32,4% en nueve meses del año y 40,5% en los últimos doce meses.

Desde el primer día, la gestión de Macri consideró a la inflación como un problema monetario. Por eso, el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, empezó con su política de "absorción de pesos" a través de las Lebac. Fue tal el desbarajuste que generó que en abril de este año estalló la bomba de las Lebac generando una depreciación del peso que hizo subir al doble el valor del dólar. No fueron los cuadernos, ni las guerras comerciales ni las subas de tasas lo que disparó la crisis cambiaria. Fue simplemente que el mercado entendió que la política monetaria de Sturzenegger era inviable y actuó en consecuencia atacando al peso.

La devaluación volvió a disparar la inflación y, otra vez, la gestión de Macri volvió a atacarla con la misma receta monetarista. Ahora en lugar de Lebac se emiten Leliq, además de las Nobac, Letes, Lecap, Botes y otros más del festival de deuda que generó este gobierno, con la idea de que sin pesos en la calle las empresas no pueden subir los precios porque cae el consumo.

La utilización de la capacidad instalada de la industria ronda el 60%. En algunas industrias, como la producción de alimentos y bebidas, aún es menor. Y sin embargo en el Gobierno piensan que si producen menos en algún momento los precios dejarán de subir. Sin duda eso va a ocurrir, cuando ya no haya nadie que consuma, los precios no tendrán importancia.

Ni en el Fondo Monetario Internacional (FMI) hay grandes expectativas de que suceda. En su último informe se limitó a señalar que "es probable que la inflación cierre el año en un nivel superior al 40 por ciento, debido a la fuerte depreciación de la moneda, y que disminuya gradualmente en 2019". Es el mismo trabajo en el que subió a 2,6% para este año y 1,6% para 2019 la profundidad de la recesión que se transita.

El descalabro económico llegó a un grado tal que es probable que la inflación quede en un segundo lugar en la preocupación de los empresarios que estarán hasta el sábado en Mar del Plata. Y Macri podrá dar tranquilo su discurso de cierre prometiendo que el próximo año las cosas estarán mejor, pero hasta ahora ninguna de sus expectativas se alcanzó y eso lo saben los empresarios que lo escucharán.