Gisela Barreto, metáforas y sexo: ¿puedo hacer lo que quiera con mi vaso?

12 de noviembre de 2018

La explicación de la ex vedette es una instancia más de la batalla simbólica que algunos quieren librar sobre los cuerpos ajenos. ¿Hay valores absolutos en lo sexual?

federico mana chapa

Como lo demostró Abel Albino con sus declaraciones o el grupo de padres que irrumpió en una clase de ESI en La Plata, hay todo un sector de la sociedad que está dispuesto a lo que sea para imponer sus pautas morales y disciplinar los cuerpos de todas las personas. El video viralizado de Gisela Barreto intentando dar una explicación sobre el supuesto peligro de la educación sexual en niños y niñas no es más que otra muestra que se suma al itinerario de eventos que se vienen dando durante todo este año.

Basados en la premeditada ignorancia respecto a cómo se compone la Ley de Educación Sexual Integral, la piedra del escándalo ha sido, sin duda, la intención de quitar el artículo que permitía la libre adaptación de las instituciones respecto a cómo implementar esta ley. Así se sostiene repetidamente que nadie podrá oponerse cuando se les enseñe a niños y niñas a practicar actos “degenerativos”, se sexualicen sus cuerpos antes de su desarrollo biológico o se les imponga esa entelequia difuminada que nombran como “ideología de género”.

Ahora bien, quien denuncia la imposición de una ideología no hace más que defender la imposición de la propia, disfrazada claro está, de neutralidad o de cientificismo. El problema de la objetividad de la ciencia ha producido infinidad de textos y debates en el campo de la epistemología por lo que, aún si no queremos rechazarla férreamente, debemos al menos contemplar que no está confirmada per se. Así pues, lo que se hace es negar la propia ideología, esto es, el conjunto de valores, ideas y significados que coexisten en el seno del grupo de quienes rechazan la ESI en pos de una supuesta verdad objetiva.

De esta manera el discurso intenta teñirse de una objetividad que no es tal para desmerecer aquello que, a su entender, sólo es producto de teorías y de políticas humanas que pretenden, según su interpretación, negar la naturaleza de nuestra especie. Como si la producción sociológica, psicológica e histórica no pudiese ser considerada como “científica”, sólo se avala la visión parcial de la biología que concuerda con la ideología dominante en este grupo.

En definitiva lo que defiende esta fuerte ideología conservadora es un deber ser estricto desde lo moral y lo sexual en donde hay normas rígidas que exceden la intencionalidad humana, o sea, una especie de determinismo sexual basado pura y exclusivamente en nuestra biología primigenia. Aquí radica otra discusión filosófica: desde el aristotelismo y el neo-tomismo debemos concebir una esencia humana inmodificable como aquello que nos hace ser. No obstante podemos oponer a esta perspectiva la existencialista o también la postestructuralista que sostienen que nuestra humanidad no es dada sino construida.

Es por esto que el cuerpo humano se transforma en un campo de batalla desde el cual se busca disciplinar a los otros y determinar qué acto es moralmente bueno o reprochable, entendiendo que nadie es dueño totalmente de sí mismo porque nuestra libertad se ve limitada por nuestro “origen”. Así como el vaso tiene por naturaleza que estar en una sola posición para recibir líquidos, nuestro cuerpo debe estar dispuesto sólo a determinadas prácticas sexuales porque si no te “lastimás, te degenerás”.

Es decir, no sólo es condenar prácticas sexuales, también es pretender que nadie actúe distinto a cómo esta ideología cree que se debe actuar. Esto es paradójico ya que se denuncia como escandaloso aquello que se lleva adelante. La queja contra la ESI es la queja por la supuesta imposición de una enseñanza que debe hacerse en privado, pero ¿se asume la sexualidad como privada cuando se cree que debe haber un mandato que rija a todos sobre qué hacer y qué no? ¿No se está Barreto metiendo con los hijos de los otros?

El preservativo comparado con la porcelana o el vaso dado vuelta que salpica a todos no son más que gritos desesperados de un sector que ve caer a pedazos su poder disciplinador, denunciando a los cuatro vientos que están perdiendo su derecho a ser totalitarios. ¿Por qué, por ejemplo, una institución privada que recibe subsidios públicos para subsistir y da títulos legitimados por el Estado tendría derecho a oponerse a que este mismo Estado garantice la educación sexual para todos sus ciudadanos? Es extraño que sean capaces de inventar una ideología en el ojo ajeno cuando no son capaces de ver la cosmovisión ideológica en el propio.

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