Código Penal: la liberación del ladrón detenido por Romano renovó el debate

04 de abril de 2014

El filósofo de Carta Abierta Ricardo Forster y el ex embajador Abel Posse expresaron por Radio 10 sus posturas respecto a los linchamientos y ambos coincidien en la reforma, pero con diferencias.

La liberación del presunto ladrón detenido por Gerardo Romano, que no fue linchado por vecinos de Palermo gracias a la intervención del actor, renovó el debate sobre una posible reforma del Código Penal.

"Lo primero que hay que hacer es no utilizar la muletilla 'esta mal pero...' porque eso legitima la acción"
, dijo Forster sobre los linchamientos en diálogo con Alguien lo tiene que decir. "Es una situación más que se agrega ya definitivamente a la falta de orden público", se diferenció Posse.

El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, se expresó sobre la decisión del juez Facundo Cubas de liberar al presunto ladrón de Palermo a menos de 11 horas de ser detenido. "Lo hizo invocando al código procesal actual".

"Hay oposición a reformas y por otra parte se fustiga a cuestiones del actual marco jurídico", marcó Capitanich.

Forster y Posse coincidieron en modificar el Código Penal, pero evaluaron la problemática de la inseguridad desde diferentes ópticas.

"Ninguna persona honesta está dispuesta a matar a otra persona porque le robaron algo. El que mató a otra persona bajo la forma de linchamiento se convierte inmediatamente en un asesino", explicó el miembro de Carta Abierta.

El ex embajador dijo que"al no haber un aparato policial preparado y autorizado a reprimir como corresponde, la población civil empieza a hacer un acto de represión que también es criminal, pero que pretende equilibrar las cosas".

En esa línea, Posse dijo que en la Argentina "hubo una entrega del orden público" y graficó: "La polícia tiene más miedo que la gente cuando sale a la calle".

Por su parte, Forster remarcó que "es necesaria una reforma del Código Penal y Procesal" y explicó que no es una cuestión que no sólo involucra al Gobierno Nacional.

"Estamos hablando de algo mucho más complicado que atraviesa a las grandes ciudades",
argumentó el filósofo, que tomó como ejemplos los linchamientos en provincias con dirigentes opositores, como Córdoba y Rosario.

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