Casi Normales, una comedia musical que casi supera la perfección

22 de abril de 2014

Con una banda en vivo, una puesta en escena y un elenco inmejorable, la obra escrita por Tom Kitt y Brian Yorkey ofrece sus últimas funciones en el teatro Tabarís.

Casi Normales es más que una típica comedia músical. Es una obra de teatro que rompe con los paradigmas del género y lo lleva hacia un nuevo nivel, cercano a la perfección. Con una impronta netamente rockera, la historia atrapa desde la primera escena y provoca que los espectadores se sientan parte de ella y sufran con los protagonistas y sus dramas.

Con la dirección de Luis Romero y la producción de Pablo del Campo, Casi Normales se convirtió en un éxito y a pedido del público continuará en el teatro Tabarís al menos hasta fines de abril, por lo que las próximas funciones serían las últimas oportunidades para ver una obra que se transformó en imprescindible en la cartelera porteña.

Con una puesta de escena única y original, el elenco de Casi Normales está compuesto por las magistrales actuaciones de Martín Ruiz, Laura Conforte, Mariano Chiesa, Matías Mayer, Fernando Dente y Manuela del Campo. Además la obra cuenta con una banda en vivo que acompaña a la perfección el discurrir de la historia.

Casi Normales cuenta la historia de una familia compuesta por Diana (Conforte), una ama de casa con serios problemas de personalidad que se enfrenta a diario con el mundo de los psiquiatras y las pastillas; Dan (Ruiz), su incondicional y abnegado esposo; Natalie (Del Campo), una hija que trata de ser perfecta pero no encuentra su lugar y sólo piensa en abandonar la casa y Gabriel (Mayer), el hijo mayor que quiere quedarse. En la historia también aparece el psiquiatra de Diana (Chiesa) y el novio de Natalie, un joven que no encuentra su camino (Dente).

Algo ocurre, algo inesperado sucede en la historia que hace que las peores miserias de sus personajes salgan a la luz y se conviertan en un fantasma para todos ellos. La conclusión que deja es que ser "casi normales" es lo normal y que lo perfecto no existe.

Por Ignacio Cattoni

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