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Argentina y una semana clave para intentar destrabar la deuda con los buitres

23 de junio de 2014

Los próximos días serán cruciales para definir si se puede alejar el fantasma de la suspensión de pagos y avanzar en la negociación con los fondos que reclaman el pago de 1.330 millones de dólares.

El equipo económico de la presidenta Cristina Kirchner, estudia distintas alternativas para cumplir con el cien por cien de los acreedores y además cancelar el total de la deuda que reclaman judicialmente aquellos que no se avinieron a los canjes de deuda planteados en 2005 y 2010; los buitres.

Según los diarios porteños, el Gobierno contemplaría poder realizar a estos últimos un pago inicial, a cuenta del total, de entre 300 y 400 millones de dólares, para mostrar la voluntad de cumplimiento, y luego negociar el resto con emisiones de bonos de vencimientos escalonados en años.

La cantidad inicial sería la misma que se les paga con una quita del 65 % a los acreedores que sí entraron en la reestructuración de la deuda, para de esa manera evitar la cláusula RUFO (Rights Upon Future Offers), que da a esos bonistas el derecho a beneficiarse con mejoras a lo ofrecido en el canje que vence en diciembre de 2014.

Por eso el Gobierno argentino tratará esta semana de alargar la negociación con los fondos especulativos y con el juez neoyorquino Thomas Griesa, que falló a favor de ellos, y que exige que Argentina cumpla con la totalidad de los pagos que se le reclaman.

Si el Ejecutivo de la Presidenta lograra estirar a negociación hasta diciembre, en enero de 2015 oficializaría un plan de pagos, con bonos a largo plazo, basado en el mismo modelo del acuerdo alcanzado con la petrolera española Repsol o, recientemente, con el Club de París, según señalan distintos expertos en economía.

En su estrategia de forzar una negociación, el Gobierno argentino utilizó este sábado un espacio pagado en el diario The Wall Street Journal para explicar, bajo el título "Argentina quiere seguir pagando sus deudas pero no la dejan", la postura de las autoridades argentinas respecto a la sentencia del juez Griesa.

Si bien en la primera cadena nacional sobre el tema se habíahablado de "extorsiones", tras varios días de incertidumbre económica, se cambió el tono y el Gobierno reafirmó la voluntad de su Gobierno de pagar a todos los acreedores y pidió que se garantizaran "las condiciones necesarias" para poder negociar "justa y equitativamente".

A lo largo de la semana, el Ejecutivo trató de explicar el origen de la deuda externa que arrastra el país desde la dictadura (1976-1983) y frenar el vaivén de los mercados ante el riesgo de un nuevo "default" (suspensión de pagos).

El ministro de Economía, Axel Kicillof, anunció que propondría un canje de los bonos amparados por la legislación de EE.UU. en manos de acreedores que aceptaron reestructurar, por otros nuevos pero bajo legislación argentina, un planteamiento que Griesa descartó inmediatamente por considerar que "violaría los fallos de la Justicia".

La estrategia era una forma de burlar el fallo de Griesa que complica los desembolsos que Argentina debe hacer a finales de este mes a los acreedores que sí se acogieron a los canjes, ya que incluye las órdenes en igualdad de condiciones, por las que está obligada a pagar de manera simultánea a todos los tenedores de deuda.

Además, los giros de dinero a Estados Unidos que haga Argentina corren el riesgo de ser embargados por solicitud de los litigantes con sentencia a favor.

En estas circunstancias, la próxima semana se convierte en crucial para el Gobierno nacional, que cuenta con el apoyo de políticos de todos los partidos, organizaciones sociales y organismos regionales como el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

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