Corea del Norte le pidió a EE.UU. que levante las sanciones por ciberataque

08 de enero de 2015

El régimen norcoreano volvió a descalificar las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense, a las que calificó de "irracionales" y de una "empedernida hostilidad y repugnancia".

El régimen de Corea del Norte pidió ayer a Estados Unidos que levante las últimas sanciones impuestas al país comunista y volvió a rechazar cualquier vinculación con el ciberataque de Sony del pasado noviembre.

"EE.UU. debería levantar todas las irracionales sanciones impuestas a la República Popular Democrática de Corea en todos los sectores", aseguró la Comisión Nacional de Defensa de Corea del Norte en un comunicado publicado por la agencia estatal KCNA.

El pasado 2 de enero el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, autorizó la imposición de nuevas sanciones contra Corea del Norte en respuesta al ataque sufrido por la compañía Sony, del que Washington responsabiliza al régimen de Pyongyang.

El régimen norcoreano dijo que la respuesta de EEUU está basada en una "empedernida hostilidad y repugnancia" hacia el país comunista y aseguró que la sanciones fueron impuestas "sin ninguna justificación clara".

En este sentido, reclamó a Washington que acepte su oferta para llevar a cabo una investigación conjunta sobre el ciberataque de Sony.

Las recientes sanciones afectan a tres entidades norcoreanas, incluida una agencia de inteligencia gubernamental, y a diez personas que trabajan para esas empresas y para el Gobierno norcoreano.

El Gobierno de EE.UU. reaccionó así al ciberataque sufrido el pasado 24 de noviembre por Sony, que la Casa Blanca atribuye a Corea del Norte y que cree que fue en respuesta a "The Interview", una comedia sobre un complot estadounidense para asesinar al líder norcoreano, Kim Jong-un.

En otro comunicado, un portavoz de la misma Comisión criticó hoy que Corea del Sur haya permitido una campaña de lanzamiento de octavillas de propaganda contra el régimen norcoreano a través de la frontera.

Pyongyang lo calificó como "un acto de confrontación" después de que el líder norcoreano Kim Jong-un en su mensaje de Año Nuevo tendiera la mano a Seúl y propusiera una reunión con la presidenta de Corea del Sur, en lo que se ha interpretado como un gesto de distensión.

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