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El dólar en 2018: el año en el que corrimos otra vez detrás de la divisa verde

28 de diciembre de 2018

El entusiasmo inicial de Macri fue decayendo a medida que la escalada del dólar se le fue de las manos al gobierno de Cambiemos al punto de acudir corriendo al FMI en busca de auxilio. La deriva del dólar marcó el camino desde el "lo peor ya pasó" que dijo marzo al "el año que viene estaremos mejor" de diciembre.

Es un déjà vu que vuelve cada tanto y parece no soltar nunca a los argentinos. Como en tantas otras épocas vivimos este 2018 al ritmo del dólar. Las “pizarras” de las casas de cambio del microcentro recuperaron una vez más un lugar destacado en los canales de noticias y “dólar” ocupó el segundo lugar de las cosas más buscadas en Google este año en Argentina sólo por detrás de “Mundial 2018”.

El curso de la divisa estadounidense siguió un trayecto diametralmente opuesto al entusiasmo cambiemita. Mientras uno seguía un sostenido curso alcista, el otro caía sin freno.

La estrecha relación entre una y otra trayectoria quedó en evidencia en la mutación del del discurso del presidente Mauricio Macri y sus principales socios políticos. El año, según el propio mandatario había comenzado más que prometedor. Pero terminó sin embargo admitiendo ante los representantes de la Conferencia Episcopal Argentina que lo peor todavía está por llegar.

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El 2 de enero hacían falta 18,76 pesos para comprar un dólar. Dos meses más tarde, cuando Macri dijo exultante “lo peor ya pasó” en el marco de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación había que pagar 20,44 pesos. El peso ya se había devaluado un 9%.

El 28 de abril el jefe de Gabinete Marcos Peña aseguró que “no hay una crisis cuando sube un poco el dólar”. La divisa estadounidense ya se negociaba a 21,52 pesos, un 14,71% más que a comienzos de año.

En mayo Macri intentó llevar confianza una vez más a los mercados. “La turbulencia ya está superada” dijo Macri el 16 de mayo y el dólar ya estaba a 28,85 pesos, un 53,78% más que enero. Y todavía faltaba mucho por venir.

En junio el entusiasmo inicial del presidente Macri ya se había convertido en un cúmulo de excusas: "veníamos bien, pero de golpe pasaron cosas".

Ya en junio el entusiasmo inicial había mutado en resignación y en un desesperado intento por patear la pelota afuera y culpar al mundo de los groseros errores propios cometidos por la gestión Macri. “Veníamos bien, pero de golpe pasaron cosas, porque también el mundo está volátil” intentó justificar el mandatario la cada vez más indisimulable crisis económica, social y financiera. Lo dijo el 18 de junio con el dólar a 28,45 pesos.

En mayo Macri ya había anunciado lo que nadie quería oír: la Argentina iba a volver a endeudarse con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y perder así la autonomía de su política económica y monetaria.

La principal socia política de Macri en la Alianza Cambiemos, Elisa Carrió, había dejado en evidencia la gravedad de la crisis y el desconcierto en “el mejor equipo de los últimos 50 años” para capear la tormenta tal como el manual de Jaime Durán Barba indicaba referirse a la crisis. El plan que proponía era tan precario como desolador: "A la clase media le pido que de propina y changas" dijo la inefable lilita el 3 de julio con el dólar a 28,80 pesos.

Ante la creciente crisis en la que derivó el modelo económico de Cambiemos, Carrió propuso una insólita solución: "A la clase media le pido que de propina y changas".

Ya en agosto Macri se había quedado sin letra y trataba de transmitir tranquilidad de la manera más precaria: “No pasa nada, tranquilos” dijo el 14 de agosto y el dólar ya había saltado a 30,71 pesos y la devaluación del peso había llegado al 63,70%.

La confianza comenzaba a desdibujarse y en septiembre llegó a tocar casi los 42 pesos. El mandatario ya se había quedado sin palabras para ese entonces y la Argentina había firmado un acuerdo por un crédito stand by con el FMI, el más abultado de su historia (57 mil millones de dólares), que debió ser renegociado y ampliado apenas un par de meses más tarde luego de que la Argentina incumpliera con casi todos los puntos del acuerdo. A cambio el gobierno de Macri tuvo que aceptar leoninas condiciones que imponían, entre otras cosas, un brutal ajuste de las cuentas públicas en una economía que ya se encontraba en recesión.

Ya muy lejos del entusiasmo demostrado a comienzos de año Macri se animó a vaticinar un nuevo venturoso “segundo semestre” para el año que viene. “Estaremos mejor” dijo en su escueto mensaje de fin de año un Macri que sabe que nada tiene para mostrar en materia económica, financiera, laboral y social en el balance del año. En el primer día hábil tras esas palabras el dólar se disparó otros 46 centavos hasta los 39,48 pesos.

A lo largo de 2018 el peso se devaluó más de un 106% frente al dólar, la mayor devaluación desde la convulsionada salida de la convertibilidad en 2002.

El dólar arrancó el año a 18,76 pesos y lo cerró este viernes a $38,83. La devaluación del peso fue finalmente del 106,98% con su inmediato correlato en la desbandada de la inflación, que terminará este año en torno al 48%, la caída de los salarios reales y jubilaciones y el aumento de la pobreza.

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