#10YearsChallenge: ¿Somos los mismos que hace diez años?

20 de enero de 2019

El desafío que inundó a las redes en los últimos días nos lleva a preguntarnos si existe algo en nuestro ser que sea capaz de resistir a los cambios.

federico mana chapa

¿Qué es lo que nos hace ser quienes somos? Lo que es ¿es estático o permanente? Como se podrá advertir estas preguntas persiguen a la humanidad desde que esta fue capaz de tomar consciencia de sí misma, claro que con el advenimiento de la filosofía se han profundizado cada vez más.

Así pues en este proceso se han propuesto distintas alternativas pero al parecer nunca lograron ser concluyentes. Ahora bien, mientras buscamos fotos del año 2009 en nuestro arcón digital de los recuerdos nos podemos preguntar si ese ser tan extraño y conocido al mismo tiempo que aparece en las imágenes es un reflejo de nosotros o es la sombra de alguien que ya no existe.

Desde ya que situados en un lenguaje cotidiano somos capaces de admitir que no hemos desaparecido si aquí estamos buscando sumarnos a la moda del challenge.

Sin embargo es inevitable observar los cambios acaecidos durante este lapso. ¿Cómo afectan esos cambios en nuestro ser? ¿Lo modifican por completo o sólo superficialmente?

Estas cuestiones han sido abordadas, por supuesto que en otro contexto, por Aristóteles. Fue él quien propuso los dos tipos de cambios que sufren las cosas: accidental y substancial.

Por el primero debemos entender aquellos cambios que no generan una transformación total de la cosa en sí, modificaciones superficiales. Mientras tanto, los substanciales (generación y corrupción) son aquellos que cambian de cuajo el estatuto del ser de las cosas.

Desde este punto de vista, tener otro corte de pelo, más tatuajes, menos peso o cualquier otro cambio respecto a diez años atrás no hace que hayamos dejado de ser quienes somos. Pero ¿qué es lo que permanece en nosotros y garantiza que continuemos siendo?

Si deseamos seguir a Aristóteles debemos sostener que es nuestra esencia lo que nos hace ser. Es interesante observar cómo este concepto se ha arraigado en nuestra sociedad de forma tal que muchos la utilizan con tenor parecido al filósofo griego aún cuando desconozcan su teoría.

La idea de que existe algo en nosotros que es inmodificable y define quiénes somos ha atravesado el tiempo hasta hoy: sea la sustancia, el alma, la mente e incluso la consciencia, el esencialismo aristotélico sigue casi intacto.

De todas formas hubo teorías respecto al ser de los humanos que intentaron salirse de este modelo. Por ejemplo en “el existencialismo es un humanismo” el filósofo francés Jean Paul Sartre sostuvo la idea de que para los humanos la existencia precede a la esencia, es decir, que primero existimos y luego somos ya que esto que somos es el resultado de las elecciones que vamos tomando durante nuestra vida.

No hay algo que permanezca desde nuestro nacimiento ni ninguna esencia predeterminada desde que llegamos al mundo hasta partir, sólo hay condena a ser libre.

Así entonces esa persona que vemos en las fotos de hace diez años puede ser señalada con el mismo nombre por mera convención pero, en realidad, no hay forma que sea la misma porque los diez años de toma de decisiones han hecho que en 2019 hayamos cambiado de manera irreversible.

¿Pero no habremos tomado decisiones en función de un núcleo inmodificable de valores? Es curioso remarcar como “los valores” pretenden instalarse en una lógica del ser estático: hay cosas que cambian pero lo que es, es.

En esta lógica volvemos a los griegos con la disputa entre Heráclito para quien el ser era puro dinamismo y Parménides que pensaba lo contrario. De alguna forma el #10YearsChallenge nos ha devuelto a la misma disputa y nos ha expuesto ante la complejidad de la definición de nuestro ser.

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