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¿Por qué tenemos que ser ordenados?

03 de marzo de 2019

El fenómeno Marie Kondo nos lleva a preguntarnos por qué consideramos al orden como un elemento importante para desarrollar nuestra felicidad.

federico mana chapa

Podemos afirmar que la filosofía nació en la antigua Grecia mediante la pregunta por el orden. El cosmos había emergido del caos, pero hasta la irrupción de Tales de Mileto, las únicas respuestas ante la pregunta acerca de cómo esto había sucedido se sostenían en el mito, en las historias de divinidades. Así pues, los hoy llamados “presocráticos” comenzaron a ensayar teorías que dieran cuenta del origen del todo sin tener que recurrir a la deidad, sosteniendo que el agua, lo ápeiron, el aire o incluso los átomos podían ser la causa original de que el cosmos esté ordenado como está.

Dos mil quinientos años más tarde la pregunta por el origen nos sigue conmoviendo, pero también la cuestión del orden. ¿Por qué este orden y no otro? ¿Cómo puedo ser feliz si no me ordeno? Hoy no tendremos a Tales, Anaxímenes o a Anaximandro pero tenemos a Marie Kondo. La “gurú” del orden se ha transformado en una fuente de sabiduría para todos aquellos que desean llevar armonía a sus hogares y, sobre todo, liberar espacio.

Así pues, luego de leer sus libros, ver sus tutoriales o hacer una maratón de la serie que la tiene como protagonista, podemos llegar a concluir que para tener una vida plena y feliz necesitamos estar ordenados. Pero ¿qué es el orden? Es posible encontrar varios significados para esta palabra, aunque quizás todas versen sobre la misma idea: la concatenación lógica de elementos que generan un sistema coherente y previsible.

Ahora bien ¿el orden es necesario o contingente? Por estas dos categorías queremos reflejar el hecho de que algo sea indispensable e inmodificable o, por el contrario, totalmente azaroso y que, así como sucedió, pudo no haberlo hecho. Ante esta perspectiva es factible observar cómo el concepto de “orden” en toda su amplitud es imposible de catalogar como una u otra cosa. Es decir, el “orden natural” que describe el proceso de nacimiento, vida y muerte de un árbol es inmodificable, si cambia no hay árbol. No obstante el orden alfabético es contingente, así como es “a-b-c” pudo haber sido “p-e-b”.

Ahora bien, dado que el orden instituye una manera de organizar el mundo, es esperable que se convierta en una herramienta de poder y dominación. Toda ideología política establece una forma de organizar la realidad y todo fundamentalismo pretende imponer esa forma mediante la fuerza… No en vano la dictadura militar se autodenominó “proceso de reorganización nacional”.

En este sentido, la noción de “orden y progreso” establece la necesidad de una disciplina de los cuerpos y las mentes para configurar la existencia de una manera lógica y previsible que generará las condiciones de posibilidad para el desarrollo. Pero, una vez más, ¿por qué este orden y no otro? Cuando nos inmiscuimos en el método “konmari” vemos al orden en conexión con la higiene: el espacio puro exterior que facilita el espacio puro interior.

En una época de híper consumo, hacer lugar para poder seguir acumulando cosas pareciera ser un principio ético. ¿Cómo se condice la idea de Kondo de desprendimiento material con la legitimación del capitalismo? Evitando discutir los orígenes de la acumulación permaneciendo sólo en la superficie práctica de asumir que hay cosas que interrumpen nuestra felicidad. De hecho es interesante observar cómo su metodología apela constantemente a la emoción: preguntarnos ante cada objeto si nos despierta o no felicidad como criterio de evaluación.

De esta manera podremos llegar al punto culmen del orden: espacios limpios y aprovechados al máximo. Podemos observar aquí la crítica que el filósofo argentino Rodolfo Kusch hacía respecto a la imposición cultural europea en torno a la pulcritud que confrontaba abiertamente contra el “hedor” latinoamericano. El aprovechamiento de todos los espacios, tener todo correctamente doblado y almacenado, la limpieza hasta el extremo ¿sirven realmente para hacer de nuestra existencia algo mejor? ¿Y si sólo se trata de imponernos un orden de las cosas con fines de adoctrinamiento?

Resulta claramente llamativo el boom de una metodología que plantea hacernos conscientes de cuánto tenemos de más en un contexto de consumo infinito. Pero también llama la atención la deificación de un tipo específico de orden que no se pone en duda ni se cuestiona. ¿Por qué tenemos que ser ordenados? ¿Esta forma de organizar las cosas debe ser universal y válida para todos y todas? ¿Marie Kondo nos ayuda a liberarnos o a cambiar unas cadenas por otras?

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