El que perdona vive más y vive mejor: ¿Qué significa perdonar?

07 de marzo de 2019

Claudio María Domínguez, el conductor de "Hacete cargo" que se emite por C5N, te cuenta las claves para perdonar.

Fácil, muy fácil: el perdón es el único alivio que permitirá seguir adelante. Por eso hay que perdonar y, antes que nada, perdonarse. Pero nosotros como personas, porque el mundo en sí no perdona ni se perdona.

Y si no sabés manejar el perdón en tu propia vida, mucho menos vas a poder dárselo al otro.

Perdonarte es darte cuenta de que todo lo errado que hiciste hasta ahora lo hiciste por ignorancia. Perdonarte es aceptar que quizás sí necesites un cambio, pero que nada de lo que hiciste fue a propósito. Simplemente nadie te había explicado que había otro modo de ir por el mundo tal como estás leyendo acá.

Nadie te dijo jamás qué significaba tener una vida real. Tampoco me lo explicaron a mí. Entonces, ¿cómo podíamos tener una vida gauchita, si vivíamos con parámetros irreales?

Lo primero que podés hacer para dar un paso adelante es decirte: “Ya mismo, amorosamente, me perdono por mi ignorancia. No me voy a flagelar como en las películas. No me voy a rasgar las vestiduras y sangrar para castigarme”. ¡Es absurdo! La división entre el cuerpo y el espíritu no existe: somos esto, un ensamble… ¡y todo perfecto! Es cuestión de decirse: “Gracias a mí y a la vida que llegué hasta acá sano y salvo con mi ignorancia”.

Eso es perdonarse ya mismo y es un paso imprescindible e inteligente.

Ahora bien, para que no haya una contradicción no podés seguir repitiendo los hechos ignorantes del pasado. Todo lo que hice ya está divinamente perdonado, pero no lo podés repetir. Eso sería no haber entendido la telenovela en la que estás inmerso.

El hombre vive repitiendo. Es el único animal que mete el rabo varias veces en el mismo lugar. Si un gatito pasa por un enchufe y se quema no vuelve a pasar jamás por ese mismo sitio.

El hombre, en cambio, si se quema una vez, ¡se mete de nuevo! Se quema nuevamente, desde luego, pero insiste: “No me va a ganar, vamos por tercera vez”. Y sigue así, mil veces. Es decir, el hombre desciende a un nivel casi animal. Mientras que el animal va elevando su comportamiento hasta niveles humanos.

Lo resumo: primero perdonarte por tu ignorancia, pero no vuelvas a meter el pie en la misma trampa porque te vas a volver a dañar.

Perfecto. Una vez que te perdonás por tu ignorancia, es hora de entender que todo es uno y que vos sos igual al otro. Lo que debería levarte, automáticamente, a perdonar la ignorancia del otro. Hasta que no entiendas la unidad, la ignorancia y el adormecimiento de la mente mundana, no te vas a perdonar. Si lográs perdonarte, en este mismo instante vas a decir: “Perdono mis ignorancias en todos mis espejos de esta vida, perdono todas las ignorancias que el mundo reflejó en las distintas formas de mí mismo para que yo recordara mi propia ignorancia”.

Y cuando hayas pasado la etapa del perdón ya vas a ser libre para poder amar. Vas a participar de eso que yo llamo el “viaje de egresados” de este curso. ¡Un lugar –acordate- al que solo llega el 3 por ciento del 3 por ciento!

En este sitio ya no hay que perdonar. Aquel que perdona es porque todavía ve alguna dualidad y una separación con el otro. El que perdona ve distancia, y tiene sensación de superioridad. “Como me hiciste eso, yo te voy a perdonar. Soy muy espiritual, viajé nueve veces a la India y dos al Tibet, y voy por el octavo nivel de reiki, entonces decidí que ahora los voy a perdonar a todos”.

A lo que yo te diría: “¡Cuánto dinero en técnicas para poder perdonar! ¡Si el perdón es gratis y es simple!

Hay otra variante de esta realidad, una que surge asiduamente en los grupos espirituales y que me causa mucha gracia. Varias personas te cuentan acerca de su experiencia con el perdón y mientras hablan les brillan los ojos y babean un poquito. Te dicen: “Yo he llegado a un nivel tan alto que ya los perdoné para siempre”.

Pero en ese momento les brotan unos colmillos brillantes y afilados. Entonces siguen: “Y los he perdonado porque tengo un trabajo espiritual hecho…”. Hasta que llega un instante en que no se pueden contener más y aclaran: “Yo ya los perdoné… La vida los va a castigar”.

No te confundas: esas personas siguen enfermas internamente. Es decir, se lavan las manos. “¡No, no lo voy a clavar, ni a lapidar, pero no voy a evitar que lo hagan otros”. ¡Hasta en lo espiritual somos hipócritas y nos hacemos los educaditos!

Vuelvo sobre lo anterior, entonces: ¿Qué hace ese 3 por ciento de ese 3 por ciento de gente que de verdad entendió? Esas personas ya no lo analizan: “Me jodió, no me jodió”. Antes de perdonar, directamente es mejor ni perdonar. ¿Cómo no perdonar? Sí. Mejor amá.

¡Amá! La persona que perdona se está tomando un tiempo para llegar a su verdad. Si amás, en cambio, todo el perdón siempre necesita de un ego que ha sido herido, y que dice: “Como soy muy espiritual, te voy a perdonar”.

El ser, en cambio, ese que está detrás del velo de las personalidades, directamente ama, no perdona. Es el ego el que perdona.

En relación con este tema surgen también muchas de las consultas que me hacen a diario. Suelen escribirme: “Durante años viví una relación enferma que me hizo muchísimo daño.Mi pareja me hizo cosas terribles y por más que ya no estamos juntos creo que jamás voy a poder perdonarlo, las heridas de esa experiencia no van a sanar jamás y me van a impedir formar una nueva relación”.

En principio, te respondería con una frase bastante poderosa: “Quien no perdona, muere antes y muere mal”. La falta de perdón es la causa de angustia más letal. Sumado a la ira, impide que una vida se llame vida. Te lleva a una mera supervivencia biológica cada vez más deteriorada. Si no perdonás quedás prisionero de vos mismo, de su falsa identificación con tu ego herido. Esa incapacidad para perdonar convierte tu vida en un camino depresivo, disminuye tu capacidad de goce y te opaca. Si acumulás dolor, lo convertís en enojo constante.

Te transformás en una especie de sombra. Y nada de eso se parece a una vida bien vivida. A la vida feliz que de verdad te merecés.

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