¿Para qué sirve el terraplanismo?

Por: Federico Mana
10 de marzo de 2019

El movimiento que defiende la creencia de que la tierra es plana gana publicidad y difusión. Pero ¿por qué alguien querría ir contra todos los principios científicos?

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Dudar de lo que es obvio es un principio básico de la filosofía. Cuestionar lo real, pensar distintas posibilidades y problematizar la existencia es una forma de alcanzar la comprensión del mundo que ha acompañado a la humanidad quizás desde sus albores. Pero ¿toda duda de lo real culmina en un aumento de nuestro conocimiento?

Así pues si concluyéramos que quienes se pueden denominar “filósofos” o “filósofas” son aquellos que sólo se dedican a dudar de lo dado deberíamos concluir que las personas que defienden la idea de que la Tierra es plana son filósofos en todo su derecho. Aún más, si consideramos a los y las científicas como aquellos que persiguen la verdad problematizando lo real, también entrarían en este grupo los “terraplanistas”.

Ahora bien ¿les caben estas denominaciones a quienes niegan toda la evidencia que demuestra la forma esférica de nuestro planeta? Claramente no ya que si bien en su origen existe la intención de la duda por lo obvio, lo que sigue luego de ese punto inicial no es una apertura al conocimiento sino más bien un dogmatismo que invierte la forma de alcanzar el saber: en vez de iniciar con preguntas que den lugar a experimentos que las respondan, inician con las respuestas definidas buscando experiencias que las confirmen.

Por lo tanto ¿es una actitud filosófica dudar de aquello que está sostenido por infinidad de pruebas? Sin embargo, más allá de intentar catalogar a quienes defienden la creencia de que la Tierra es plana como científicos fallidos, lo que más impacta en la sociedad es la pregunta al respecto de por qué puede existir este movimiento y cómo es que aumenta el número de gente que se une a él. Tal vez las respuestas a estas preguntas las podemos encontrar en un solo libro: “El péndulo de Foucault” de Umberto Eco.

Las ironías de la vida quisieron que un libro que lleva por nombre al elemento que demuestra la rotación terrestre sea una obra literaria que, mediante la sátira, explica la pulsión humana de creer en teorías conspirativas y sociedades secretas. ¿Por qué desde hace cientos de años hubo personas decididas a creer en conspiraciones mundiales? Podríamos señalar dos motivos que surgen de la obra de Eco: por la necesidad de pertenencia y por el deseo de complejidad.

Si observamos detenidamente nuestro mundo y nuestras relaciones sociales podremos percibir cómo nos ignoramos los unos a los otros, cómo nos aislamos cada vez más de los demás. La soledad y la sensación de no importarle a nadie son experiencias que todos de una u otra forma hemos experimentado. ¿Cómo no sentirnos atraídos entonces por esos grupos que nos manifiestan interés y nos dan un lugar de importancia? Ser excluido de una sociedad implica un nivel de violencia simbólico que deja a los sujetos en un estado de vulnerabilidad patente que de alguna forma se intenta resolver.

De esta manera no es difícil pensar que si en estas condiciones uno encuentra un lugar de reconocimiento y valoración aún a costas de tener que ignorar todos los postulados astronómicos se entregará en cuerpo y alma. Pertenecer a un grupo que se autodenomina anti-sistema otorga la posibilidad de compartir símbolos, lenguaje y afectos, pese a que ello signifique aislarse más de los que no piensen igual.

Asimismo la teoría conspirativa posee una atracción difícil de negar: la promesa de ser protagonista de la historia. Veámoslo de esta forma: aceptar la verdad de la forma esférica del planeta implica sumarse pasivamente a una teoría confirmada por otros y que la gran mayoría acepta sin miramientos. Ahora, señalar que todos están equivocados, que hay una conspiración entre la NASA, el Vaticano y “el nuevo orden mundial” pone a las personas como protagonistas, como únicos poseedores de una “verdad” que pocos pueden alcanzar por lo que deben luchar contra los grandes poderes fácticos del mundo… Y claro, por el enemigo también se define uno.

En consecuencia, aceptar lo “simple” de la esfericidad de la Tierra acaba con nuestras pretensiones de complejidad. En cambio, construir pseudo-teorías que incluyan engaños astronómicos y saberes supuestamente ocultos otorga una presunción de trascendencia a la vida y si, además, con la defensa de esto se gana en reconocimiento (y también dinero para varios) la ecuación resulta totalmente tentadora aún cuando para ello haya que renegar de la verdad.

Así el terraplanista no sólo puede definirse como alguien que defiende una creencia demostrada como falsa sino más bien como alguien que la sociedad no ha sabido cobijar y que pretende resolver su dilema existencial a través de la confusión. Por ende que el terraplanismo sirva para incluir a aquellos que el resto excluyó no sólo habla mal de los que no pueden asumir la esfericidad del mundo.

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