La importancia del contexto a la hora de comunicar

30 de marzo de 2019

¿Cuál es el colmo de quien pronuncia un discurso en el marco de un Congreso Internacional de la Lengua Española? Cometer un error gramatical o confundir el nombre de uno de los más importantes escritores de habla hispana.

Según la RAE, cuando algo es "el colmo", "ha llegado a tal punto que razonablemente no se puede superar".

La palabra procede del vocablo latino cumŭlus, y suele emplearse para nombrar a aquello que "sobresale de los límites del recipiente que lo contiene". Se trata de la frontera entre lo racional y lo irracional. Entre lo real y lo irreal. "No puede ser" o "no te creo" es nuestra típica respuesta a cualquier anécdota que nos lleve a ese lugar. Al de la orilla difusa entre lo cierto y lo disparatado.

El "colmo" refiere a lo absurdo. Y lo absurdo, nos hace reir: la comicidad está dada por la incoherencia de la escena. El humor absurdo combina elementos desencajados del contexto con personajes o información que responden al sentido común. Los hermanos Marx, el grupo Monty Python o Peter Capussoto y sus videos son algunos ejemplos de lo que este tipo de humor puede despertar en nosotros.

Pero lo absurdo puede también angustiar. Tanto para la filosofía existencialista como para el "teatro del absurdo" inspirada en ella, el absurdo desnuda la trágica incompatibilidad entre el hombre -que busca orden y sentido- y, como diría Albert Camus, "el silencio del universo", que no nos ofrece ni uno ni otro. Según este pensamiento, lo que angustia es la pequeñez humana en un mundo sin sentido y sin respuestas.

Con lo anterior quiero decir que lo absurdo puede hacer reir, pero al mismo tiempo puede incomodar. Lo que se sale de los límites de lo posible es angustiante, porque se aleja de nuestra capacidad de comprender. Es por ello que como audiencia, nos suceden dos cosas ante un hecho absurdo: en primer lugar, la risa, en segundo lugar, la intranquilidad.

Una primera reacción espontánea da paso a otra un tanto más reflexiva. Los furcios, al ser públicos, nos hacen reir. Pero la risa que nace de una situación absurda, puede también generar malestar cuando se choca con el contexto y es leida en clave política. Lo que les pasó al presidente argentino y al rey español no pasa desapecibido porque sucedió en un evento que tiene como protagonista a la lengua española. Es por eso que el hecho activa toda clase de reflexiones acerca de la capacidad y mérito de quienes ejercen la función de representar a muchos otros.

La comunicación de gobierno debe inspirar confianza y brindar certeza. No solo debe ser sensible y empática: también debe transmitir pericia. Para ello, es imprescindible recordar que el discurso no está nunca desprovisto de contexto, y que en reiteradas oportunidades es el entorno el que fortalece o debilita la idea que resulta esencial transmitir.

Victoria Álvarez es politóloga y consultora en comunicación

Temas