Claudio María Domínguez te recuerda que nacimos para ser felices

03 de mayo de 2019

En momentos de angustia y preocupación, el conductor de "Hacete Cargo" por C5N visualiza los datos que necesitás para recuperar la alegría y le pone su firma como siempre a todo.

Amigos del alma, amigos del corazón… Gracias por querer crecer juntos, gracias por la búsqueda de lo real y gracias por querer -quizás por primera vez- tener una vida más genuina. No una vida hipócrita, no irnos del planeta sin haber disfrutado la búsqueda de la verdad y la puesta en práctica de esa verdad.

Ese es el gran desafío. Cómo poder entender en este momento no solo intelectualmente lo que es un cambio de vida sino vivirlo hoy mismo, esta noche antes de dormir.

Y si te despertás a la mañana en estado de plenitud… ¿Cómo podés crear el día, como podés visualizar y sostener esa imagen en el tiempo?. ¿Cómo podés tener coherencia de querer algo pero al otro día no cambiar de opinión? Si uno cambia de ideas todo el tiempo, el universo no entiende y no recibe una orden clara de la frecuencia que estás emitiendo.

Entonces: ¿Cómo podés ser el creador genuino de una vida bella, de una vida sana, de una vida heroica, de una vida que no dependa más de las situaciones en el mundo exterior y de los otros personajes de la telenovela para tener un día que valga la pena?

Hay que dejar de ser la víctima permanente. ¿Por qué me han hecho eso? ¿Por qué mis padres? ¿Por qué la adopción? ¿Por qué la enfermedad? ¿Por qué mis ex parejas? ¿Por qué repito la historia y ahora veo que mi hijo también la repite? Esa es la víctima eterna.

Tenés que lograr ser el rey y no el mendigo de tu vida. Ser el protagonista de la película, el héroe de tu historia de amor, dejar de ser actor secundario y triste de la película ajena. Basta de “lo que me hizo y lo que no me hizo, lo que me pudo haber hecho y finalmente no fue”. Esa es la mente que nos te sigue haciendo estar pendiente de lo que los demás decidan hacer según su evolución espiritual que además puede ser muy poca.

Si alguien te dijera a la noche: “¿Cómo fue tu día? ¿Tuviste un día de grandeza, de gloria o tuviste un día de miserias palaciegas, negociando el día a día? ¿Tuviste que pelear tu derecho a vivir, tuviste que recibir un accionar del otro para ver si vos más o menos te mantenías en tu eje o te descontrolaste o te desbocaste varias veces?”

¿Estás siendo el dueño de tu vida o seguís dependiendo de las llaves y las cerraduras ajenas? Si te encerraras en vos mismo, ¿podrías ver los tesoros que no te es fácil descubrir cuando seguís esperando que los demás te cuenten a vos tus propios tesoros? Y vos ves que los demás lo único que hacen es hablar de sus “tesoritos” y “maravillas”. Entonces vos decís ¿Dónde está mi gratificación? ¿Dónde está la devolución aún de lo bueno que yo hago? Y sigue esa cadena de aislamiento, soledad, desazón, que después se convierte en rencor, resentimiento y reproche. Más soledad, más aislamiento emocional, y la hormona de la muerte que es la que destruye el sistema inmunológico y te lleva rápido.

¡¿Eso o ser feliz? Parece simple y al mismo tiempo tan difícil. ¿Que elegis?

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