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Insólito sommelier: su fanatismo lo llevó a ser el primer "catador de alfajores" del país

04 de mayo de 2019

Está en contra del "gourmetismo" que se le aplica a otros manjares, como el vino, y rescata el trasfondo emotivo y la originalidad de la gran golosina nacional.

Facundo CalabrInsólito sommelier: su fanatismo lo llevó a ser el primer "catador de alfajores" del paísó, de 22 años, empezó su blog sobre el "alfajor perdido" en septiembre de 2016, pero tras convertirse en tendencia en Twitter con el mote de "catador de alfajores" adoptó esa identidad y se adueñó del personaje. O casi.

"Podemos charlar pero esperá que termino de masticar un gajo de pomelo. Básicamente en mi dieta cotidiana los alfajores son la excepción más que la norma", reveló de entrada el muchacho en una charla con minutouno.com justamente en medio de la "semana del alfajor" que transcurre del 1 al 7 de mayo.

Además de probar alfajores, Calabró es locutor, estudia Letras y trabaja como community manager. La facilidad para la palabra le vino muy bien para desarrollar una terminología para describir su experiencia con cada alfajor.

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"Si el alfajor tiene una galleta trivial no me interesa porque la verdad es que hay muchos sabores esterotipados al ser un producto industrial. Yo lo que trato de identificar es lo que se desvía de la norma", explicó el catador.

Vale aclarar que esa originalidad no incluye tanto a la creatividad de ponerle Fernet al relleno como a cambiar el dulce de leche repostero por uno más suave o a variar la cobertura de chocolate para lograr el "crujido" del primer bocado.

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Habrá que debatir los límites entre la experimentación y el sacrilegio.

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Lo que seguro no incluye es usar las famosas galletitas de chocolate bien negro y otras golosinas para hacer un Frankenstein empalagoso. "Es atroz y un poco cipayo", consideró Calabró.

"Hablo de tomar, por ejemplo, el marplatense o el santafesino y de encontrarle una vuelta para que haya algo de particular", explicó Calabró, quien respeta "la tradición" de comer el alfajor entero para hacer una "micro cronología de la mordida".

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"Lo que más me divierte es inventar términos o aplicar términos que vienen de otra parte a los alfajores. Trato de hacerlo concientemente pero me gusta el efecto humorístico", admitió, y se nota en la hiperbole de sus publicaciones de Twitter e Instagram, donde tiene más de 13 mil seguidores.

Cada vez con el paladar más "achetado" por probar marcas de lujo como Cachafaz o Havanna, Calabró se definió "en contra de la mistificación del gourmetismo" que podría marginar a clásicos populares como Capitán del Espacio.

"Lo que pasa con el Capitán del Espacio es uno de los fenómenos que más me apasionan. Me interesan muchísimo las manifestaciones de sentimentalidad que tiene a su alrededor", aseguró. Algún día se le cumplirá el sueño de entrar a la fábrica de ese alfajor, en Quilmes.

Mientras tanto el catador visitó el interior del país para probar más variedades de aljafores tradicionales. Por ejemplo fue a Córdoba para conocer los alfajores rellenos de dulces de fruta a sabiendas de que los Altas Cumbres que se consiguen en los kioskos porteños son "for export o para el turismo" y no le hacen justicia a la gastronomía de esa provincia.

Su estilo favorito por estos días es el santafesino de galleta "más rústica, seca, salada e incluso más insípida que con el dulce hace un contraste más interesante que el marplatense, que tiene mucha azúcar". También aprendió a apreciar el relleno de dulce de cayote que se disfruta en Salta.

"Me gustan mucho los sabores tradicionales porque me parece que son conceptos más simples pero más claros y el relleno resalta mucho más gracias al contraste. En el marplatense se perdió cierta simplicidad", convino Calabró, que está muy en contra de los "adefesios" como el "alfawaffle" de la marca uruguaya Punta Ballenas.

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Los colegas de @alfajoresdeluruguay informan que del otro lado del charco --donde hay más necesidad de glucosa-- inventaron el ALFAWAFFLE. No sé qué pensar.

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"En realidad es como una Rhodesia", resolvió Calabró sobre el intento marketinero de unir el alfajor criollo con el waffle europeo.

Como catador con paladar "achetado" puede que Calabró trate con dureza a los alfajores económicos, que "en buen estado tiene un buen dulce de leche en una buena cantidad" pero que "por una cuestión de costos tienen un baño de repostería que es incomible y linda con lo no digerible".

Para Calabró "el éxito global nacional del alfajor, y el arraigo que tiene, está vinculado con que el mercado sea tan grande y tenga una opción para todos los consumidores".

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