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La Ciudad en monopatín

20 de mayo de 2019

La Legislatura porteña reguló el uso de Dispositivos de Movilidad Personal que en breve se harán masivos.

Por Hernán Rossi

La Legislatura Porteña reguló el uso en la ciudad de los Dispositivos de Movilidad Personal, más conocidos como “monopatín”. Celebro que los legisladores se hayan ocupado del tema ya que es cuestión de meses para que el mercado local se vea inundado de estos artefactos que seguramente se convertirán en una nueva modalidad en las variadas formas de movernos que tenemos las porteñas y porteños y que, en mi opinión, son siempre bienvenidas en la medida en que se regulen.

En verdad Buenos Aires llega tarde a esta innovación, ya que los monopatines son bastante comunes desde hace un tiempo en importantes ciudades del globo. Aprender de cómo éstas los han incorporado puede ser muy útil para evitar un mal uso, tanto desde el punto de vista de la seguridad personal de quienes los utilizan y de terceros, así como de otras cuestiones colaterales como su impacto en el mercado de trabajo. Sobre este último punto es posible que el proyecto aprobado se haya quedado corto, probablemente porque el Ejecutivo y los legisladores lo hayan considerado en espíritu más como un dispositivo personal que como una nueva modalidad de transporte (aunque el proyecto en sí sea precisamente una modificación al Código de Tránsito y Transporte).

Pero esto no es lo que ocurre en el mundo donde empresas ya lo ofrecen para su utilización masiva mediante la utilización de apps que permiten que los mismos sean descartados por los usuarios luego de haberse transportado y queden disponibles para ser reutilizados por otros usuarios mientras tengan baterías. Pero además contemplan que, al depositarlos en los lugares establecidos para su recarga (es decir, si decidís no abandonarlo en la calle), exista una recompensa económica en más tiempo de uso en tu tarjeta ¡o hasta en dinero en efectivo! Ello me hizo acordar de esa excelente película La Terminal cuando el protagonista se ocupa de recolectar los carritos abandonados para subsistir con la recompensa que recibía por dejarlo en su lugar.

Es decir que no es extravagante imaginar que en pocos meses Buenos Aires esté no solo inundado de “monopatines”, sino también de “recolectores urbanos de monopatines” como nueva modalidad laboral que, si nada hacemos, será precarizada.

No es para alarmarse, pero sí para ocuparse. Nuestras ciudades están cambiando y lo seguirán haciendo al ritmo de los avances tecnológicos que permitan energías más limpias y formas de vida orientadas a una mejor utilización de nuestro tiempo. Pero como todo, es preciso hacerlo en el marco de reglas que tengan a la convivencia como su norte.

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