No es amor: el trabajo "invisible" que hacemos las mujeres

09 de junio de 2019

"La economía del cuidado" y las tareas que habitualmente recaen en las mujeres constituyen una "segunda jornada laboral". Los debates que se vienen.

En tiempos donde el movimiento de mujeres y el feminismo se consolida como un actor emergente que protagoniza profundos debates culturales, políticos y sociales, algunos temas asoman como necesarios, no solo para ser expuestos, sino para ser pensados en términos de líneas de acción concretas que permitan transformarlos. Uno de ellos es la "economía del cuidado", ese aporte económico que las mujeres hacemos a la sociedad todos los días con las tareas de cuidado de nuestras hijas, hijos y personas mayores, una labor que hasta el momento no es socialmente reconocida ni remunerada.

Y es que este reparto desigual de las tareas de cuidado que históricamente recaen sobre las mujeres se transforma en una verdadera "segunda jornada laboral" que sobrecarga y obstaculiza el pleno desarrollo profesional. Esa injusticia, tan doméstica y naturalizada, termina dando lugar y siendo base de nuevas desigualdadades. No es casual que, según datos del Indec, 7 de cada 10 personas del sector de menores ingresos de la sociedad sea mujer, mientras que en el grupo poblacional con mayores ingresos la tendencia se invierta. Tampoco que las mujeres -en promedio- tengamos un mayor nivel profesional que los varones, pero seamos minoría en los puestos jerárquicos. Mucho menos la brecha salarial que nos sea desfavorable hasta en un 30%, ni que los trabajos "feminizados" como la docencia y la enfermería tengan salarios postergados con respecto a aquellos con mayoría masculina.

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<p>Caro Brendariz, secretaria de Géneros de la UTE</p>

Caro Brendariz, secretaria de Géneros de la UTE

Bajo la consigna "No es amor, es trabajo no pago", desde el feminismo hace tiempo se busca visibilizar esta problemática, aunque todavía queda pendiente pensar herramientas concretas para revertirlo y cómo pueden ser instrumentadas. ¿Cuál es el camino para hacerlo? Por un lado, contar con políticas públicas desde el Estado para erradicar las discriminaciones de género en el mercado laboral. Por el otro, visibilizar, democratizar y valorizar las tareas de cuidado, esas que no pueden ser reemplazadas por la tecnología y cada vez son más necesarias por la longevidad de la población.

Algunos pasos ya fueron dados para avanzar en esta valoración. Por ejemplo las moratorias previsionales que permitieron a miles de amas de casa acceder al beneficio, después de años de ocuparse de tareas domésticas o haber trabajado en la informalidad, una iniciativa que hoy parece condenada a desaparecer. Otros siguen siendo letra muerta en el papel, como el establecimiento de salas maternales y guarderías que figura en la Ley de Contrato de Trabajo, que en la inmensa mayoría de los casos no se cumple. Tampoco se cumple la Ley de Cuidados Compartidos que logramos que se apruebe en la Ciudad de Buenos Aires. La norma se basa en un conjunto de licencias que incluye la licencia parental y la licencia para personas no gestantes. Este primer paso permite formalizar en los convenios colectivos de trabajo del sector público de la Ciudad que no solamente las mujeres cuidamos, sino que los varones pueden y deben compartir esta tarea. Que esto se cumpla y que en poco tiempo se extienda al ámbito privado es una tarea fundamental.

Cómo se mide el valor que tiene esta tarea, cómo se puede integrar a estructuras laborales y sindicales vigentes y cómo se logra expresarlas en políticas públicas a lo largo del tiempo serán los ejes de las nuevas discusiones que vendrán. Estar a la altura del de esta demanda de nuestro tiempo será una condición indispensable para acercarnos a esa sociedad más justa que queremos.

*Caro Brandariz es docente, socióloga, dirigente del Movimiento Evita y secretaria de Géneros de la UTE.