-

Brasil decime qué se siente

28 de junio de 2019

Por Vito Amalfitano (@VitoMundial)

Es el partido más importante que me va a tocar jugar; sinceramente siempre soñé con esto”, confesó Lautaro Martínez ante una consulta puntual de minutouno.com en la conferencia previa al partido ante Venezuela. Y fue el partido de su vida nomás. Aunque tal vez sólo por unas horas. Ya el encuentro más trascendente de su carrera es el del martes que viene a las 21.30, el clásico del fútbol mundial ante Brasil, en Belo Horizonte.

Lautaro fue determinante para el pase de Argentina a la semifinal soñada. A los 10’ ya cumplió con el vaticinio compartido con el cronista, el de una noche especial y única para él. Con un taco tan rápido como exquisito abrió el camino de la victoria de la Selección tras la búsqueda de Agûero posterior al córner de Messi.

Pero Lautaro fue más que el gol. Le puso una marcha más al ataque de la Selección y le cambió el ritmo. O más bien marcó los tiempos de la búsqueda ofensiva del equipo. Tanto que Messi se convirtió tan sólo en un mero acompañante. Aunque nunca hay que dejar de considerar que un “partenaire” como Lio es fundamental para arrastrar marcas y generar espacios, aun con escasa participación en el juego.

Los arranques por el centro del jugador de Inter le dieron repentización a la Argentina. Lautaro demostró una vez más que es un delantero de primerísimo nivel mundial, y cada vez menos se entiende que no haya tenido una suerte de rodaje previo en el Mundial, que le hayan negado esa posibilidad.

Acuña y De Paul, en tanto, se mostraron como buenas alternativas de pase en el primer tiempo. Siempre con Leandro Paredes como el jugador más claro de la Selección en esta Copa, parado como eje en el medio campo.

Casi nunca, sin embargo, la Selección logró sostener ni el dominio ni la tenencia de la pelota. Por eso sufrió demasiado en el segundo tiempo.

Más cuando ingresó Soteldo Martínez, apareció Hernández Pimentel (Armani le tapó un mano a mano con destino de gol) y creció toda Venezuela.

No hay funcionamiento ni talento colectivo como para hacerse grandes ilusiones, pero un clásico siempre es un partido aparte. Y con Lautaro encendido, el criterio de Paredes y un Agüero más determinante (participó en los dos goles), si Messi surgiera en toda su dimensión justo ahora, Brasil también podría sentir el rigor contra la Argentina. Por lo pronto, en el Maracaná volvió a escucharse bien fuerte el “Brasil, decime qué se siente” del Mundial 2014.

Brasil sufrió la vergüenza más grande de su historia en una semifinal en Belo Horizonte. El 1-7 ante Alemania tanto se siente aún que los “torcedores” ni se animan a celebrar los avances en esta Copa. Resulta raro que en una cultura que se aferra mucho a las supersticiones, los dirigentes del fútbol, del país organizador, no hayan previsto evitar, en la programación, que un Brasil primero de grupo terminara jugando inevitablemente otra semifinal en el fatídico Mineirao. Justo en la tierra de la desgracia mayor. Contra Argentina puede ser una revancha consuelo o una nueva humillación. Sobre todo si hay Lío. Habrá que ver qué se siente.

Temas