-

-

-

Fuera de tiempo y lugar: la aberrante viñeta transodiante de Fernando Sendra

27 de julio de 2019

En la última página de un matutino pasó, como uno más, un contenido discriminatorio que reproduce y profundiza los prejuicios sobre uno de los colectivos más postergados de la sociedad.

"Doctor, las mujeres me asustan", cuenta un paciente dibujado por el historietista Fernando Sendra. El que responde no sería doctor sino licenciado ya que todo aparenta ser el diván de un consultorio psicológico. "¿Siempre?", pregunta el estudioso de Freud y Lacan. "¡No! ¡Sólo cuando tienen pito", remata el intento de "chiste" que bien pudo causar gracia hace diez, veinte o treinta años cuando las reivindicaciones de los derechos de los colectivos LGBTQ eran un anhelo lejano en las primeras marchas del orgullo gay organizadas por Carlos Jauregui y la Comunidad Homosexual Argentina.

¿Es esto un "chiste"? "Chiste", según la Real Academia Española, es “dicho u ocurrencia, agudo o gracioso que encierra un doble sentido, una burla o idea disparatada”. Sin embargo, las humoradas son una forma de construir sentido y, por consiguiente, ideología. Incluso se utilizan como recursos coloquiales para definir que es legítimo o aceptable y que no. En el humor popular abundan los ejemplos de burlas hacia personas con discapacidad, hacia los migrantes, las prostitutas, los negros, las mujeres y las personas trans.

Al parecer, el histórico humorista de Clarín apela a estos recursos lingüísticos para representar la manera en que el imaginario social concibe y “admite” a las disidencias. Adoptando una postura que reduce a las personas a los rasgos de la genitalidad y a la vez legitima el “pánico moral” que no es otra cosa que una de las expresiones de la estigmatización social.

Al respecto, la psicóloga social y activista trans Marlene Wayar, dijo a minutouno.comque “es innecesario el llamado al odio". "

"Es muy incomprensible. Nos asustan cosas inesperadas, un ruido un flash, algo inesperado. Es una incongruencia, no hay mujeres con pito. Podrían ser mujeres trans. Sendra está terriblemente atraído por los pitos”
, arremetió la autora del libro “Travesti, una teoría lo suficientemente buena”.

La Lucha LGBTIQ se ha expandido y no solo pretende interpelar al Estado sino que también intenta desmontar aquellas expresiones paródicas que fueron siempre aclamadas.

“Me hace acordar a un fanzine que escribió una mujer trans negra estadounidense. Ella dice que esa estigmatización redunda en una doble estigmatización hacia nosotras. Es una complicidad que se le impone a la masculinidad para ser parte de la masculinidad”, dijo Quimey Ramos, docente y activista trans, a este medio.

La evidente posición intelectual transfóbica de Sendra saca a relucir la razón por la cual seis de cada diez adolescentes trans abandonan la escuela secundaria por ser discriminadas de manera sistemática. Incluso desentierra el motivo por el que durante los primeros 40 días del año hubo diez ataques de odio, dos travesticidios y catorce travesticidios sociales.

Se trata de travestis y trans que murieron a causa de la exclusión social. Los datos son de la Fundación Huésped, aquella en la que trabajó hasta el cansancio otro Jauregui, Roberto, luchando contra el SIDA que golpeaba con fuerza a esta minoría.

Aún luego del reconocimiento legal del derecho a la identidad de género, las personas trans siguen siendo marginadas de los ámbitos laborales, de la salud, de la educación, y demás exclusiones que tienen como resultado que el promedio de vida sea de 35 a 40 años.

“Me enoja saber que eso enfurece a mis compañeras, que tienen que soportar por una pizca de amor a los chongos que no tienen espacio donde desandar estas represiones”, observa Quimey en referencia al comic publicado el domingo pasado.

Un documento elaborado por la Fundación Huésped junto con la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina (ATTTA) expresa que el trabajo sexual sigue siendo la salida laboral más frecuente para las identidades femeninas; así como al 52.2% de las personas trans les niegan la posibilidad de acceder a un trabajo registrado y sólo una de cada diez adquiere aportes jubilatorios.

Las personas que no responden al binarismo de género fueron históricamente marginadas, hostigadas e invisibilizadas; aún siguen siendo destinatarias directas de las manifestaciones más exacerbadas de la dominación.

A propósito, Quimey concluye: “Nos creemos merecedoras de la vergüenza que portamos creyendo que esa vergüenza es nuestra esencia, que nuestro pene nos pone en riesgo. Siempre desde una mirada cis nosotras terminamos adjudicándonos las razones de la violencia a nosotras mismas”.

"Mujeres con pito", les diría el caricaturista a modo de estigmatizarlas aún más. La situación de esta minoría que padece el escarnio de un sector de la sociedad no merece ni admite ningún tipo de "chiste".

Temas