Claudio María Domínguez: "¿Te atrevés a amar?"

14 de septiembre de 2019

Si te fumaste que no te dieran bola, terminaste roto e hiciste humildemente un reclamo que tomaron por ridículo, el conductor de "Hacete cargo" te convoca a una reunión con una muy necesaria autocrítica.

Una vez Sai Baba me dijo: “Yo veo a Sai Baba en cada cuerpo y en cada forma que veo, en este momento me veo a mi mismo en TU propio cuerpo, por eso me disfruto y me amo aún más en cada hermano de la creación”.

Todo cierra en forma tan clara, el otro no sólo es un maestro, puede ser una fuente inagotable de amor, y de aprendizaje de la unidad en la diversidad.

Estamos despertando al estado que es nuestra verdad, ese amor que sana, ayuda, eleva, redime, completa, purifica, es u tesoro amar así, y expresarlo, sentirlo, compartirlo.

Ayudémonos uno al otro a recordar cuando nos estamos olvidando, y la mente parece dominarnos, estemos ahí, con amor, uno para el otro, nos lo recordamos con dulzura, con humor, con alegría.

Nos importa tanto el otro, porque simplemente el otro somos nosotros, no hay más diferencia cuando se sabe, y ahora lo sabemos, algunos tardamos más tiempo en comprender esto, y otros tienen la bendición de saberlo antes, que buena decisión haber venido al planeta , aparentemente separados, para volver a unirnos de este modo, en el amor que somos.

Miren el planeta, la gente no se ama, no lo sabe, no puede, cuando cree que se ama lo hace desde la mente, desde el ego, y son amores efímeros, con su consiguiente dosis de auto-destrucción, porque cuando uno daña al otro, eso sólo vuelve sobre uno mismo, porque somos ese otro, el otro es nosotros.

No seamos nunca más parte de ese juego amnésico del planeta que sigue sin comprender la verdad, viviendo distintos estadíos de mentira y sufrimiento.

Claudio María Domínguez
Claudio María Domínguez
Claudio María Domínguez

Cada vez que venga un pequeño sufrimiento a nuestras vidas es sólo la falta del amor que somos, si nos ponemos a amar enseguida, se va el sufrimiento y entra la dicha, la dicha mayor que todo lo que el mundo en su irrealidad promete.

La dicha del ser, y del amor no se compara nada, todo es pálido ante ella, todo es un mero reflejo de la plenitud que ya hay en nosotros como nuestro derecho y esencia natural.

El mundo es una proyección de la mente, entonces nuestros mundos son tan feos o tan bellos como nuestra mente.

Amigos del alma, manejen sus mentes con el discernimiento más claro, y cuando aun el discernimiento parezca esfumarse un rato, amen, amen, amen, que ya con eso, lo demás es puro cuento.

Todas las personas de nuestra vida son sólo una excusa con nombre y forma para que nos amemos en cada una de las formas de lo que somos, y con nuestra inteligencia superior al menos acá en el planeta, decidimos durante un rato jugar el juego de la separación, la maravilla, es que ya recordamos como unirnos, y podemos hacerlo en este preciso instante.

Las palabras son mínimas al lado del amor que se siente.

Gracias por existir.

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