-

Se inicia una transición compleja entre dos modelos de país

27 de octubre de 2019

Con el resultado de las urnas puesto, empezó una transición compleja que incluye mucho más que el cambio un Gobierno: el cambio de un modelo social, político y económico que intentará invertir la lógica de los últimos cuatro años donde se puso a las decisiones económicas por delante de todas las políticas que deberían haber estado orientadas a desarrollar el país y mejorar la calidad de vida de los argentinos.

Y en esta transición será determinante la actitud de dos funcionarios clave: el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris. Ambos tienen en sus manos la responsabilidad de evitar que esta crisis que se profundizó en el último año y medio hasta provocar la recesión más profunda de las últimas décadas termine en una gran crisis de hiperinflación con las consecuencias sociales que genera.

Embed

El presidente saliente Mauricio Macri fue el responsable político de la corrida cambiaria pos PASO, cuando dio la orden al BCRA de no intervenir en el mercado y permitir una brusca devaluación del peso que originó una nueva escalada inflacionaria. Y fue también el responsable de que las medidas que se tomaron tarde para contener la corrida fueran apenas un pequeño maquillaje sin la profundidad necesaria para garantizar el funcionamiento normal de la economía.

Todo se tomó en función de mejorar las expectativas electorales del oficialismo, para intentar forzar un balotaje y frente a ese fracaso convertirse en líder de una oposición que es muy probable comience a fragmentarse con la ruptura del frente Juntos por el Cambio y el intento del radicalismo de resurgir como partido político con pretensiones de poder.

Lacunza y Sandleris tendrán que tomar desde el primer minuto del lunes las medidas necesarias para garantizar las reservas internacionales del país, frenar la fuga de divisas, controlar el proceso inflacionario y permitir llegar al 10 de diciembre con un país en el mayor grado posible de normalidad institucional para entregar el poder a Alberto Fernández y permitir que pueda llevar adelante el plan que mayoritariamente votaron los argentinos.

Es posible todavía que Macri quiera generar el mayor miedo posible, como lo hizo después de las PASO, para condicionar las políticas que pueda desplegar Fernández desde el primer el mismo 10 de diciembre. Por eso, el reacomodamiento de la oposición y el rol que juegue el radicalismo en el próximo gobierno será fundamental para saber si el nuevo proyecto que se inicia tiene mayores posibilidades de consolidarse políticamente y levantar una barrera electoral a las pretensiones del neoliberalismo de volver a conducir el país, bajo un nuevo disfraz que ya no podrá ser ni el combate a la corrupción ni la defensa de valores institucionales.

Temas