Punto final para la nueva experiencia neoliberal en la Argentina

Por: Catriel Etcheverri
28 de octubre de 2019

El presidente Mauricio Macri intentó convertirse en líder del giro hacia la derecha que experimentó la región en los últimos años y que semanas atrás comenzó a crujir incluso hasta en Chile, faro a seguir por los neoliberales vernáculos.

Cuatro años después de iniciado "el cambio" prometido por el entonces candidato Mauricio Macri llegó a su punto final y dejó al desnudo lo que en 2015 intentó ocultar por todos los medios: sus recetas no implicaban modificación alguna sino un mero regreso a las ya conocidas políticas neoliberales que se implementaron en la década de los '90 y que derivaron en el estallido de 2001.

No había cambio. Apenas una vuelta atrás que incluyó hasta un regreso al Fondo Monetario Internacional (FMI) y ese retorno fue tan vertiginoso que a Macri le bastó un solo período presidencial de 4 años lo que al menemismo le llevó una década: dejar al país al borde del colapso económico y social.

Mauricio Macri con Christine Lagarde
Mauricio Macri con Christine Lagarde
Mauricio Macri con Christine Lagarde

A pesar de ello y del derrumbe de todos los indicadores económicos y sociales, 4 de cada 10 argentinos se inclinaron por su continuidad.

Macri incumplió todas y cada una de sus promesas de campaña de 2015. Sus intentos por instalar que "lo peor ya pasó" chocaron de frente una y otra vez contra la realidad y los tan mentados brotes verdes como la esperanza por un venturoso segundo semestre se convirtieron más temprano que tarde en un horizonte que a cada paso dado para alcanzarlo, se alejaba otros dos.

Todos los indicadores que deja el macrismo son negativos. En cuatro años, multiplicó la pobreza, duplicó la inflación, aumentó el desempleo y volvió a los dos dígitos después de 13 años, endeudó al país a un ritmo vertiginoso y el peso de la deuda pasó de representar el 41% del PBI al 91%, es decir, también duplicaron la deuda externa.

Al mismo tiempo, endureció la represión a las expresiones populares en las calles y glorificó el gatillo fácil como forma de control social. Buscó la desmovilización popular como ariete para hacer pasar el ajuste, pero no lo consiguió. En las calles se frenó la flexibilización laboral y en las calles se volvió a decir Nunca Más para impedir el beneficio del 2x1 a los genocidas. En las calles decenas de miles de mujeres obligaron al Congreso a asumir el debate por la legalización del aborto y al Estado nacional a asumir políticas activas contra la violencia machista.

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Ante la imposibilidad de mostrar resultados positivos y sin margen para edificar una campaña sobre la base de promesas, el presidente Macri intentó en un primer momento mostrarse como un dialoguista y llamó a consensuar 10 puntos de acuerdos básicos. Tras el fracaso de ese intento por recuperar el mando de la agenda política que le había arrebatado la ex presidenta Cristina Kirchner al lograr reunificar el peronismo detrás de la figura de Alberto Fernández, Macri resolvió endurecer su discurso.

Para eso eligió a Miguel Ángel Pichetto como su compañero de fórmula. Macri no dudó en afirmar que de ser reelecto haría lo mismo que había hecho hasta el momento pero más rápido. Enseguida bolsonarizó su discurso y por primera vez abrazó abiertamente el pañuelo celeste que condena todos los años a miles de mujeres a abortar en la clandestinidad y condiciones insalubres que ponen en peligro sus vidas.

Pero una vez más realizó una lectura errónea del mundo que lo rodea. En América latina el breve auge neoliberal comenzaba a crujir. Pero Macri no la vio venir. Las masivas movilizaciones en Ecuador pero principalmente en Chile, el faro que siempre siguieron los liberales de la región dejaron en evidencia los límites de un sistema de consagra la desigualdad y condena a millones de la pobreza. Los vicios del discurso meritocrático quedaron al desnudo frente a los privilegios de la clase dominante.

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Al mismo tiempo Evo Morales en Bolivia resultaba reelecto luego de poder mostrar los mejores indicadores macroeconómicos de la región, mientras Brasil, que transita los momentos previos a la liberación de Luiz Inácio Lula da Silva promete dejar cada vez más en soledad el discurso racista, xenófobo y misógino de Jair Bolsonaro.

Dos modelos de país se pusieron en juego este domingo. Uno de ellos se sostuvo sobre la base de sus propuestas productivas aún con todos sus límites y contradicciones. El otro, sin embargo, quedó claro: creció únicamente merced de la grieta. Y en la grieta intentó mantenerse con vida.

Una y otra vez edificaron su propuesta como contraposición al peronismo. Sin ideas programáticas ni políticas que defender el "que no vuelvan los otros" fue el único eje en torno al cual se construyó Juntos por el Cambio. Una más que magra propuesta frente a las urgencias que pasan en la actualidad millones de argentinos.

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