Poner de pie una nueva política de drogas en Argentina

20 de noviembre de 2019

A partir del 10 de diciembre vamos a vivir un momento de grandes oportunidades para las políticas públicas sobre drogas en Argentina. Entre quienes venimos discutiendo las políticas sobre consumos problemáticos para la próxima etapa sobrevuela un consenso a la hora de pensar los desafíos que tenemos por delante: se trata no sólo de hacer las cosas mejor que en la oscura etapa del macrismo, sino de retomar los aciertos y superar las limitaciones de los años anteriores. De hecho, hay valiosos y numerosos balances que vienen realizando movimientos sociales, organizaciones sindicales y los propios equipos técnicos del Frente de Todos que están esperando una síntesis política para transformarse en políticas públicas de alto impacto y amplia cobertura.

Paralelamente, Alberto Fernández fue dando algunas señales, que por más que sean simbólicas resultan más que relevantes. Por ejemplo, al ponerse la gorra de Brian, lo que está sugiriendo es una nueva relación entre el poder político y el sentido común ligado a la vida de los y las humildes, alejándose de visiones estigmatizantes o criminalizantes. Asimismo, en distintas entrevistas que dio puso de manifiesto una mirada crítica sobre la relación entre el neoliberalismo y el exacerbado individualismo consumista. Ambos gestos iluminan un camino alternativo al actual para abordar la problemática de los consumos de sustancias, dejando atrás el punitivismo y la estigmatización.

En consonancia con esta línea, propongo cinco ejes para pensar un paradigma novedoso en el abordaje sobre el consumo problemático de sustancias.

1) Las 3D: diagnóstico, datos y diálogo. Es necesario que la política pública elabore un diagnóstico, basado en datos empíricos y a partir del diálogo entre todos los actores comprometidos en la temática. El Estado -a través de la SEDRONAR- debe ser el garante del debate basado en el paradigma de los derechos humanos, con perspectiva de género y sujeto al marco normativo establecido por la Ley de Salud Mental.

2) Desmoralizar el consumo. Las políticas públicas deben orientar su práctica en el bienestar personal y comunitario, abandonando la intervención desde juicios morales (tan a mano en los medios masivos de comunicación) que sólo terminan aportando a la revictimización de las personas y a prácticas punitivas inconducentes.

3) Federalismo e interministerialidad. El consumo de sustancias debe ser abordado no sólo desde el plano sanitario, sino también desde lo social, jurídico, educativo, laboral y comunicacional, jerarquizando las políticas para la juventud. Para eso es fundamental integrar a los elementos activos de la sociedad civil y actualizar el Consejo Federal de Drogas (COFEDRO), ampliando su participación.

4) Diferenciar niveles de cobertura. Si bien es necesario incorporar nuevos centros de atención, actualmente existe una capacidad instalada que se encuentra en condiciones de ser integrada, potenciada y coordinada. A su vez, el consumo de drogas no es exclusivo de una clase social, sino que es transversal a toda la sociedad, variando en sus contextos. Esto conlleva la necesidad de segmentar niveles de atención de acuerdo a la complejidad de la problemática.

5) Cuidar a lxs cuidadorxs. Por último, es necesario jerarquizar las tareas de los trabajadores y trabajadoras estatales en pos de regularizar su situación contractual y laboral, a fin de impactar también positivamente en las condiciones de atención.

Hay razones para ser optimistas, pistas para creer que estamos en las puertas de una gestión que tiene la posibilidad de refundar la relación entre la sociedad, el consumo de sustancias y las políticas de Estado.

Ariel Parajon es Licenciado en Ciencia Política (UBA), Coordinador del Colectivo de Reflexión sobre los Consumos y Técnico en abordaje territorial (SEDRONAR)