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La carta de un guardavidas tras el crimen de Fernando: cómo es "la playa del horror" de Villa Gesell

25 de enero de 2020

El hombre relata cómo es un día de su trabajo en el lugar al que asisten jóvenes alcoholizados y drogados, y cómo cambió el escenario tras el asesinato de Fernando.

El crimen de Fernando Báez Sosa tras ser golpeado por una manada de rugbiers en Villa Gesell alertó a autoridades y turistas sobre lo que sucede en la Costa Atlántica y a cuestionarse qué pasa con los jóvenes, los boliches y el consumo desmedido de alcohol.

A raíz de la muerte de Fernando, un guardavida de Gesell publicó una dura carta en Facebook en la cual relató lo que ve día a día en la playa, donde los excesos quedan a la vista y cada verano aumentan los casos de jóvenes que deben ser atendidos por convulsiones, shocks e intoxicación alcohólica.

En la carta, Teb, cuenta que esta es la quinta temporada que trabaja en la denominada “playa del horror”, donde comienza su jornada a las 8 am hasta las 20.

Todos los días tenemos un after en la playa con gente que salió la noche entera, la mayoría alcoholizados y drogados”, relata el guardavida. “Llegar a la casilla y ver gente arriba, tomando, rompiendo e invadiendo nuestro lugar de trabajo y tener que buscar la forma de pedirles que se bajen de buena manera para que nadie se ponga violento con nosotros”, agrega sobre lo que son los primeros minutos de su día laboral en Gesell.

Entonces, relata, “aparecen las manadas de jóvenes con conservadoras cargadas de alcohol. Se escuchan los primeros mega parlantes sonar a todo volumen, se huelen los primeros porros, se ven los primeros "duros" y claro, los que siguen desde temprano "de rola" con la pasti que nunca termina están como un robotito repitiendo un paso que ni ellos ya controlan”.

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En los últimos años, el guardavida menciona que en cuanto a los trabajos de primeros auxilios ya no se trata solo de “un corte, una picadura de aguaviva, una baja de presión” sino que ahora tienen que “limpiar espuma en la boca, atender comas alcholicos, entablillar y trasladar en ambulancia a pibes con signos vitales indescifrables”.

En lo que va de la temporada, en mi sector ya se pidieron más de 5 ambulancias para trasladar gente convulsionando. No es muy difícil la suma: alcohol + droga = cocktail = convulsión”, alerta.

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Además, menciona que las respuestas ante una ayuda brindada son cada vez más violentas y menciona algunas: "Eh! qué me tocas el silbato puto", "yo me meto donde quiero", "bueno para eso estás vos, para que mi hijo no se ahogue", "30 minutos buscándote Mateo (5 años), ¿dónde te metiste tarado?", "eh loco pero quiero sombra, ¿por qué no me puedo meter abajo de la casilla?, que ortiva". "¿Por qué me viniste a buscar? Yo puedo salir solo, soltame (con aliento a un mezcladito de mil horas)".

“Y si, así trabajamos, a veces a las piñas con turistas sobrepasados de excesos, cortando clavos y rogando que nadie convulsione en el mar y se fondee. Esperando que llegue la hora de irme (20hs.) y saber que dejo la playa con una "previa" incontrolable, cargada de peligros y totalmente desprotegida”, finaliza.

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