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Liberalismo: la primera muerte del coronavirus

30 de marzo de 2020

Por Antonio Colicigno y Mauro Brissio.

Toda crisis ofrece una gran oportunidad.
A nosotros, la de poner fin a algunas mentiras que nos han instalado con mucha fuerza en nuestro sentido común, como por ejemplo, la que fue construida durante décadas por la industria de Hollywood de que siempre en cualquier caso de crisis los EEUU se calzan la capa de héroe y salvan al mundo.

Es falso, los EEUU no salvarán al mundo del COVID-19, de hecho se convirtió en el nuevo epicentro. Pero la mayor mentira que queda al descubierto es que la ideología liberal es un cascarón que cuando se lo raspa un poquito se rompe en pedazos quedando al descubierto su dominio en el campo de la cultura.

¿No lo sabía? Claro, quizás usted solo estaba al tanto de que el neoliberalismo es un proyecto económico de transferencia regresiva de los ingresos que le saca el dinero del bolsillo a los que menos tienen para llenar el de los que más tienen, como ya lo sufrimos en estos últimos cuatro años en los que según la Cátedra Unesco el decil más rico de nuestro país concentró el 32% de las riquezas además de que amplió la brecha veintiún veces con respecto a los que menos ganan.

Quizás usted no tuvo en cuenta ―y acá está el reverso de la trama― que el neoliberalismo también es un proyecto cultural que busca, a través de toda su maquinaria de colonización pedagógica, trabajar sobre las subjetividades de las personas.

En este sentido, uno de los mayores logros culturales del neoliberalismo es la de hacernos creer que los pobres son “vagos” que viven gracias a los impuestos que pagan las clases ricas. Siempre es al revés, ellos son los explotados en todas sus formas para que los de arriba gocen de privilegios.

De hecho, en estos días se ha instalado que “los chetos que insultás porque importaron el virus, son los que pagan los impuestos que mantienen los planes sociales”. Es mentira, porque los sectores adinerados viven evadiendo, declarando menos de lo que ganan, fijando residencia en otros países y poniendo testaferros.

Pero los “chetos” a los que nos referimos — y a los que también se refieren desde las redes — no son los trabajadores que se ubican en los sectores medios y que son los primeros en pagar sus impuestos. Los “chetos” son los que viven en esa burbuja de poder en la que la impunidad es moneda corriente.

Siempre son los de abajo los que tienen que pagar la fiesta de los de arriba o, acaso, usted vio alguna vez algún pobre creando una empresa fantasma para llevar sus ilícitas ganancias a paraísos fiscales? Claro que no.

Cuando se termine de escribir la obra y se abra el telón lo que veremos será un nuevo escenario cultural que ha barrido por completo ese modelo económico, que sustentado en la colonización pedagógica, era el que beneficiaba a los sectores privilegiados, al libremercado y justificaba la mínima intervención del Estado.

Nuestro sagaz lector se preguntará por qué ocurrirá ésto. Es que el primer muerto de infección por El COVID-19 fue la ideología liberal. Lo que estamos viendo, no solo en nuestro país, sino en todo el planeta, es que el Estado está saliendo de la trampa del mercado.

Después de casi 230 años, la ideología impulsada de la mano de la revolución burguesa ha caído tendida a los pies del Coronavirus. Este es ese momento bisagra en que se comprendió que las libertades individuales dejaron de estar por encima de los intereses colectivos.

Hoy la población le está rezando más al Estado que a Dios, el keynesianismo de guerra está combatiendo en las trincheras mientras los liberales se dieron cuenta que su discurso era solo de cotillón porque cuando las papas queman — como en este caso— solo los nacionalismos de inclusión de los postergados de la historia podrán salvarnos.

La ley de gravedad se invertirá y se comenzará a derramar de abajo hacia arriba, los que estaban acostumbrados a llevarse la tajada más grande ya no podrán hacerlo y sus privilegios de clase habrán desaparecido.

Ésta es la gran oportunidad que nos ofrece la pandemia.