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Caos en cuarentena: el fin del aislamiento "romántico"

Por: Nadia Barreiro
05 de abril de 2020

El conflicto en los bancos, con jubilados agolpados haciendo largas filas, puso en jaque la noción ideal del "quedate en casa". ¿Es cierto que los esfuerzos hechos no sirvieron de nada?

La problemática de los jubilados y beneficiarios de planes sociales que salieron el viernes a cobrar en los bancos visibilizó, literalmente, a las clases más vulnerables del país.

En los medios de comunicación la noticia se expandió durante todo el día y fue representativa: desde el inicio de la pandemia de coronavirus se cubrieron extensos segmentos de programas de televisión y portales con historias precisas de los argentinos varados en el exterior.

El drama de ellos no es menor, claro, pero el tratamiento de ambas noticias revela que los sectores más excluidos a menudo son representados como porcentajes y toman visibilidad no en su individualidad, sino en la masa.

Sólo un nihilista puede despreciar el valor del esfuerzo. El aislamiento valió para los que pudieron hacerlo y también para los que lo hicieron como pudieron.

“Hay 16 millones de pobres”, había sido la noticia del día anterior. El viernes, sin embargo, las calles desiertas e inmóviles de los consumidores y trabajadores más activos terminaron develando a los más excluidos.

La respuesta mediática general fue de indignación y enojo. Y no faltaron las frases apocalípticas que anunciaron el fin de la misión impuesta por el Gobierno. “Todo lo que se hizo no sirvió para nada”, se escuchaba, con un discurso que culpaba del error al Gobierno e incriminaba indirectamente a las personas portadoras de una necesidad que no podía esperar.

Sólo un nihilista puede desapreciar el valor del esfuerzo. El aislamiento valió para los que pudieron hacerlo y también para los que lo hicieron como pudieron, porque cuando el hambre pica no hay control que pueda reprimirlo.

Entonces, ¿alcanzan los carteles y consignas de aislamiento si la orden no está acompañada de medidas que contemplen no sólo las necesidades económicas de los más vulnerables sino también las subjetivas?

“Los jubilados, el sector más vulnerable y con recomendación de quedarse en sus casas, son también los más reacios a manejarse con tarjetas de débito y es muy habitual que prefieran cobrar en efectivo y por ventanilla”, señaló la agencia francesa AFP, simplificando el análisis de una estructura social endeble y compleja como un capricho “reacio”.

Bancos - Jubilados - Cuarentena
Sillas y distancia en las filas de jubilados sin tarjetas de débito

Sillas y distancia en las filas de jubilados sin tarjetas de débito

Así como no se puede romantizar el encierro, tampoco se debería naturalizar el control sobre los cuerpos y la vida. No al menos, como una medida para prevenir el colapso de la salud pública sin comenzar a cuestionar las causas más profundas de la pandemia.

La Organización de la Salud viene alertando sobre los nuevos virus hace diez años, por lo que no resulta extraño pensar que vendrá otro y tal vez más dramático. ¿La solución será tener Estados aún más fuertes y controladores que perpetúen el orden existente y mantengan a sus electores aislados en las casas? ¿O, como propone Slavok Zizek, se deberá pensar en un sistema de salud y solidaridad global que elimine “la ley de la selva”?

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Nueva York, paralizada por el coronavirus

Nueva York, paralizada por el coronavirus

No es una guerra

Cuando anunció el aislamiento preventivo y obligatorio, Alberto Fernández dijo que esto era una “guerra contra un enemigo invisible”. La mirada del hombre luchando contra un nuevo adversario recorrió los medios de comunicación. Pero la realidad (o al menos el aspecto más global de ella) no se condice con esta metáfora.

La guerra supone un enemigo y una disputa por un territorio o un bien escaso. Los virus, sin embargo, son elementos de la naturaleza que conviven con los hombres desde el inicio de la existencia.

¿,Qué pasaría si, por el contrario, el ser humano se pensara como una tecla más de un (eco) sistema que funciona en su equilibrio y los Estados acompañaran los movimientos colectivos que proponen otro modo de habitar el Planeta?

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instagram.com/santuarioequidad

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Lo construiremos todo de nuevo

En el texto La transitoriedad, escrito en 1915, Sigmund Freud describe el hastío por la naturaleza y la cultura que siente un amigo suyo cuando atraviesa un duelo personal. El "fuerte dolor afectivo", sostiene, le impedía al señor apreciar todas las bellezas del mundo.

Freud, además, se imagina una especie de duelo social de posguerra que incluye a todos y con una metáfora de una flor que se cierra en invierno, invita a reflexionar en la oportunidad de florecer cuando llega el verano. Imposible que sus palabras no se actualicen en este caos mundial.

“Con sólo que se supere el duelo, se probará que nuestro alto aprecio por los bienes de la cultura no ha sufrido menoscabo por la experiencia de su fragilidad. Lo construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido, y quizá sobre un fundamento más sólido y más duraderamente que antes”, escribe.

Parafraseándolo, conforme se superen las pérdidas de los besos, del arte, del trabajo mirando a los ojos, de los paseos al aire libre, de la comida con la familia y del encuentro con el mar o el río, vendrá el momento de descreer de la guerra y afrontar esta crisis como una batalla. Pero no en contra de nada, sino a favor de un aliado visible: la solidaridad, la salud global, la tolerancia, la igualdad y el amor por el Planeta.

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instagram.com/santuarioequidad

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