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Gordo tenés el odio

08 de abril de 2020

Sami Alonso (@samantalonso), activista gorda. Participa de Centro de Formación y Pensamiento Génera y Any Body Arg.



Llegó el coronavirus a nuestras vidas para cambiarnos de un día a otro la rutina, pero pareciera que hay otras cosas que siguen igual, incluso se reforzaron. Memes, contenidos en redes y estados en whatsapp donde se puede ver la gordofobia a flor de piel.

En medio de una pandemia mundial, donde hay una crisis económica y social, pareciera que nos preocupa más engordar que morirnos o que no llegar a fin de mes. “No estoy embarazada, fue la cuarentena”, “Al verano 2021 no llego ni ahí” son algunas de las frases que están circulando por internet e incluso muchos memes de índole “antes y después” donde ese futuro es ser gorde.

Los medios masivos dándole voces a influencers que hablan sobre “los problemas que trae el sedentarismo” . O peor aún, Yanina Latorre “quejándose” en redes diciendo “Hoy no tenía harina, no conseguí harina. Dejen de amasar, dejen de hacer tortas, van a quedar todas gordas cerdas asquerosas en cuarentena”. Lo primero que me pregunté es ¿por qué está sucediendo esto? ¿qué estereotipos se construyeron alrededor de los cuerpos femeninos? ¿Cuál es el peligro del discurso de “lo saludable” en un contexto de pandemia mundial?

Salvo que seas personal de la salud o de necesidad básica, la mayoría estamos en nuestras casas tratando de matar el tiempo y no morir en el intento (estar encerrado es un desafío para nuestra salud mental, digamos todo). Muchos están ejerciendo sus tareas laborales mediante el teletrabajo, otros sin operar directamente. Entonces ¿qué se hace en cuarentena? “Comer, mirar series y dormir” dicen. Aunque siempre hay un “pero”: “pero tengo que activar porque si sigo haciendo nada, así voy a terminar”.

Sentimos culpa por comer y la incertidumbre de cuál puede llegar a ser la consecuencia de este acto ¿entienden que hay hábitos construidos socialmente relacionados con las personas gordas? ¿Por qué el sedentarismo está relacionado con la grasa corporal? ¿Por qué lo saludable sería entrenar? ¿Qué es lo saludable? ¿Y si no tengo ganas porque estoy pasando un momento de encierro complicado y me está costando sobrellevar la rutina? ¿Está mal? ¿Cómo juega todo esto en mi salud mental? Sin ir más lejos, ¿a quién le tenemos que demostrar cuán actives estamos en cuarentena? ¿Acaso debemos “fichar” en el ámbito de lo privado? ¿A quién le debemos nuestro “parte diario de actividades”?

Si no movemos un poco el cuerpo, vamos a terminar gordes y encima va a ser nuestra culpa. Abundan los contenidos en redes sociales de fit-fluencers y nutricionistas sobre “qué comer” y “qué entrenamiento hacer en casa” para volver en forma a la vida cotidiana (en forma de qué ¿no?) Personalmente, lo único que leo es una exigencia más hacia nosotras: tenemos que mantener el cuerpo, estar activas (además de ejercer las tareas de cuidado, y las domésticas) no importa el contexto de emergencia sanitaria, lo tenés que hacer porque sos mujer y tu cuerpo tiene que ser el esperable para la sociedad. El discurso de la héteronorma es peligro de por sí, porque nos condenan a aspirar siempre a un cuerpo que a veces ni siquiera es una construcción real. Consumimos en publicidades y redes sociales muchas corporalidades que están dentro de la norma pero que no existen por el abuso del retoque digital: no hay poros, no hay manchas, no hay celulitis ni diferencia ni marcas en las pieles. ¿Entienden lo perverso de querer llegar a tener un cuerpo que sólo se logra digitalmente?

El agravante que se le suma en el contexto de pandemia, es lo que está sucediendo en la esfera de lo privado: hay muchas personas que están conviviendo 24 x 7 con familiares violentos, que le controlan la comida, que le hacen “chistecitos” sobre el cuerpo y una catarata de discursos gordodiantes para meterles miedo: “Fijate que comés, porque cuando empieces la rutina, nadie te va a dar bola”. ¿Se imaginan lo que es soportar este maltrato durante un largo tiempo, sin poder huir de ese espacio?

Por otra parte, puede pasar que no tengamos ganas de hacer nada o quizás ni siquiera tenemos el acceso económico para comprar todo esos “productos saludables” que tanto nos recomiendan. Por que es real que estamos atravesando una crisis social y económica muy grande y cada une está haciendo lo que puede, con los recursos que tiene y eso está perfecto. Elegir hacer muchas actividades o pocas en contexto de encierro no te hace ni flacx ni gordx, es una decisión política de cada persona.

No hay nada que pueda acabar con el miedo a la gordura. Pueden pasar guerras, pandemias, crisis, pero la sociedad va seguir marginando, despreciando y odiando a las corporalidades gordas. Van a seguir opinando que tenemos que hacer, cómo vestirnos y qué ropa usar dependiendo el cuerpo que tengamos. Porque así fuimos criadas, para odiarnos, despreciarnos, patrullarnos entre nosotras mientras el capitalismo se burla y gana millones con nuestras inseguridades.