Del lamento al agradecimiento

24 de abril de 2020

Para merendar, para almorzar o para lo que quieras y poné una pausa con mayúsculas en la película de tu vida por más que tu vagancia haga que no puedas cortar el video en loop con la vorágine de tus emociones. Claudio María Domínguez te invita a trabajar en un ámbito de respeto y bajar el nivel de agresividad.

Como decía Madre Teresa: el 97 por ciento de la gente del mundo no consigue ser feliz; es infeliz, y siempre le echa la culpa a lo que le hicieron los demás.

Sólo un mínimo porcentaje, los buscadores espirituales, podemos comprender de qué se trata la felicidad verdadera a pesar de vivir en un mundo dual por completo.

Es decir, podemos ver más allá de lo aparentemente mundano. Podemos decir: “Sí, por supuesto, a pesar de todo, tengo que ser feliz. A pesar de las que me hicieron de chico, yo voy a ser feliz. A pesar de todo lo malo que me han hecho, de lo que me han herido y engañado, yo sigo creyendo en la vida y en el amor”.

Ese es el “A pesar de”. Pero vamos a intentar cambiarlo. Los dichosos lo logran. Son muy pocos los que buscan con tal afán que ya no son felices “a pesar de”: son felices “junto a” todo lo que sucede. ¿Se entiende?

Si todavía le estás echando la culpa a alguien por no sentirte pleno, ahí ya hay una tensión, una dicotomía: estás partido en varios pedazos.

En la psiquiatría se habla del comienzo de la esquizofrenia: la división entre la persona y la personalidad; entre el ser, el ego y la mente.

Cuando en realidad vos sos uno, una unidad; un ser de luz que vino a este mundo para ser feliz.

Mientras responsabilices a otros de lo que te pasa, mientras te detengas más a criticar los defectos de los demás que a pensar en cómo mejorar lo propio, vas a estar todavía sin hacerte cargo de tu vida.

¿Qué pasa con todo lo que arrastramos, las heridas que nos marcaron, los conceptos que tenemos grabados a fuego en el cerebro y nos condicionan desde el nacimiento?

Tenemos la enorme oportunidad de dejar todo eso atrás.

Nos podemos re-crear. Podemos ser nuevas personas si así lo deseamos. Podemos cambiar pensamientos, creencias, hábitos de conducta que ya no nos dan felicidad.

Una persona sabia consigue decir: “En este mismo momento empiezo de nuevo. Lo que creía saber durante toda mi vida no me funcionó ni me sirvió de mucho. Es más, en este momento elijo borrar mi disco rígido”.

Einstein diría: “hipotálamo”, esa zona del cerebro en donde está almacenada toda la información que acumulás desde chico y que repetís en forma automática.

Si esa información no te hizo ser feliz, no hizo que el corazón te estallara de amor, olvídate del pasado: hacete cargo, ahora, de este momento, que es el único que vale la pena.

Lo importante es que seas consciente de lo que ya no te funciona. Si hubieran hábitos que, en lugar de conducirte por buen camino, te vuelven más adicto. Entonces cambiá.