Lo obvio ululante de la cuarentena

27 de abril de 2020

Por Antonio Colicigno y Mauro Brissio

Más allá de lo urgente que, como sabemos todos, es la cuestión sanitaria que se encuentra atravesada por una pandemia que no tiene precedentes, está lo que el escritor brasileño Nelson Rodríguez define como «Lo obvio ululante», que son esas cosas que están muy claras, aunque no se pueden ver porque están muy cerca de los ojos.

Todos sabemos que los esfuerzos hoy tienen que estar destinados como consecuencia de una política de ajuste que priorizó el endeudamiento, la timba y la mano invisible a un sistema de salud, deteriorado fuertemente por esas medidas. Pero lo que también aguarda en la punta de nuestras narices es lo obvio ululante, que no es otra cosa que la cuestión social.

El gobierno de Mauricio Macri nos dejó niveles de vulnerabilidad, pobreza e indigencia al borde del colapso. Por este motivo, desde que Alberto Fernández tomó las riendas del país comenzó por activar la máquina de la producción.

Ahora bien, ¿cómo se imaginan ustedes que quedará la economía después de que pase el temblor del Coronavirus? ¿Cuánto tardarán los cuentapropistas como los plomeros, albañiles, pintores, electricistas, changarines en que le vuelvan a abrir las puertas de las casas para que retomen sus actividades? ¿En qué porcentaje producirán las industrias que retornarán de a poco a incorporar el personal? ¿Cuándo comenzarán a sentir los municipios la dificultad de sus habitantes en pagar el ABL?

Sin dudas tenemos a un gobierno nacional que está haciendo lo imposible para que el sistema de protección social no se vea desbordado transfiriendo ingresos a los sectores que más lo necesitan. De hecho, la encuesta COVID realizada por UNICEF con una población alcanzada que es representativa de 6,1 millones de hogares y 26,8 millones de personas que habitan en ellos nos indica que desde que comenzó el aislamiento algún miembro del hogar recibió: 22% IFE, 28% Bono AUH, 2% Bono Jubilados y 19% Tarjeta Alimentar u otros apoyos alimentarios.

Sin embargo, siguiendo con ese relevamiento, el 45% de los hogares de menores ingresos considera que la falta de ingresos incidió en el pago de algún servicio esencial, como la luz, el gas o el alquiler y desde que comenzaron las medidas de aislamiento, el 59% de los hogares afirma que los ingresos laborales se han visto reducidos, afectando a 15 millones de personas. Un porcentaje que aumenta al 62% en la Provincia de Buenos Aires, al 70% en lo sujetos de derecho de la AUH y al 75% en hogares numerosos.

Datos similares y que se corresponden con los aportados por la Cátedra UNESCO según el último trimestre del 2019 en base a la EPH que reveló que el 59,7% de los hogares quedaron en condición de vulnerabilidad ― esto es 1,5 veces la Canasta Básica de Bienes y Servicios―, es decir que percibían ingresos menores a $58.500 para una familia tipo de dos adultos y dos menores, con la angustia de saber que caían en la pobreza frente a un resfrío, o en este caso, a una pandemia.

Lo que significa que casi 6 de cada 10 hogares que fueron confinados a esa situación son los que hoy corren el riesgo de caer frente a la crisis que provoca la pandemia, por eso la preocupación de un Estado que por suerte hoy está presente e intenta tomar todas las medidas posibles para evitar caídas tan abruptas.

Alarmante y muy ilustrativo de lo que nos deja el proyecto político de Macri, que sumado a la caída de la actividad económica como consecuencia de una necesaria cuarentena nos dará como resultado una cuestión social similar o peor a la del 2001. El mundo habla de una crisis más profunda que la de 1929.

Y no, no se trata de predecir el futuro ni tampoco de haber incursionado en la captoptronancia, esto es, el arte de leer la bola de cristal. Se trata más bien de hacer el correcto análisis de la coyuntura para saber qué sucederá a partir de los números que comienzan a salir a flote.

Por eso, hay que empezar a esbozar un plan de salida, habrá que escuchar a los especialistas en materia social para evitar, lo que más se pueda, caídas tan abruptas, baste recordar las consecuencias de la que tenemos más reciente en nuestras retinas, la del 2001- 2002.

Ya sabemos qué pasará. Tenemos que estar atentos porque nos correrán por izquierda y por derecha. De ambos lados nos culparán por algo que heredamos y, la lógica comunicacional apuntará como un francotirador contra Alberto Fernández. La miseria planificada que los representantes del mal en complicidad con los profetas del odio provocaron aparecerá al otro día de que se termine la cuarentena.

Esto es lo obvio ululante que debemos comenzar a ver.