Por: Mara Pedrazzoli
11 de mayo de 2020

Recordando al personaje de Juan Carlos Calabró uno puede reconocer en la política interna y global posturas opositoras que estorban en un camino que es ya difícil de transitar. Son preocupantes las estadísticas económicas de la crisis del coronavirus.

El viernes venció el plazo para la oficialización de la posición de los acreedores externos de la deuda argentina ante la Bolsa de Valores de Nueva York. Fue rechazada la propuesta presentada el 15 de abril y el Gobierno espera contar esta semana con la contrapropuesta de los acreedores para luego presentar su réplica (técnicamente no entraremos en default hasta el 22 mayo que vence el bono Global incluido en el canje). Tres grandes fondos de inversión nuclean a acreedores, ellos deben presentar una propuesta común que luego abra negociaciones puntuales. Los más reticentes al diálogo son los “holdouts” tenedores de la deuda canjeada en 2001, su postura es la de incluir la cláusula RUFO en los títulos de este canje de modo de sumar más adhesiones para una posible litigiosidad.

Son aspectos legales más que económicos los que se negocian. En la semana que pasó el gobierno nacional contó con el apoyo explícito del FMI y de unos trescientos economistas locales e internacionales a través de su firma.

Es interesante observar que el comportamiento “deudor” de Argentina pasa a ser una norma en contextos de crisis. Como advirtiera el ex primer ministro italiano en una entrevista al diario La Nación la semana pasada: “Todos nos estamos argentinizando”, en el sentido de que no parece haber opción para aquellos países que no son emisores de moneda global que contraer deudas para financiar el funcionamiento de sus economías, y para asistir a los excluídos, ¿por qué no decirlo?

“No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema” pudo leerse en una proyección sobre un edificio en el centro de Santiago de Chile. Así es como también el presidente Alberto Fernández reconoció el viernes en conferencia de prensa el enorme trabajo del Estado para identificar a los ciudadanos que trabajan en la informalidad para otorgarles el IFE, un beneficio que probablemente encuentre algún tipo de continuidad en la pospandemia. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, observó que el mes de abril fue posiblemente el peor mes en la historia de la industria.

Al igual que en otras partes del mundo, el Estado está solventando buena parte de los salarios de los trabajadores que están acatando la cuarentena, con emisión monetaria o fondeo a través de deuda. Al igual que en otras partes del mundo, la derecha ultra-ortodoxa se opone a que los gobiernos reciban asistencia de organismos transnacionales.

Esta semana se conoció la sentencia de un magistrado alemán contra la que fuera la política de asistencia financiera (compra de bonos tóxicos) tardía del Banco Central Europeo durante la crisis de 2008, así busca tangencialmente velar por la “proporcionalidad” del programa de compra de activos del BCE y fue nada menos que su actual presidenta Christine Lagarde quien respondiera representando al ala progresista: hará “cuanto sea necesario” para llevar a cabo su mandato y “sin inmutarse” por el magistrado alemán.

Las proyecciones de caída del PIB este año son de -9% en España (donde el sector industrial atraviesa la peor crisis en diez años y la tasa de desempleo llegaría al 19%), -8% en Italia y -7% en el caso argentino, que como decíamos encuentra parangón en otros países del mundo. La diferencia sustancial es la dinámica inflacionaria. Mientras Europa enfrenta temores por la deflación, un típico síntoma de las crisis severas derivado de la competencia entre capitales para captar la poca demanda que queda (y que contribuye a profundizar la recesión), Argentina permanece en la estaflación. La inflación caerá respecto de 2019 (44% estimado en 2020 versus 53% el año anterior) pero el nivel seguirá siendo alto y eso atentará directamente sobre el índice de pobreza, que algunos estiman rozará el 50% este año y deberá ser otro foco de atención de la política pública.

La crisis del coronavirus desafía los horizontes políticos y económicos. Económicamente es de las más severas que haya experimentado la humanidad, se conoció esta semana que en Estados Unidos la tasa de desocupación pasó del 4% en marzo a 14% de la población económicamente activa en abril (unas 20 millones de personas). Un abril devastador y un prepararse para andar un camino de solidaridad y buena disposición de las políticas públicas. No es tiempo para prácticas individualistas ni para las cortes, sino para acciones políticas de peso que sentarán bases futuras y la cooperación internacional volverá a ser clave porque voces hay de todos los colores.

Temas