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Cómo protegerte de los malos pensamientos

Por: Claudio María Domínguez
05 de julio de 2020

Claudio María Domínguez propone una escapada original en medio de las obligaciones y el aislamiento. El conductor de "Hacete cargo", por C5N, te guía para que tus prioridades sean la raíz de la planta de tu felicidad.

Una frase eterna que ya deberíamos manejar de taquito es: “Los pensamientos te sanan o te enferman”. Tu mente con su diálogo interno te eleva o te destruye. Efectivamente sos lo que pensás, y tu sistema de creencias dependerá de la crianza que recibiste, de tu pasado acumulado, de la falta de búsqueda de algo profundo, o bien todo lo contrario: de la forma elevada en que te recibieron en el mundo, revelándote que sos un ser de luz que nació para ser feliz. Aunque lo último, sabemos, no resulta una enseñanza habitual.

A la mayoría no se nos reforzó la conciencia del gran tesoro que poseemos en el interior. Las personas, incluso las bien intencionadas –por ejemplo los padres-, nunca nos invitaron a observar el refulgir de luz grande y espiritual que traemos dentro, sino más bien nos instaron a perseguir los mandatos que la sociedad establece.

Sin embargo, ya es hora y tiempo de notificarnos que el verdadero lugar se encuentra en nuestro ser interno, en nuestro corazón espiritual.

Hay mucha gente con pensamientos negativos, por no decir siniestros, violentos, vengativos, manipuladores, rencorosos. Seguro se debe al entorno en el que vivieron, a la historia personal, a la escuela, al barrio. No obstante, tal contenido puede modificarse.

¿Cómo? ¿Te animás a una pruebita? Tenés delante una cancha de fútbol. Parate al costado, afuera, y ponete a picar la pelota sin ingresar a jugar. O sea, sin pasarla, ni correr compulsivamente queriendo ganar. Observá que el partido seguirá igual aunque vos no estés en él.

Decidí entonces que, de entrar, será para elevar el nivel, brindando lo mejor de vos. Si en cambio pensás ingresar por el solo hecho de participar, sin captar la causa, el “para qué” se juega, mejor sustraete y seguí siendo testigo.

Hasta que refuerces los pensamientos superfluos y comiences a captar la belleza subyacente y la energía que hay en ese partido, y te animes, positivo ya, a cruzar la línea y sumarte.

Lo mismo sucede en el día a día. Hay cientos de hechos cotidianos que nos perdemos por mirar su cáscara y no su esencia. El optimismo, encontrar en el medio del desierto el vaso medio lleno, producirá verdaderos logros internos. Y, ley de atracción mental mediante, convertirá tu convicción y tu fe en merecimientos y maravillas por gozar. De la misma manera que cuanto menos creas en vos, más calamidades atraerás.

¡A confiar, a ser protagonistas de una vida que se llame vida!

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