Que la rutina no te aleje del ser

17 de septiembre de 2020

Para estar en otro panorama no tenés que creerte más de lo que sos. Claudio María Domínguez propone que bajes a la realidad y dejes tu situación acomodada interpelándote.

Cuenta la historia, que había una vez un hombre normal, como todos los demás. Un hombre con cualidades, virtudes y defectos. Un hombre no demasiado distinto a nosotros.Una noche, repentinamente llamaron a su puerta y cuando abrió, se encontró con un grupo de personas que habían venido a verle. Eran sus enemigos.Enseguida le ataron las manos y le dijeron que lo hacían porque así no podría hacer nada mal.

"Se olvidaron de decirle que tampoco podría hacer nada bueno".

A continuación, se fueron dejando a un guardián en la puerta, para que nadie pudiera desatarle. Al principio el hombre se desesperó y trató de romper las ataduras, pero al final se convenció de lo inútil de sus esfuerzos e intentó poco a poco acomodarse a su nueva situación.Con el tiempo fue aprendiendo como subsistir con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos, pero con la práctica llegó incluso hasta alimentarse.Se acostumbró tanto a su nueva situación que empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres. Mientras tanto, su guardián le comunicaba día tras día todas las cosas malas que hacían en el exterior los hombres que tenían las manos libres.

"Se le olvidaba decirle las cosas buenas que hacían esos mismos hombres con las manos libres".

Y pasaron los años y el hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas. Y poco a poco llegó a pensar que gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él no podía hacer nada malo, «aunque no pensaba que tampoco podía hacer nada bueno» y así empezó a creer que era mejor vivir con las manos atadas. Pasaron muchos años… y un día, unos amigos del hombre, atacaron por sorpresa al guardián y rompieron las ligaduras que ataban sus manos.

"Ya eres libre", le dijeron. Pero habían llegado demasiado tarde. Las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas.

- ¿Y vos? ¿A qué te estás acostumbrado? El mayor beneficio para el ser humano es que no se deje caer en la rutina de la vida cotidiana y olvidarse del sentido real de estar vivos.

Basta de estrés diario

Sabemos que el estrés no nos hace bien ni física ni mentalmente.

Con la técnica de las tres respiraciones, podés relajarte inmediatamente y focalizar toda tu atención en tu interior. La mente va al pasado, al futuro, no para de pensar y pensar. Toda esa actividad mental y emocional, es desgastante.

Esta técnica te permite reunir toda esa energía suelta en un solo punto, tu interior. Al llevar toda tu atención a tu interior, conscientemente, inmediatamente equilibrás las energías dispersas y es así como accedés a un estado más natural, de quietud y armonía.

La respiración regula nuestro estado mental, las emociones, nuestra concentración, nos oxigena y relaja.

Técnica de las tres respiraciones

Esta es una técnica enseñada por monjes tibetanos desde hace milenios: Ellos sugieren Inhalar y exhalar tres veces muy lentamente, enfocándo la atención en el aire que ingresa y egresa de nuestro cuerpo.

Esto, explican ellos, hace que toda la energía mental que estaba en el afuera, regrese a nuestro interior, lo produce calma física, quietud mental y una sensación de paz.

Cuando se terminan las tres respiraciones, repetimos tres veces y en voz alta la frase: “Yo estoy acá”. Escucharnos decir esto, hace que nos enfoquemos en el momento presente y nos movamos luego, desde este espacio de armonía y energía renovada.Esta es una técnica milenaria pero bien aplicable al mundo moderno tan agitado, porque la podemos hacer en pocos minutos.