La cuarentena de los abrazos

17 de septiembre de 2020

La pandemia pone en jaque a la especie humana con la prohibición del contacto físico. El abrazo es el primer código comunicacional que recibimos al nacer y que nos mantiene estables emocionalmente. ¿Cómo podemos activar una "comunicación afectiva de emergencia" mientras dure?

¿Cuánto tiempo podemos vivir sin comer? Unos 45 días dependiendo de la grasa corporal acumulada ¿Y sin tomar agua? 4 a 6 días dependiendo también del estado físico de la persona. ¿Y sin recibir un abrazo? Apenas 4 o 5 semanas si somos recién nacidos y si somos adultos podemos sobrevivir toda una vida, aunque con riesgo de caer en profunda depresión.

Si no nos abrazan, nos morimos

Al término de la Segunda Guerra Mundial, miles de bebés morían en los hospitales de campaña de todo el mundo a causa de una enfermedad denominada marasmo caracterizada por el déficit energético y calórico producido por la suspensión del amamantamiento. A pesar de lograr, el personal médico, la compensación alimentaria en estos niños, estabilizándolos en sus necesidades básicas alimenticias, la muerte de casi el ciento por ciento de ellos, se producía de manera inexplicable. En aquellos años un médico llamado Fritz Talbot observó, en sus visitas a un hospital en Düsseldorf (Alemania), que una anciana abrazaba, tocaba y cargaba bebés de modo casi permanente. Al preguntarle al director del centro, éste respondió: "Es la vieja Anna. Cuando hemos hecho todo lo médicamente posible por un bebé y no mejora, le pedimos a ella que lo cuide. No sabemos qué hace, pero lo que ella hace, no falla. Los niños que ella atiende, sobreviven".

Posteriormente la ciencia investigó la situación con mayor detenimiento y detectó que los niños en los horfanatos tenían una alta tasa de mortalidad y sobrevivían los que eran adoptados por familias sustitutas donde los niños recibían afecto expresado mediante contacto físico a través de los abrazos.

Conclusión: los humanos somos tan vulnerables que si no nos abrazan, nos aproximamos literalmente a la muerte.

El mundo científico dio un giro de 180 grados a partir de este descubrimiento que señala al contacto físico humano como una de las necesidades básica fundamentales para mantenernos vivos. Es así que el abrazo, se torna imprescindible para poder sobrevivir en un contexto de dificultad. El abrazo es el código comunicacional con el que nos reciben desde el primer minuto cuando nacemos. Nuestra percepción háptica, esto es nuestra capacidad de conocer el mundo y percibirlo a través del tacto y el uso de nuestro propio cuerpo, es uno de los sentidos más desarrollados cuando somos bebés y esa es la razón por la cual un abrazo completa casi la totalidad de nuestra necesidad de afecto.

¿Por qué y para qué abrazamos?

Abrazamos para festejar, para felicitar, para calmar el llanto o el dolor, también lo hacemos para recibir o despedir a nuestros seres queridos, para agradecer o para acompañar en situaciones de duelo.

Cuando abrazamos liberamos oxitocina, una hormona producida en el hipotálamo y secretada por la glándula pituitaria posterior. Según el profesor estadounidense de neurología y economía Paul J. Zak, ocho abrazos diarios son los necesarios para sentirnos más plenos y felices. Aunque Chares Darwin fue más dramático y contundente al señalar que como especie, necesitamos del contacto físico para no extinguirnos. En una conversación, de manera inconsciente, buscamos el contacto físico, con toques y palmadas de al menos 3 segundos, cada media hora. De ese modo intercambiamos información afectiva que nutre y regula la interacción humana. Un apretón de manos, una palmada o el contacto de nuestro rostro en el rostro de nuestro interlocutor para saludar con un beso, nos permite amplificar los canales de la comunicación sensorial para construir empatía con nuestro entorno. El contacto piel con piel, es también el modo en que nuestro cerebro identifica texturas y temperaturas para una primera evaluación sensorial de quienes se encuentran con nosotros promoviendo de manera inconsciente una mayor afectividad a la hora de hacer negocios o entablar una comunicación de cualquier tipo.

¿Y ahora qué hacemos?

A raíz de la pandemia los líderes y científicos de algunos países centrales comienzan a preguntarse sobre la conveniencia de reducir el contacto humano por al menos dos años. La Organización Mundial de la Salud volvió a alertar, en las últimas horas, sobre los riesgos de saludarnos con el toque de codos, ya que al acortar la distancia a menos de un metro, las probabilidades de contagio, crecen de manera considerable.

Eso significa que la humanidad en su conjunto debería cambiar sus formas en la comunicación social. ¿Pero, estamos listos para soportar la ausencia de abrazos y a dejar de estrechar nuestras manos al saludarnos? ¿Cómo podemos evitar o contrarrestar la depresión anímica que puede producir esa falta de contacto entre nosotros?

Mientras dure la pandemia es necesario reforzar el contacto visual y la palabra de afecto que la distancia nos permita ya sea de modo presencial o por cámara web. Guiños sutiles, sonrisas con nuestros ojos si tenemos barbijo o enfatizando movimientos kinésicos que puedan ser comprendidos por nuestros interlocutores como señales de afecto. Hablemos con nuestros familiares y amigos por teléfono o mediante cámara aplicando a nuestra voz una entonación sutil afectiva –prosodia emocional-, que permita aportar esa necesaria dosis de cariño y consideración.

Sea cual fuera la normalidad que nos aguarda en el futuro y podamos construir en este presente por ahora sombrío, solo nos queda confiar en nuestro lenguaje corporal porque, como siempre decimos en nuestro laboratorio, nuestro cuerpo no sabe mentir.

Hugo Lescano es Director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal

y Consultor externo de la OEA (Washingotn DC) en Comunicación no Verbal y Negociación

Instagram: @hlescano