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Justicia social versus defensa de los ricos

Por: Antonio Colicigno
28 de septiembre de 2020

Qué pasó en los primeros 10 meses de Mauricio Macri y en el mismo período del actual jefe de Estado, Alberto Fernández. Los indicadores que marcan dos miradas de gestión bien claras.

Se afirma habitualmente que los primeros meses de un gobierno marcan el rumbo por donde transitará la gestión, a qué sectores priorizará, cómo se enfrentará a los grupos hegemónicos ― que sólo defienden lo suyo―, pero cuyo poder real está en instalar en la opinión general que sus intereses son los del conjunto. Para ello, tienen sus voceros, controlan los grandes medios gráficos, televisivos, radiales y, ahora también, digitales. Instalan agenda todos los días reproduciendo aquello que les interesa, mintiendo y manipulando.

Si bien, uno de los mayores apotegmas de la historia ha sido el de “no hay mejor poder que el que no se ve”, al Macrismo esto no le importó porque nunca escondió sus verdaderos intereses en defensa de los dueños del poder real. Ese que te hizo la cabeza para que crees que no podías estar bien calefaccionado en invierno, que eso era irreal, que no podías con tu salario medio comprarte un plasma, una moto, un auto, o viajar al exterior.

Por ello, proponemos un pequeño ejercicio que nos ayude a comparar esos primeros meses del actual gobierno con los del gobierno anterior. Esos que criticaban el llamado cepo, que liberan cuando llegan, aunque por lo dicho por ellos mismos, vos no ibas a poder viajar ni consumir esas cosas que el sentido común nos dice que son parte del vivir dignamente para un trabajador.

La salida del llamado cepo (aunque en verdad eso no impedía que algunos trabajadores de salarios medios pudieran viajar al exterior ni que las grandes fortunas definieran qué hacer, dónde ir, incluso cómo fugar) produjo una devaluación del 40%, lo que terminó provocando una inflación para ese año del mismo porcentaje, con la consecuente pérdida del poder adquisitivo para el salario.

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La salida del cepo durante el macrismo produjo una devaluación del 40%

La salida del cepo durante el macrismo produjo una devaluación del 40%

Un salario que además se vio afectado por la suba de las tarifas en el transporte y los servicios públicos esenciales (luz, gas, agua), recordemos además que el cable, la telefonía celular e internet fueron corridos de esa categoría. Claro está si no tenías derecho a estar cómodo, sin tanto abrigo en tu casa porque el gas pasó a ser un lujo para las mayorías, ¿en qué cabeza cabe que vos tengas el derecho al cable e internet?

El boleto mínimo de colectivo pasó de 3 pesos en el 2015 a 6 pesos en el 2016 en el AMBA; el tren Mitre, Sarmiento o San Martín, de 2 pesos a 4 pesos. El peso de las tarifas de servicios públicos en relación al salario mínimo, vital y móvil paso del 6,1% en el 2015 al 17% en el 2016.

Para la UCA, que para fines del 2015 observaba una pobreza del 29%, para abril del 2016 ya decía que llegaba al 34,5%.

La desocupación, que en el segundo y tercer trimestre del 2015 se ubicaba en el 6,6% y 5,8% respectivamente, llegaba (después del apagón estadístico que provocó el Indec), al 9,3% en el segundo trimestre del 2016.

El 23 de noviembre de 2015, el día después del triunfo de Macri en el balojate, YPF aplicó un aumento del 4,5 por ciento, la mayor suba desde 2013, y respondió al alza del dólar de los días previos por el anuncio de Alfonso Prat Gay de que levantaría las regulaciones cambiarias. Con el dólar a 9,74 pesos, el valor de la nafta súper quedó en 12,45 pesos el litro. En julio del 2016 ya estaba en 17,08 pesos, según un revelamiento de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y afines de la República Argentina (Cecha).

Nafta YPF
El 23 de noviembre de 2015 YPF aplicó un aumento del 4,5 por ciento, la mayor suba desde 2013.

El 23 de noviembre de 2015 YPF aplicó un aumento del 4,5 por ciento, la mayor suba desde 2013.

Por supuesto que ese casi 40% no llenó la tapa de los diarios como si ocurrió con los aumentos de agosto y setiembre de este año que llegaron al 8%, los primeros en ocho meses de un gobierno que tuvo que cargar con las subas que autorizó el último mes del gobierno de Macri, quien había congelado después de las PASO (aunque por supuesto ahí no era electoralista ni demagógica la medida), los aumentos que venía otorgando periódicamente a solicitud de las empresas del sector. En el mes de noviembre de 2019, cuando ya había perdido las elecciones otorgó dos aumentos que rondaron el 5% cada uno, con sólo 15 días de distancia.

Los primeros meses del nuevo gobierno, el de Alberto Fernández, quien tuvo que enfrentar, a escasos tres meses del inicio, una pandemia sin precedentes en el mundo, con caídas del PBI en todas las regiones, con aumentos del desempleo, con parálisis de las economías con mayor poder de fuego, y con una herencia que creemos, debiera haber sido explicitada de manera mucho más firme allá por diciembre, porque realmente fue escandalosa. En materia de desocupación, informalidad, inflación, endeudamiento, ruptura de normas institucionales básicas de la República, como lo fue la intervención en el poder judicial, los casos de espionaje, sin precedentes desde la recuperación democrática, los negociados desde las más altas esferas del poder político, con el paraguas semántico de “conflicto de intereses”.

Un nuevo gobierno que debió en escasos meses recomponer un sistema de salud, que había sido destruido, aunque sus responsables hoy salgan a opinar sin que se les caiga la cara de vergüenza, sin un poco de honestidad intelectual, que por supuesto nunca la tuvieron ni la van a tener. Un gobierno que debió cubrir el salario de muchos trabajadores formales (a través de los ATP) que estaban al borde de perder el empleo por la parálisis producto de la pandemia, no de la cuarentena como esos mismos caraduras de siempre pretendieron instalar.

El mundo se cayó señores, y aunque tengan todas las herramientas de instalación de agenda en su poder, sólo con tomarse el trabajo de googlear lo que pasa en otras latitudes, basta para que se desplome el argumento como un castillo de naipes cuando apenas sopla una breve brisa. Esa calamidad que refleja la tasa de desocupación del segundo trimestre de 2020, ese 13,1% que nos duele; es alentador considerando la catástrofe pandémica mundial y de no haber sido por un gobierno que actuó, seguramente sería muchísimo más alta. Una tasa que fue en el segundo trimestre del 2019, con el gobierno de Macri fue del 10,6%, sin pandemia, sólo efecto de un modelo económico excluyente y perverso.

Un gobierno que enfrentó una situación de default de hecho, con una deuda a los acreedores privados y al FMI descomunal. Ya mucho se habló de la ineficiencia de la misma, de que sirvió sólo para fugar divisas y mantener ficticiamente la idea de un dólar libre, que sólo benefició a unos pocos. Alberto Fernández logró negociar con los fondos internacionales sin poner en juego el crecimiento del país para los próximos años, sin hacer pagar sus costos a los sectores más vulnerables. Una negociación exitosa después del desastre del “mejor equipo de los últimos 50 años”, que hoy siguen recorriendo estudios y pretendiendo dar lecciones como sino no hubiesen sido los responsables de las calamidades presentes. Parecen observadores de una realidad ajena, cuando debieran al menos, silenciar su odio, o hacerse responsables civil y penalmente por decisiones en contra de la Patria.

Alberto Fernández en C5N

Un gobierno que tomó la decisión de congelar las tarifas que ya tenían aumentos acordados con anterioridad, que instrumentó una tarjeta alimentaria para las familias con hijos menores de 6 años y embarazadas, para frenar el hambre que existía en la Argentina de Macri, previo a la pandemia. Un gobierno que instrumento el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) para hacer frente a esta crisis planetaria que afecta a casi nueve millones de argentinos y argentinas que se encuentran en la desocupación y la informalidad.

Por supuesto un gobierno que tiene el encono permanente de los grandes medios, quienes construyen una agenda de catástrofe cotidiana, que pretende convertir los intereses de las minorías en los del conjunto, que no descansa en seguir culpando a Cristina Fernández de Kirchner de cuanta cuestión inventan para desprestigiar su nombre y del gobierno en general. Pongamos en juego nuestra vocación para sincerar los hechos cotidianos, para no dejarnos atrapar por las posverdades impuestas por los medios dominantes, que sólo responden a los intereses de unos pocos.

Memoria activa todos los días, defendamos las banderas permanentes en pos de una justicia social, de una sociedad que priorice a los de abajo, que dignifique a sus trabajadores, que respete las normas democráticas siempre, no sólo para los poderosos, que integre, que acepte la diversidad, que busque el bienestar de su pueblo.

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