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Los montajistas

Por: Guillermo Zerda
22 de octubre de 2020

Un ejército inexistente de 600 venezolanos y una profunda crisis al interior de Carabineros de Chile -con montajes incluidos- son parte del volátil ambiente previo al plebiscito del 25 de octubre próximo. Chile decide en medio de la pandemia.

El plan Zeta fue uno de los tantos montajes que sirvieron como excusa para que los militares derrocaran al gobierno democrático de Salvador Allende en septiembre de 1973. Este supuesto plan diabólico de la izquierda chilena – que incluían la ya folclórica postal de comunistas comiendo bebés (sic)- aseguraba un autogolpe con el fin de imponer a la fuerza un gobierno marxista en Chile. De esa premisa se colgó la junta de gobierno para lo que vino después: la divulgación de una supuesta guerra psicológica que impuso la lógica de “ellos o nosotros”. Lo que siguió, es historia conocida.

Lejos de quedar en el olvido, el plan Zeta volvió a la palestra, justo un año después que el presidente Sebastián Piñera pronunciara una de las mas desafortunadas frases que trajo el estallido social: “Estamos en guerra frente a un enemigo poderoso, implacable y que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite. Que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, el Metro (subte) y los supermercados, con el único propósito de producir el mayor daño posible”.

EL ORIGEN

Dos días después del estallido social y con la capital literalmente en llamas, Piñera – sin mucha noción de la gravedad del problema que tenía entre manos- habría recibido de manos de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) un informe que daba cuentas que “la inteligencia venezolana y cubana habían estado gestando una ofensiva insurreccional en Chile”.

En dicho informe, revelado por el portal El Mostrador, el general Guillermo Paiva, por entonces director de la DINE, puntualizó que la supuesta célula del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) “contarían para sus operaciones al interior de Chile con un batallón de 600 agentes clandestinos, expertos en guerrilla urbana, quienes ingresaron a Chile como refugiados, muchos de ellos formados en escuelas subversivas cubanas como Punto Cero".

Con Alberto Espina - ministro de defensa de la época- exultante y con el informe bajo el brazo, Piñera convocó a una conferencia de prensa y enunció la ya tristemente célebre frase. Lo que en ese momento no sabían es que el supuesto “comandante de la operación y jefe de la organización chavista gubernamental Zurda Konducta”, era Pedro Carvajalino un youtuber tuitero fanático del gobierno de Maduro; y Zurda Konducta, un programa de televisión, transmitido por la señal estatal de televisión venezolana.

El miércoles 21 de octubre, conocido el fiasco, las redes sociales estallaron con los hashtags #planzeta y #Espina convirtiéndose en trendic topic. El ex ministro había avalado el informe y la tesis del enemigo extranjero.

Gabriel Gaspar ex subsecretario de las FFAA de Chile durante el gobierno de Michelle Bachelet, expresó a El Mostrador que “si existiesen evidencias de cientos de agentes extranjeros, el deber es informarlo al congreso, al comité de Inteligencia y a los órganos judiciales”. La pregunta que se desprende de sus dichos es por qué el entonces ministro de defensa no pidió más informes a los servicios de otras ramas de las fuerzas para contrastar lo señalado por la DINE.

DE MONTAJES Y MONTAJISTAS

Hace pocos días, se conoció otra serie de montajes realizados por Carabineros de Chile, en momentos que la institución atraviesa una de las peores crisis de su historia. Algunos, tenía relación con el estallido social, y otros simplemente corresponden a “delitos comunes”.

En abril pasado, el cabo Jorge Ulloa le disparó en la cabeza a un residente peruano de 20 años, luego que Ulloa y su compañero, que estaban de civil, tuvieran una discusión con el joven. Ambos trataron de cubrir sus rastros, pero fueron descubiertos.

Otro caso correspondió a un joven de 22 años, Maximiliano Fraile Lagos, que fue detenido durante el estallido social en febrero de este año y que permaneció encarcelado durante un mes en una comisaria de Concepción, al sur de Chile.

La acusación fue por portación de bomba Molotov y la evidencia incriminadora, constatada por una grabación de carabineros donde se escucha claramente la voz de uno de los oficiales diciendo “echémosle bencina” a la mochila que portaba el estudiante. Como dato curioso, uno de los carabineros del operativo al saber que el procedimiento estaba siendo grabado, lo increpó a su compañero diciéndoles “aprende a quedarte callado… un día, un día nomás”.

Mas aquí en el tiempo, fueron los intentos por borrar los rastros del trágico episodio en que un carabinero tiro a un joven de 16 años por un puente sobre el Rio Mapocho. Pero la mascarada se descubrió rápidamente y no llegó a convertirse en montaje.

El montaje es el acto de superponer dos o más elementos para formar una tercera cosa, en el cine es contar una historia a través de fragmentos fílmicos, en la política es manipular la realidad de los hechos ocurridos en un país a favor o en contra de los movimientos sociales, para que la opinión pública se incline hacia el oficialismo o hacia la oposición”, dijo a minutouno.com María José Fischer, co directora de “El Montajista”, una web serie-documental para redes que trata sobre esta temática y que tiñó al país durante los sucesos del estallido social.

El Montajista - Capítulo 1 "El Oasis"

Según Ricardo Soto, también director de la serie, el título de la obra corresponde “a la figura individual o grupal escondida y que manipula a la sociedad a través de diversas formas, como las leyes, la constitución, los medios de comunicación, e incluso con actos subversivos o violentos para desviar la atención cuando el montajista se ve descubierto” indicó a este medio.

La serie, que no da nombres, pero sí grafica todo con imágenes bien reconocidas para el público chileno, habla en primera persona a modo de confesión y refuerza la forma arquetípica de contar una historia, que busca darle un rol de cuento a los personajes. En lugar de Caperucita y el Lobo, se habla de “El ideólogo”, “El Coronel” o “Los economistas”.

DESINTELIGENCIA Y OPERA BUFA

Según el sociólogo y catedrático de la Universidad de Santiago, Alberto Mayol, en una conversación en radio La Clave, el espectáculo que dio el gobierno es superlativo. “Al principio parecían simples errores, pero luego se vio que era más grave. La situación llegó a un punto tan ridículo que entró a una categoría de ópera bufa; aun así, mantiene el condimento trágico de las consecuencias que tuvo este proceso” explicó Mayol.

Según el catedrático, hay un esfuerzo evidente de concentrar las responsabilidades en personeros de gobierno que ya no están en ejercicio, como es el caso del ex ministro de defensa Alberto Espina. “Eso ayuda a descongestionar el ambiente dentro de un gobierno, pero la verdad es que esto está llegando cada vez mas cerca del circulo íntimo del presidente Piñera, y aunque no recayera directamente en él, siempre la responsabilidad política depende de su persona”, enfatizó.

En el mismo sentido, Bet Gerber, directora de opinión pública y comunicación política de la fundación Chile 21, “estamos tan en otra coyuntura -entre la pandemia y el plebiscito- que no hay margen para tomarle el peso a lo que sucede. Y en ese sentido el gobierno paga menos costos. La pandemia sin duda le aminoró los costos de los desastrosos manejos en el ámbito de la inteligencia y la seguridad que mostro el ejecutivo” indicó Gerber también a radio La Clave.

Respecto a las consecuencias de los montajes evidenciados en estos días, esto “que debiera generar una crisis de grandes proporciones ha pasado sin pena ni gloria debido a la coyuntura actual y obviamente esto aumenta el nivel de rabia, desconsuelo y desconcierto en que vivimos. No tenemos la energía física ni intelectual para concentrarnos en ello” explicó Alberto Mayol.

A pocos días de un hecho histórico como lo es el plebiscito del próximo 25 de octubre, se cree que la participación ciudadana va a ser altísima. Sin miedo al contagio, como quedó demostrado en la ultima movilización masiva del 18 de octubre pasado; el aniversario del estallido social. El único interrogante que queda por dilucidar, es cómo se comportará la ciudadanía, luego del plebiscito, en el que las encuestas dan por ganador a la opción del apruebo para cambiar la constitución política del país.