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Un ejército de trolls: sobre los ataques de Azerbaiyán hacia el pueblo armenio en redes sociales

Por: Romina Bedrossian
28 de octubre de 2020

¿Por qué Elton John y Cardi B borraron sus posteos en apoyo a Armenia y Artsaj? ¿Por qué está costando tanto que las personalidades públicas de la cultura mundial, especialmente angloparlantes, se pronuncien a favor de la paz? La explicación es muy simple: por el acoso y las amenazas de los ejércitos de trolls de Azerbaiyán. Además de invertir en las últimas tecnologías militares, este país ha destinado una buena parte de su capital a sus campañas de propaganda y desinformación. Tras décadas de armenofobia fomentada por el propio Estado, es esperable encontrar civiles azeríes que defienden con fervor las falsedades implantadas por el gobierno del que, en última instancia, muchos son víctimas. Pero, ¿cómo puede ser que todos esos ciudadanos estén las veinticuatro horas del día pendientes de las redes sociales para desplegar su discurso de odio? ¿qué hay detrás de todo esto?

Patriotas de Twitter y guerreros del teclado”, así los llama en su informe publicado en Open Democracy la periodista azerí Arzu Geybulla, quien comienza la nota recordando haber sido avergonzada e insultada de todas formas por ser crítica de su gobierno. Los trolls de Azerbaiyán no son una novedad: son una política de Estado que lleva más de una década en desarrollo. Ya en el 2016, el año en el que se publicó su nota, Geybulla denunciaba el crecimiento a paso agigantado de este mecanismo.

Inicialmente, las cuentas pro-azerí en redes sociales eran operadas por IRELI, una organización juvenil progubernamental que, como otras similares, excede la mera militancia por “amor a la patria”: es una gran manera de avanzar en una carrera gubernamental. “Cuantos más tweets publiques, más te notarán. Cuanta más lealtad muestres, mayores serán tus posibilidades de ser reconocido o, eventualmente, un ascenso”, explica la periodista en su informe. En 2011, en una entrevista con el medio News.az que ahora para sorpresa figura dada de baja, el secretario general de la organización Rauf Mardiyev aseguraba que trabajaban simplemente en la "educación de los jóvenes y la protección de los intereses de Azerbaiyán en el mundo virtual". “Esta "protección de intereses" en línea explicaría la participación de IRELI en el rastreo de usuarios de Internet que no necesariamente piensan igual”, denuncia Geybulla. La misma entrevista daba cuenta de que unas 50.000 personas en 52 ciudades habían participado de entrenamientos para “tomar parte activa en la guerra de la información", como comentaba Mardiyev. Si estas eran las cifras en 2011, no quedan dudas de hoy las cantidades se han, por lo menos, triplicado.

Los de IRELI ya no son los únicos trolls: ahora son superados por una rama juvenil del partido gobernante y otras organizaciones de jóvenes. Estos últimos, a diferencia de sus predecesores, “son fácilmente detectables, y no tan astutos. Sus perfiles están adornados con la bandera de Azerbaiyán, o una imagen de Ilham Aliyev (y a veces su padre). Sus tuits son repetitivos, y parecen generados automáticamente, llenos de elogios aduladores para el gobierno y odio para aquellos que no están tan contentos con el régimen como ellos. Son un grupo variado: contadores, estudiantes, maestros y, por supuesto, miembros de movimientos juveniles progubernamentales”, amplía Geybulla. Cualquier similitud con las hordas de comentarios en cada posteo a favor de Armenia o Artsaj en Instagram...no es una coincidencia. De esto se trata.

Los acontecimientos internacionales que examinan el atroz historial de derechos humanos de Azerbaiyán también son objeto de ataques, que usualmente buscan la manera de incluir comentarios armenofóbicos incluso cuando los conflictos entre ambos países no son lo que está en discusión. Geybulla cita el ejemplo de una conferencia en Varsovia de la OSCE, que se celebró del 19 al 30 de septiembre de 2016, en la que Azerbaiyán fue uno de varios países objeto de debate en materia de DDHH. Unos 35 trolls azerbaiyanos se apoderaron del hashtag oficial #HDIM2016, compartiendo fotografías gráficas de guerra, de niños decapitados y mujeres violadas, y desviaron la conversación hacia la disputa por Artsaj. En lo que concierne al conflicto con el pueblo armenio, ya no se trata solo de una carrera política basada en la adulación del gobierno: se trata también de un nacionalismo extremo que se ha construido, fomentado y dirigido sobre el odio hacia el “enemigo en común”. Como explica la periodista, “los usuarios de Internet azerbaiyanos generalmente no necesitan ningún estímulo para discutir o enviar spam a sus homólogos armenios. Sin embargo, este fue un claro intento organizado de descarrilar una conversación válida sobre el autoritarismo en Azerbaiyán. Ya sean trolls o funcionarios del gobierno, la táctica es la misma; en su primera respuesta a las críticas de la OSCE, la delegada azerbaiyana Nahida Abdurahmanova ni siquiera intentó construir avances en libertad de prensa o derechos humanos. Simplemente mencionó Nagorno-Karabaj”.

El gobierno de Azerbaiyán es abarcativo en su monitoreo: “En julio de 2015, una filtración reveló que una empresa de vigilancia italiana, Hacking Team, con sede en Milán, estaba vendiendo tecnología a varios gobiernos represivos, incluido Azerbaiyán”, comenta por último la periodista. “Estas herramientas permiten a los gobiernos entrar en computadoras individuales y teléfonos móviles”. Reporteros sin Fronteras enumera al Equipo de Hacking en su lista de "Enemigos del Índice de Internet”. Geybulla señala al final de su informe que estos ataques de hackeo son frecuentes entre Azerbaiyán y Armenia durante eventos públicos como los actuales, además de alentados por los equipos de trolls.

Por supuesto, la de Geybulla no es la única investigación al respecto. Los trolls con sponsoreo estatal son una temática de estudio e incluso de interés académico. El reconocido Institute for the Future (IFTF) publicó una completa investigación al respecto: “TROLLING PATROCINADO POR EL ESTADO. Cómo los gobiernos están implementando la desinformación como parte de campañas más amplias de acoso digital ”, en la que Azerbaiyán y Turquía son dos de los casos que toman como análisis. “Azerbaiyán es uno de los países más represivos de los países postsoviéticos, y se encuentra entre los últimos veinte países del Índice Mundial de Libertad de Prensa 2017 de Reporteros sin Fronteras. El mandato del presidente Ilham Aliyev ha visto un aumento en la persecución de periodistas y opositores, incluyendo un ambiente online más represivo y la persecución física offline (Reporteros sin Fronteras, 2017). Múltiples periodistas han sido blanco de campañas de trolling patrocinadas por el Estado en Azerbaiyán; investigadores como Katy Pearce han documentado a fondo las estrategias utilizadas en estas campañas, como hashtags coordinados y la intervención de hashtags (Pearce 2014, 2015)”, explica el paper de 2018. Katy Pearce es profesora de la Universidad de Washington y especialista en tecnología y uso de medios en la Antigua Unión Soviética. Su investigación se centra en los usos sociales y políticos de las tecnologías y el contenido digital en las democracias en transición y los estados semiautoritarios del Cáucaso Meridional y Asia Central, pero principalmente Armenia y Azerbaiyán. Ha escrito numerosas investigaciones sobre cómo opera el autoritarismo a través de las redes sociales en Azerbaiyán. LINK

El informe de IFTF también señala que ciertos ataques a medios de comunicación en línea independientes fueron originados en el Ministerio de Transporte, Comunicaciones y Altas Tecnologías de Azerbaiyán (Qurium Media Foundation 2017). Sin embargo, con mayor frecuencia, las campañas de trolling patrocinadas por el Estado son coordinadas y dirigidas por entidades independientes. Es probable que éstas, como las experimentadas por Geybulla, “se complementen con la vigilancia estatal de periodistas y otros críticos. (...) Las investigaciones de expertos de Amnistía Internacional también revelaron que varios activistas de derechos humanos y opositores al régimen fueron víctimas de ataques de lanza-phishing y malware (Guarnieri, Franco y Anderson 2017)”.

Los trolls están en todas las redes sociales. Entre los comentarios que proliferan en la web en las últimas semanas predomina el odio, la misoginia y la violencia verbal. Pero eso no es lo peor: los trolls azeríes también se han encargado de viralizar videos e imágenes de soldados armenios torturados y mutilados. Incluso hace unos días apareció una cuenta en Instagram (@artsakh.army) que, con la frase “bienvenidos al infierno” en su biografía, exhibía como un triunfo una colección de material explícito y atroz en este sentido. A pesar de las reiteradas denuncias de los usuarios, la red social se tomó unos cuántos días para dar de baja el contenido que no solo atentaba directamente contra las “normas comunitarias” de las plataformas sino que además suponía una tortura psicológica para toda la comunidad armenia. Recientemente, Facebook eliminó otras cuentas violentas que hostigaban y difundían noticias falsas sobre Artsaj, y una ex empleada de la empresa denunció el uso de trolls por parte del Gobierno de Azerbaiyán para atacar a la oposición.

Claro que las campañas de difusión en Twitter son una estrategia de comunicación usual: incluso la comunidad armenia ha llevado adelante muchas a lo largo de los años con el objetivo de visibilizar la causa, y en los últimos días en Argentina fueron tendencia hashtags como #PazEnArtsaj y #PazenArmenia. Sin embargo, con todos los ejemplos citados anteriormente, las acciones del lado de Azerbaiyán cobran otra dimensión. Un usuario de Twitter, @conspirator0, se tomó hace unos días el trabajo de analizar el detrás de uno de los hashtags azeríes que habían sido tendencia: #DontBelieveArmenia. El primer tweet apareció el 5 de octubre y fue publicado por @CoronaMan19 , una cuenta creada en marzo de 2020 con 21 tweets y 1 seguidor. Al día siguiente, el hashtag comenzó a circular más de 200 tweets por minuto.

https://twitter.com/conspirator0/status/1313590567985655808

Aunque las cuentas no estaban todas automatizadas, el contenido de sus tweets era increíblemente repetitivo: entre ellos estaba el spam a Cardi B, una de las celebrities atacadas por manifestar su apoyo a Armenia. Muchas cuentas que participaron del hashtag #DontBelieveArmenia fueron creadas de manera desproporcionada a mediados de julio y principios de octubre de 2020, fechas que se corresponden con las agresiones militares de Azerbaiyán hacia el pueblo armenio, y varias estuvieron inactivas durante agosto y septiembre. Las cuentas creadas durante los picos mencionados son responsables del 29,4% del tráfico (20582 de 69880 tweets), según demuestra el usuario.

https://twitter.com/conspirator0/status/1313590748311433218

Gran cantidad de ellas, además, se retwittean entre sí.

Un artículo escrito por el Digital Forensic Research Lab (DFRLab) en julio, al calor de los primeros bombardeos, arroja aún más luz sobre este tema. Los investigadores pusieron el ojo en las brigadas patrióticas de cuentas a favor del régimen azerí, que realizaron una campaña en línea con varios hashtags pro-Azerbaijan y anti-Armenios en Twitter. Como mencionamos, ambas partes han utilizado esta red social para hacer eco de sus reclamos, pero “los flujos de tráfico que el DFRLab analizó, sin embargo, mostraron que los hashtags pro-Azerbaijan fueron fuertemente manipulados, con un pequeño grupo de cuentas de alto volumen responsables de una parte significativa de las menciones. No había evidencia de que estas cuentas fueran "bots" completamente automatizados - más bien, parecían ser curadas por usuarios humanos altamente dedicados, muchos de ellos estudiantes universitarios o pertenecientes a grupos juveniles pro-régimen”, explica la nota. Para probarlo, el DFRLab recolectó nueve hashtags principales de ambos lados del 12 de julio al 18 de julio de 2020 para comparar los flujos de tráfico relativos. Esta comparación reveló que los hashtags pro-Azerbaijan superaron significativamente los hashtags pro-Armenia, con aproximadamente 1 millón de menciones para el primero a alrededor de 31.000 para el segundo. Un acercamiento de ambos flujos de tráfico también mostró que “los hashtags pro-armenios mostraban un flujo y reflujo en el volumen de menciones más característico del tráfico orgánico, mientras que los hashtags pro-Azerbaijani mostraban picos agudos - principalmente consistentes en retweets - a las 2 p.m. todos los días”. Esto evidencia que no se trata solamente de la cantidad de personas que dedican su tiempo a esto: se trata de una estructura organizada que se ha estado desarrollando durante años.

El DFRLab utilizó una medida llamada el Coeficiente de Manipulación del Tráfico (CTM) para analizar cuatro de los principales hashtags pro-Azerbaijan que fueron tendencia entre el 12 de julio 18 de julio de 2020: #StopArmenianAgression (mal escrito), #StopArmenianOccupation, #KarabakhIsAzerbaijan, y #ireli2020. La CTM mide la probabilidad de que un flujo de tráfico determinado esté manipulado, definido como "un intento de un pequeño grupo de usuarios de generar un gran flujo de tráfico de Twitter, desproporcionado al número de usuarios involucrados." En estudios previos, explican, las muestras de control orgánicas no manipuladas obtuvieron un CTM de 12 o menos. En este caso, los cuatro hashtags estudiados anotaron al menos el doble, con uno de ellos - #ireli2020 - llegando a 60. Este último es una referencia a la organización juvenil pro-régimen IRELI, que mencionamos al principio, y es conocida por operar cuentas de trolls acosando a periodistas y críticos del régimen, así como por dirigir una "academia de medios sociales" para jóvenes. Docenas de cuentas twittearon los hashtags más de mil veces entre el 14 de julio - 18 de julio, todas ellas publicando más de cien veces al día.

El DFRLab descargó los datos de las 500 cuentas más activas que twittearon los hashtags del 13 de julio - 18 de julio y obtuvo las fechas de creación de 483 de ellas (17 de las cuales ya habían sido suspendidas). Sólo el 15 de julio se crearon 117 cuentas, siendo las siguientes fechas de creación más populares el 16 de julio (67 cuentas) y el 14 de julio (32 cuentas). Sus fechas de creación reciente, junto con el hecho de que casi exclusivamente twittearon o retwittearon hashtags pro-Azerbaijan, evidencian su propósito de impulsar los hashtags a la par de la intensificación del conflicto.

El estudio reveló tres tipos de cuentas involucradas en estas acciones de Twitter. Las primeras habían sido creadas semanas antes y rara vez o nunca habían twitteado. Al estallar el conflicto, comenzaron a publicar cientos de tweets en un solo día. Un segundo grupo de cuentas hizo lo contrario: se crearon al principio de la lucha (13-15 de julio), publicaron cientos de tweets en los primeros uno o dos días, y luego dejaron de publicar. El último grupo de cuentas mantuvo un alto volumen constante de publicación a lo largo de la semana, publicando alrededor de 300-500 tweets por día de manera consistente. Gran cantidad de estas cuentas probablemente fueron operadas por usuarios humanos altamente dedicados, que pueden o no haber empleado alguna automatización para mantener un volumen tan alto de publicación. La mayoría de estos perfiles eran anónimos, con fotografías de la bandera de Azerbaiyán u otros símbolos nacionales y sin información biográfica. Alrededor de 50 de las 483 cuentas más activas, sin embargo, detallaban universidades en Azerbaiyán en sus biografías, a veces con años de clase, indicando que eran estudiantes. Hay incluso algunas pruebas de manipulación coordinada por parte de las organizaciones juveniles partidarias del régimen: el DFRLab encontró evidencias alrededor de @guys_az, la cuenta oficial de la Unión General de Jóvenes por Apoyo (GUYS), una organización juvenil creada en 2019 para apoyar la política de desarrollo juvenil del presidente Ilham Aliyev. En su página de Instagram, GUYS enlaza a un formulario de Google que utiliza para reclutar miembros a programas de "voluntariado en línea". Sus tareas no dejan mucho lugar al misterio.

Se denomina “astroturfing político” a cuando un pequeño grupo coordinado de cuentas publica en un volumen extremadamente alto para crear artificialmente la impresión de que un movimiento en línea tiene más apoyo orgánico que en realidad. Es un término referido a campañas de relaciones públicas en el ámbito de la propaganda electoral y los anuncios comerciales que pretenden dar una impresión de espontaneidad, como nacida de una fuerte relación con el entorno social. Este hallazgo de DFRLab no significa que no había auténticos usuarios pro-Azerbaijan empleando los hashtags como una expresión de la acción cívica en línea, sino más bien que estos esfuerzos fueron impulsados significativamente por un grupo de cuentas altamente dedicadas a publicar en gran cantidad. Y es que, como decíamos al principio, Azerbaiyán tiene un arraigado aparato de propaganda estatal y un historial en la utilización de tecnología y “lucha patriótica” por el control de la información, un modelo que no le es exclusivo. Un informe de 2018 del Instituto de Internet de Oxford clasificó la capacidad organizativa de su gobierno para la manipulación de redes sociales en "medio" -junto con varios estados con una tradición bien documentada en este sentido, como el de India y el de Pakistán-. Pero no podemos obviar el trasfondo en este caso es nada menos que el aparato armenofobico azerí, que va mucho más allá que sus trolls en redes sociales: es una construcción que lleva años en desarrollo y se manifiesta también en lo cultural, lo educativo y lo mediático.

Podríamos escribir investigaciones enteras sobre las fakenews en forma de notas, videos y fotos o las propagandas estatales montadas que estuvieron circulando desde el 27 de septiembre. Podríamos citar infinidad de ejemplos sobre las hordas de trolls en acción, pero basta con hacer un par de clicks y buscar cualquier hashtag anti-armenio en redes sociales. ¿No es acaso todo esto otra de las tantas formas de probar que los ataques de Azerbaiyán hacia el pueblo armenio fueron cuidadosamente planificados desde cada arista? En el frente real y en el frente online, la intención de exterminio rigurosamente orquestrada se encuentra con la urgencia extrema de quienes sólo defienden su cultura y su hogar una vez más. La manipulación mediática y cibernética de Azerbaiyán busca silenciar los gritos de verdad de los millones de armenios en el mundo, los herederos de los que sobrevivieron hace más de un siglo y los que hoy resisten en Armenia y en Artsaj. Por todo esto, la guerra por la información también es importante. Quienes tienen el poder de comunicar deben tomar una decisión: pueden usarlo para salvar vidas y construir un mundo mejor, o pueden colaborar, con sus coberturas sesgadas, con la repetición de un genocidio. Es también el momento para que los usuarios en redes sociales entiendan que mucho pueden hacer con solo twittear. El hashtag por la defensa de los Derechos Humanos es uno solo. No hay lugar para dudas: las evidencias sobran. En todos los frentes.