20 de febrero de 2021

El ex militar Jorge Balla, condenado por crímenes de lesa humanidad en la masacre de Ituzaingó y Las Heras de 1977, agredió en varias oportunidades a una pareja que vive en la casa lindera.

El genocida ex militar Jorge Balla, que se encuentra cursando una prisión domiciliaria tras ser condenado por crímenes de lesa humanidad en la masacre de Ituzaingó y Las Heras de 1977, violó reiteradamente las restricciones que le impone su condena y agredió y amenazó de muerte a sus vecinos en Santa Fe.

Diana, una de las vecinas que lo denunció en la justicia, contó a C5N que desde el mes de junio del año pasado ella y su pareja, Juan, reciben continuamente intimidaciones por parte del genocida que vive en la casa lindera. Balla salió de su casa y tomó por del cuello a Juan y dijo que lo iba a matar por ser hijo de un ex preso político. Desde ese momento la pareja no sale al patio por temor.

"Esta persona con prisión domiciliaria salió de su domicilio tomó del cuello a mi marido. No radicamos la denuncia porque teníamos miedo de lo que nos podía llegar a pasar. Yo empecé con complicaciones en mi embarazo por la presiones que recibíamos, termine teniendo un parto prematuro. En diciembre él y sus hijos volvieron a atacarlo, cuando llevaba en brazos a mi hija y decidimos hacer la denuncia", dijo Diana.

El pedido de revocación de la prisión domiciliaria se presentó ante la Fiscalía Federal y el Tribunal Oral Federal, con la firma de las víctimas de las amenazas y el patrocinio del abogado Guillermo Munné, acompañado por un conjunto de organizaciones de derechos humanos. Desde entonces esperan una respuesta de la justicia.

"Es una situación muy dramática.Dejamos de habitar parte de nuestra casa y pusimos todo tipo de medidas de seguridad en la casa, cámaras, sensores de movimiento. También tenemos una custodia. Estamos a 2 meses y medio de esa situación y la justicia no hizo nada", contó la mujer.

Diana contó no sólo Balla los tiene amenazados sino también sus dos hijos, uno que de ellos que trabaja como personal penitenciario. "Me amenazaron con que iba a aparecer con un tiro en la frente, amenazaron a nuestra pequeña hija. Es una situación muy triste, angustiante y traumática", explicó. El represor además se jacta con sus vecinos de que tiene un acuerdo con peritos que fraguan su situación de salud para mantener la prisión domiciliaria.

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