¿Alimentar es una estupidez?

Opinión

Lo urgente no desplaza lo importante, se debe atender coyuntura y estrategia en simultáneo, por lo menos para quienes abrazamos el peronismo como filosofía de vida y forma de gobierno.

Los números son determinantes, 42% de argentinos (y subiendo) está sumido en la pobreza. Este enunciado cobra real dimensión si se comprende que se entiende por pobreza que el 42% de argentinos no tiene acceso a la canasta básica alimentaria, en principio, que la vivienda es un bien suntuoso y no un derecho primario. Que el trabajo formal es un lujo al que pocos acceden y que el trabajo informal ha sido diezmado con la velocidad de contagio del virus que impide, desde el 19, cualquier atisbo de medidas de fondo para rescatar del pozo a ese 42% de argentinos que hoy no come, que hoy no tiene trabajo, que hoy no tiene una vivienda digna…

Lo urgente no desplaza lo importante, se debe atender coyuntura y estrategia en simultáneo, por lo menos para quienes abrazamos el peronismo como filosofía de vida y forma de gobierno.

Está claro que la solución de fondo es la creación de trabajo genuino, estable y bien pago. Hacia eso se encaminaron históricamente las políticas públicas del peronismo en el poder.

Ahora bien, este es el escenario en un mundo que cruje, la Argentina no está aislada de la realidad internacional atravesada por la crisis del modelo del capitalismo financiero en un contexto inédito como es el de la pandemia que diariamente se cobra millones de vidas.

¿Cuál es la decisión correcta a tomar respecto de las familias que, hoy no comen? Hoy no hay alimentos en la mesa de millones de argentinos, ¿el gobierno debiera dejar que el hoy transcurra sin intervención a la espera de resultados en las políticas públicas que se ensayan para la reactivación económica o asistir la urgencia de esas familias?

La respuesta del gobierno ha sido incrementar y ampliar la asistencia a las situaciones más críticas mediante la tarjeta Alimentar. A esto, un dirigente de los movimientos sociales, probablemente lleno de buenas intenciones, ha calificado la medida como “una estupidez”.

¿Dónde está la estupidez de la medida? Con la mesa servida y la panza llena uno puede caer en la tentación de dejar libre su queja quisquillosa, no por eso menos válida, y calificar de estúpidas medidas que para quien no tiene la mesa completa significan absolutamente todo, hoy ahora ya. Porque el hambre no se elimina con promesas a futuro, aunque ese futuro sea de días, semanas o meses… El hambre se debe mitigar hoy, ahora, ya. No es estupidez, es respuesta inmediata.

Tal vez la estupidez sea caer en la lógica de aquello que se dice combatir y utilizar sus herramientas discursivas para oponerse a una medida necesaria hoy, ahora, ya… No se comprende muy bien la espasmódica reacción de alguna dirigencia frente a la tragedia cotidiana de quienes dicen representar.

Calificar despectivamente de asistencialismo a una medida coyuntural en el marco de una situación de emergencia genera al menos dudas respecto de la motivación de quien esgrime el argumento oponiéndose a la respuesta posible hoy, ahora, ya…

Tal vez sea una estupidez considerar como “política de estado que ha llegado para quedarse” a las medidas inmediatas tomadas para mitigar los efectos de la crisis a la que nos enfrentamos como humanidad y que encuentra en la Argentina, además, las secuelas de un gobierno que desguazó el Estado y destruyó la economía en solo 4 años.

Cabe preguntarse qué respuesta debe dar el Estado, hoy, ahora, ya a las familias que no pueden comprar alimentos. ¿Esperar un par de meses o años hasta que las condiciones macroeconómicas comiencen a generar empleo genuino?

Tal vez la estúpida es quien escribe, que sabe que no alcanzan las medidas, que todo es insuficiente en una crisis, pero que no encuentra la razón lógica y concreta de la enorme ofensa de una dirigencia quisquillosa cuando millones de familias, aún con todas las dificultades que todas y todos conocemos, hoy, ahora, ya podrán comprar alimentos para llevar a sus hogares.

Lo concreto es que las respuestas no pueden ser simples enunciados revolucionarios frente a una realidad agobiante.

Seguramente hay muchas cosas por revisar en materia de política económica, seguramente hay muchos errores que corregir y muchas tensiones en cuanto al criterio que prevalece en la toma de decisiones, pero no se puede soslayar que el mundo ya no es el mismo, la Argentina ya no es la misma. Las recetas aprehendidas quedaron obsoletas y se requiere de muchísima responsabilidad política sin tanta ansiedad espasmódica que contribuya a la reconstrucción de los lazos rotos por el neoliberalismo y retomemos el camino a la Justicia Social plena.

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