Denuncian que 1.200 geriátricos clandestinos son utilizados por gente de bajos recursos

Sociedad

La muerte de un hombre de 77 años en un geriátrico clandestino en José C. Paz puso al descubierto la extrema peligrosidad de los geriátricos clandestinos que ya suman 1200 en Capital Federal y Gran Buenos Aires y son generalmente utilizados por las personas de escasos recursos.

El dato, publicado esta mañana en el Diario Popular, se encuadra en lo que los especialistas llaman “negocio de la miseria” y allí se vulnera los derechos elementales de ancianos solos o procedentes de familias empobrecidas.

Según el defensor porteño de la Tercera Edad, Eugenio Semino, aseguró que un geriátrico en condiciones ideales demanda por anciano “aproximadamente 1.600 pesos mensuales contra los 400 o 500 que cobran los lugares clandestinos”.

Una radiografía de los centros dan como resultado espacios con falta de recursos humanos calificados para atender a los ancianos, mala atención de los internos, falencias en la higiene, pésima alimentación que pone a las personas de cara a la desnutrición y administración de sedantes que operan como “chalecos químicos” para fijar al abuelo a la cama y así evitar su movilidad en la noche.

Justamente, la falla principal ante este problema es del control del Estado: en la provincia de Buenos Aires “no hay una ley de control para los geriátricos”, decie el funcionario a Diario Popular y agrega que ”a los centros habilitados se suman pensiones y hasta lo que se puede definir como morideros que componen lo que sin duda es una negocio de la miseria”.

Estos establecimientos clandestinos “aparecen como casas que aceptan desde dos a cinco ancianos que sean autoválidos” pero que ante el deterioro de los cuadros de salud “no se abren la atención médica profesional”.

Un abuelo enfermo o que por el tiempo que está postrado en cama empieza a sufrir escaras, se deshidrata y suma problemas de desnutrición por la mala alimentación que recibe en el lugar no siempre es atendido por un médico porque estos establecimientos “se cierran frente a esa situación que consideran no conveniente para mostrar”.

“Todos los días hay denuncias de casos como estos. Pero cuando intervenimos y llevamos a los viejos a un hospital, luego que se compensan a la semana tienen que dejar la cama y vuelven a un circuito cerrado y perverso que conlleva a una subsistencia tenebrosa”, remató Semino.

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