Las siamesas chaqueñas cumplieron 7 años y pidieron por su escuela

Sociedad

Luz y Milagros Romero, las pequeñas hermanas siamesas chaqueñas cumplieron ayer siete años y lo festejaron por primera vez con sus compañeros de escuela, con quienes cursan el primer grado.

Las niñas nacieron el domingo 10 de septiembre del 2000 en Resistencia, unidas por el abdomen y resultaron una sorpresa, debido a que su mamá Verónica, que tan solo tenía 15 años, no se había realizado control prenatal alguno, no sabía que estaba embarazada de mellizas; ni mucho menos que eran siamesas.

Trasladadas al hospital Garrahan de Buenos Aires recién nacidas, los médicos porteños confirmaron lo que ya habán anunciado sus colegas chaqueños: las pequeñas tenían grandes probabilidades de sobrevivir, gracias a que no compartían la columna vertebral ni órganos vitales que comprometan sus vidas en caso de ser intervenidas quirúrgicamente para separarlas.

Pese a los informes alentadores, los médicos descartaron su separación el año pasado: una operación pone en riesgo la vida de las pequeñas. “Son muchos los riesgos que se corren y no garantizan cómo puedan quedar”, explicó la mamá, según destacó en su edición de hoy el diario Clarín.

Si posibilidades de una intervención quirúrgica, las chicas crecen con una naturalidad que sorprende. Corren y juegan apoyadas en sus dos piernas y sus cuatro manos por los pasillos de la escuela, donde se las ve felices, indicó el diario porteño. Y destacó que cada una tiene su propio riñón y el corazón funciona satisfactoriamente. Comparten las piernas y el abdomen. Como desde muy chiquitas tuvieron una estimuladora que las adiestró para sus movimientos, es admirable ver cómo se mueven de un lado para otro. Cómo comen o juegan.

Son “dos chicas normales, que juegan, que van a la escuela, que se enojan y alegran y que tienen sus infaltables berrinches”, contó Verónica, en su casa del barrio de Villa Luzuriaga, en las afueras de Resistencia, donde todos miman a las pequeñas.

Estoy tan contenta de celebrar un año más con mis hijas, lejos quedaron el temor y el miedo que me provocó enterarme de que las niñas eran siamesas. Hoy son como cualquier chico, normales, se mueven y se desempeñan muy bien”, dijo ayer Verónica.

En medio de los festejos por sus siete años, acompañados por sus compañeritos de grado, les preguntaron qué querían de regalo para su cumpleaños. Ellas no dudaron en pedir que arreglen el patio y el baño de su colegio.

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