Vergüenza propia

*Un grupo de nenes asaltó una farmacia en pleno Barrio Norte, en esta ciudad.
*Por Santiago López.

La semana que viene, los docentes hacen paro al cumplirse seis meses del asesinato del maestro Fuentealba en Neuquén.

En mi humilde capacidad de entender las cosas, creo que estas dos noticias son un diagnóstico perfecto del estado enfermizo que tenemos como sociedad.

Las repercusiones de las noticias no tardaron en hacerse oír: mano dura para los nenes delincuentes, y futuros insultos para los maestros que otra vez hacen perder un día de clase a los chicos.


Nosotros como sociedad somos responsables de que éstos nenes estén robando, y no estén dónde deberían estar: estudiando en la escuela. Nosotros como sociedad somos responsables de que los maestros estén de paro, y el responsable político del asesinato de Fuentealba sea candidato presidencial para las elecciones que vienen. Pedimos castigo a la víctima y no al victimario.


Los nenes, todos los nenes, son la consecuencia de nuestros actos como adultos de una sociedad. No son el resultado espontáneo de una invasión marciana: nuestros actos son la causa del accionar de los chicos.

Para desligarnos de nuestras responsabilidades nos amparamos en innatas obligaciones: aduciendo que trabajamos, pagamos impuestos, y rezamos antes de dormir; y esto parecería ser argumento suficiente para querer que nos den un premio por algo que obligatoriamente debemos hacer, y  no querer aceptar que los chicos hoy son como nosotros les mostramos que somos hoy.


Y no sólo que no nos hacemos cargo del resultado de nuestros actos, sino que impunemente nos cruzamos de brazos y exigimos que sea otro quién se encargue del problema. Creemos que nuestra responsabilidad termina el día del escrutinio, y que de ahí en más el problema a solucionar es de quien gane, no de nosotros.


Exigimos que se resuelvan nuestros problemas de inseguridad exportando soluciones de problemas ajenos; tenemos esa constante de que a los problemas propios no los arreglemos con soluciones propias sino con remedios importados.
 
Mandamos los chicos al colegio para que se instruyan; educar los tenemos que educar nosotros. Los maestros les enseñaran cosas que nosotros no podemos enseñar, pero educarlos es una tarea nuestra, es una escuela que debemos tener abierta en casa las 24 horas del día de lunes a lunes. También caemos en el facilismo de que sean los maestros quien eduquen a nuestros chicos, y volvemos a cruzarnos de brazos y a esperar a que otro haga el trabajo que nosotros debemos hacer. No sólo nuestros hijos nos miran, todos los nenes nos miran: nos miran cuando no cedemos el asiento en el colectivo, y es una embarazada quien debe levantarse para que se siente un discapacitado (me tocó vivir ésta situación la semana pasada, y el loco fui yo por haberme quejado…); los nenes nos miran cuando pasamos un semáforo en rojo; nos miran cuando cruzamos la calle a mitad de cuadra; nos miran cuando contamos –orgullosos- cómo fue que el kioskero nos dio mal el vuelto y nos fuimos con una plata que no era nuestra; nos  miran cuando manejamos el auto en contramano (“total…, es una cuadra nomás”) o cuando no usamos las luces reglamentarias para indicar una maniobra.


No basta trabajar todos los días, y pagar impuestos para auto indultarnos de responsabilidades que son de todos. Somos responsables de todos los nenes hasta en nuestros actos mas pequeños y cotidianos.

Somos el molde de sociedad que construirán los nenes. Nos guste o no nos guste.
Leer que hay gente que pide mano dura para los nenes,  y que se queja por el paro docente da vergüenza propia. Porque es vergüenza de todos.

Por Santiago López

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