La particular vida de Ailuz, la nuera de Julián Weich: se alejó de Buenos Aires y construyó su casa de barro
Ailuz Celeste dejó Buenos Aires para vivir en Traslasierra con Jerónimo Weich, donde levantó una casa de 56 m² basada en técnicas de bioconstrucción.
Una casa de 56 metros cuadrados construida con barro, paja y madera se convirtió en el hogar que Ailuz Celeste comparte con Jerónimo “Momo” Weich, hijo de Julián Weich, en las sierras de Córdoba. La pareja eligió instalarse en Los Hornillos, Traslasierra, y apostar por una forma de vida vinculada con la naturaleza y la bioconstrucción.
El proyecto no surgió de un día para otro. La construcción de la vivienda demandó tres años y medio de trabajo y fue el resultado de un cambio de vida que Ailuz comenzó a imaginar tiempo antes, cuando decidió alejarse del ritmo urbano.
Su conexión con Córdoba nació después de terminar la secundaria, durante un viaje que realizó con una amiga por distintos puntos de Traslasierra. Aquella experiencia despertó en ella una sensación especial y la posibilidad de que, en algún momento, ese lugar pudiera convertirse en su hogar.
Cómo Ailuz decidió cambiar Buenos Aires por las sierras de Córdoba
Antes de concretar la mudanza, Ailuz atravesó un período de incertidumbre. No tenía completamente resuelto cuál sería su futuro ni de qué manera podría mantenerse económicamente, pero decidió avanzar guiándose por una sensación personal.
Con el paso del tiempo y después de superar los primeros temores, su proyecto comenzó a tomar forma. Regresó a Traslasierra y recorrió diferentes terrenos con la intención de encontrar un espacio donde pudiera desarrollar también una propuesta comunitaria.
Finalmente llegó a un lugar en el que sintió pertenencia y decidió instalarse definitivamente. Fue allí donde comenzó una nueva etapa junto a Jerónimo y donde ambos proyectaron la vivienda que terminarían construyendo con sus propias características.
Cómo es la casa de barro de Ailuz Celeste y Jerónimo Weich
Ubicada en Los Hornillos, la propiedad cuenta con 56 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Para levantarla, la pareja recurrió a técnicas de bioconstrucción y priorizó la utilización de materiales naturales que permitieran integrar la vivienda con el paisaje.
Una de las técnicas utilizadas fue la quincha. Las paredes tienen alrededor de 30 centímetros de espesor y están rellenas principalmente con paja aliviada. A esto se suma la aislación incorporada tanto en los muros como en el techo.
La orientación de la casa tampoco fue librada al azar. Está ubicada hacia el norte con el objetivo de aprovechar mejor la entrada de los rayos solares durante los meses de invierno y contribuir así al comportamiento térmico de los ambientes.
Los detalles que eligieron para mantener la conexión con la naturaleza
La madera tiene una presencia importante dentro de la vivienda y fue utilizada, entre otros sectores, para los pisos. También instalaron grandes ventanales de doble vidrio, que permiten conservar una conexión visual con el paisaje y, al mismo tiempo, favorecer el aislamiento térmico.
La estética se completa con tonos tierra y una apariencia sencilla que acompaña los materiales elegidos para la construcción. Tanto la orientación como la aislación y el diseño responden a principios de bioclimatismo, pensados para aprovechar las características naturales del terreno.
De esta manera, cada decisión estuvo orientada a conseguir mayor confort en el interior sin perder la relación visual con el espacio verde que la rodea.
La particular elección que hicieron para el baño
Otro de los aspectos que diferencia a la propiedad es la incorporación de un baño seco. Se trata de un sistema con un inodoro que no utiliza agua, aunque Ailuz y Jerónimo optaron por sumar un bidé.
Según explicó la joven, al comienzo puede resultar diferente para quienes no están acostumbrados, aunque con el paso del tiempo su utilización termina incorporándose naturalmente a la vida cotidiana.
Esta elección también responde a la intención de disminuir el consumo de recursos y adoptar alternativas sustentables dentro de su rutina.
La bioconstrucción, además, se convirtió en algo que trascendió su propia vivienda. La pareja creó Casa Pavoreal, un espacio destinado a acompañar a quienes buscan aprender este tipo de técnicas.
Ailuz también desarrolla su actividad laboral dentro de este ámbito y se dedica a diferentes tareas vinculadas con las terminaciones, el revoque y la pintura. Así, lo que comenzó como una búsqueda personal terminó transformándose en una forma de vida y también en parte de su trabajo cotidiano.






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