La disfunción eréctil y los problemas urinarios exponen a riesgo cardiovascular

Numerosos estudios epidemiológicos han demostrado que la disfunción eréctil vinculada al prostatismo se incrementa con la edad, especialmente entre los 60 y los 70 años.

La investigación alerta que los médicos deben interesarse por la vida sexual de los pacientes, al tiempo que advierte que no existe un enfoque integral entre los síntomas relacionados con las vías urinarias bajas y la disfunción eréctil, cuando los estudios epidemiológicos no sólo han demostrado una asociación sólida entre ambas afecciones, sino también una correlación entre la gravedad de estos dos trastornos; más aún algunos investigadores plantean la hipótesis de un proceso fisiopatológico común a ambos. 


Estos datos son aportados por la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC) y corresponden a una investigación del Reino Unido.


Los autores del presente trabajo remarcan que la disfunción eréctil  es habitualmente subdiagnosticada en la población de individuos que requieren tratamiento por afecciones de las vías urinarias bajas, especialmente en el contexto de la atención de nivel primario y sin que se deriven a consultorios especializados.

Relevaron 100 varones que habían concurrido al hospital local por síntomas de vías urinarias afectadas, fueron interrogados si presentaban manifestaciones de disfunción prostática y de la presencia de disfunción eréctil, impotencia, pèrdida de la líbido o difultades dutante la erección o eyaculación.

Resultados


El 54% de los individuos con trastornos de las vías urinarias refirieron la coexistencia de disfunción eréctil.

La edad promedio de los individuos con disfunción eréctil y prostática fue 64.9 años, aunque la mayoría se encontraba en la séptima década de la vida. El 66% de los pacientes mayores de 60 años notificaron disfunción sexual.

La gravedad de los síntomas de disfunción prostática mostró distribución similar entre los pacientes con disfunción eréctil o sin ella, en la mayoría de los cuales fue poco más del 68%.

La disfunción eréctil mostró mayor gravedad entre los pacientes con síntomas prostáticos más intensos.De los 54 participantes con estas manifestaciones, solamente el 24% admitió sus síntomas al clínico general. Quienes no mencionaron la disfunción sexual a los profesionales alegaron  timidez (12%), desconocimiento de la disponibilidad de tratamiento (25%), y otros motivos varios.

En relación con la actitud los médicos, sólo cinco de los 54 individuos con ambos trastornos (9.2%)  recibieron orientación sobre los exámenes de diagnóstico o las alternativas terapéuticas disponibles. 

Riesgo cadiovascular



Aproximadamente el 50% de los sujetos con coexistencia de disfunción prostática y eréctil presentaron comorbilidad cardiovascular (diabetes mellitus, dislipidemia, coronariopatía, etc).
Entre los participantes que refirieron disfunción eréctil el 90% expresò interés en comenzar el tratamiento, al igual que el 66.6% de pacientes con ambos trastornos. .

La gravedad de las manifestaciones clínicas, su repercusión sobre la calidad de vida y el temor por la posibilidad del diagnóstico de cáncer de próstata son los motivos principales que llevan a los pacientes a consultar al médico clínico, en primer término. Cualquiera sea la razón de la consulta, debería investigarse siempre la coexistencia de síntomas relativos a la vida sexual, apuntan los investigadores.

 Se han planteado cuatro hipótesis fisiopatológicas para explicar la coexistencia de ambos trastornos urológicos: 1) la deficiencia de óxido nítrico, causada por reducción de la sintasa específica en los nervios vesicales y prostáticos, 2) el incremento de la actividad del sistema nervioso autónomo 3) la activación de la vía metabólica con mayor sensibilidad al calcio por parte de los elementos contráctiles de la próstata, el detrusor vesical y el cuerpo cavernoso y 4) la presencia de aterosclerosis en los vasos pelvianos, con la resultante isquemia regional.

La frecuente detección de factores de riesgo cardiovascular entre los individuos tanto con dificultades en la micción como en el desempeño sexual, notificada por diferentes investigadores, alerta acerca de la necesidad de interrogar exhaustivamente a los varones que requieren atención debido a síntomas prostáticos, en especial, cuando son mayores de 50 años.

Dado que la disfunción sexual se considera un síntoma precoz de enfermedad cardiovascular, su detección durante la consulta al clínico general brinda la oportunidad de diagnosticar e iniciar tempranamente su tratamiento. Por consiguiente, la salud sexual de los pacientes debería incorporarse rutinariamente a la historia clínica recabada en los consultorios de atención inicial.
 

Dejá tu comentario