Sexo de reconciliación: lo que no se dice
A ellas la bronca todavía no se les pasó y ellos actúan como si no hubiera pasado nada. Por la Lic. Diana M. Resnicoff.
Más de una velada romántica arranca con la cara larga de los dos. Sigue con algunas indirectas y termina siendo un fuego cruzado de recriminaciones. Pero, en algún momento de la discusión, pareciera que todo se da vuelta. La batalla campal se convierte en una batalla sexual. |
Él, que hasta hace cinco segundos sacaba de la galera cuestiones antediluvianas, se acerca peligrosamente y te empieza a besar, como para declarar el cese de hostilidades. La mujer, con la bronca atragantada, tironeada entre la bronca y el deseo, más de una vez, escribe el final de la historia en la cama.
Dicen que lo mejor de las peleas son las reconciliaciones, que la adrenalina corre por las venas, pero lo que nadie dice es que después de hacer el amor a la mujer la bronca no se le pasó. Él en cambio actúa como si nunca hubiera pasado nada.
Por esta creencia popular que sostiene que todos los problemas se solucionan en la cama, muchas parejas terminan pateando para adelante sus rollos y el sexo se convierte en una terapia poco conveniente.
Durmiendo con el enemigo
Sexo y peleas son cuestiones personales de cada pareja. Pero cuando estos dos ingredientes se juntan más de lo debido, la cama se convierte en un campo de batalla. Es cuando uno se empieza a sentir como Julia Roberts en “durmiendo con el enemigo”: con muchos desencuentros y pocos, encuentros.
“Una de las discusiones que más tenemos con mi marido es que yo estudio mucho y no me ocupo de las cosas de la casa como él quisiera. Me lo dice medio en broma, pero también medio en serio, y yo termino enojadísima", reconoce Silvia A. (30, profesora de Historia). "Muchas veces, después de decirme un montón de cosas hirientes, intenta un acercamiento y muchas veces dejamos temas graves sin resolver. Si no lo arreglamos hablando, yo no me puedo concentrar en la cama. Además, al día siguiente sigo más enojada que antes. Necesito que reflexione sí o sí”.
Rubén (40 años) “En general, el sexo reconcilia. Te da energía para no seguir tan peleado. Es un trampolín para arreglar las cosas. En los 12 años que llevamos casados con mi mujer enfrentamos muchas peleas y los días de mayor tensión coincidían con noches de buen sexo. Me acuerdo que una vez yo estaba súper enojado, a punto de irme de mi casa. Esa noche, después de discutir mucho, tuvimos uno de nuestros mejores encuentros en años. Y la buena racha siguió durante toda una semana".
Es cierto que a veces, contadas veces, a través del sexo se sublima la agresión. Pero si no existe ternura y afecto, nada se arregla. Lo económico también tiene que ver con las discusiones pre-sexuales. A veces, cuando una mujer intenta que su marido no se enoje, porque el resumen de la tarjeta de crédito vino por las nubes, lo distrae llevándolo a la cama. No evita la pelea, pero suaviza la situación. Es como si estuviera diciendo gasto de más, pero te lo compenso en la cama, aunque no tenga ganas de tener sexo.
Hablando la gente se entiende
En las parejas estables el sexo implica sentimientos. Y difícilmente se pueda tener buenas relaciones sexuales cuando hay problemas dando vueltas. Si la pelea es liviana, el sexo puede ayudar a aligerar la situación. Pero si la agresión se hace una constante en el vínculo, el erotismo naufraga. Y si es condición sine qua non del juego erótico previo, puede poner en peligro la pareja.
Maria del Carmen hace 10 años que vive con German y confiesa "muchas veces discutimos hasta sacarnos los ojos. Y las peleas terminaban siempre igual: a la media hora él quería arreglar todo con besos y caricias. Una especie de borrón y cuenta nueva, como si no hubiera pasado nada. Y, aunque yo no tenía ganas de que me tocara, él insistía e insistía hasta que me ganaba por cansancio. Hasta que un día, como no respetaba mi bronca, decidí seguir su juego y nos fuimos a la cama. '¿Ya está, terminaste?', le dije en determinado momento. Fue tal su indignación que no nos hablamos por dos días. A partir de entonces aprendió a respetar más mis enojos y tratamos de resolver los problemas hablando".
Para evitar que el erotismo post-pelea termine matando a la pareja, hay que entender que hombres y mujeres tenemos estructuras psíquicas diferentes. El hombre tiene que aceptar que la mujer no puede poner los problemas entre paréntesis y actuar sin sentimientos. Y la mujer tiene que saber que los hombres, en cambio, pueden discriminar. Que ellos, muchas veces, usan el sexo como descarga para olvidar las tensiones del día. En definitiva, a ellos les cuesta más entender que el sexo no es la solución sino la postergación de un problema. Las mujeres necesitan afecto, compromiso y comprensión para tener una relación sexual placentera.
Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: [email protected]
Página Web: www.e-sexualidad.com
Dejá tu comentario