La historia del barco fantasma que quedó a la deriva en el río Paraná
Debido a las crecidas, el barco se desplazó varios kilómetros y quedó varado frente a la costa de la ciudad de Corrientes.
Barco fantasma del río Paraná: el buque abandonado hace más de 25 años
Un enorme barco apareció a la deriva en el río Paraná y volvió a poner el foco en una historia que durante más de dos décadas mantuvo en vilo a los habitantes de la ciudad de Corrientes. Tras romperse las amarras por las fuertes crecidas provocadas por El Niño, quedó varado frente a la costanera, sin luces ni señalización.
El Uros-Z, un buque de 107 metros de largo, conocido como el "barco fantasma" permaneció durante años sujeto a un astillero, pero el aumento del caudal del río hizo que los cabos que la mantenían amarrada cedieran. Sin tripulación ni posibilidad de controlar su desplazamiento, el barco recorrió casi dos kilómetros hasta quedar detenido frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros.
El peligro no se limita a su tamaño. El buque permanece en el lugar sin luces, boyas ni señalización que permita a pescadores y embarcaciones de menor porte advertir su presencia.
Barco fantasma del río Paraná: el buque abandonado hace más de 25 años
La historia del Uros-Z se remonta a principios de la década de 1990, cuando fue diseñado para transportar productos químicos. Su estructura contemplaba bodegas de acero inoxidable, un material de alto costo que resultaba fundamental para la actividad.
La construcción quedó a cargo del Astillero Corrientes S. A., que por entonces tenía una trayectoria reconocida e incluso había exportado dos plataformas submarinas de perforación a Estados Unidos. El proyecto contaba con financiamiento del Fondo Nacional de la Marina Mercante, pero el plan comenzó a desmoronarse cuando la empresa que había encargado el buque entró en concurso de acreedores, a mediados de esa década.
La salida acordada con el Gobierno nacional consistió en que el Estado se quedara con la embarcación a cambio de hacerse cargo de las deudas. Sin embargo, esa decisión dejó al barco en un limbo. Como la construcción nunca se completó, no obtuvo matrícula oficial y tampoco hay claridad sobre quién debe hacerse responsable.
Un proyecto millonario que quedó abandonado
Miguel Gutnisky, dueño de Astilleros Corrientes SA, contó en una entrevista con Infobae publicada en 2018 que durante años intentó encontrar un organismo que asumiera la responsabilidad.
“Fuimos a la oficina de Bienes del Estado, y nos dijeron que no les correspondía, porque no era un inmueble. Después, en otra oficina encargada de los barcos, nos aclararon que en realidad era un barco en construcción, porque no tiene matrícula, por lo que tampoco tenían jurisdicción”, explicó Gutnisky.
El empresario también aseguró que llegó a presentar una carta ante Rogelio Frigerio, quien entonces se desempeñaba como ministro del Interior. Según su testimonio, no hubo avances concretos. En el 2000, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el astillero firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía que fijaba un plazo de 60 días para retirar la estructura. El compromiso tampoco se cumplió.
Con el paso del tiempo, el óxido y el abandono transformaron al buque en parte del paisaje costero. Los vecinos terminaron por llamarlo el “barco fantasma del Paraná”.
La crecida ya había provocado otro episodio
En enero, otra creciente había roto los cabos del Uros-Z y el barco recorrió casi 60 kilómetros a la deriva sobre el río Paraná. En esa oportunidad, Gutnisky contó que contrataron otro buque para remolcarlo hasta el puerto de Empedrado, pero el barco volvió a soltarse y la Prefectura Naval tuvo que custodiarlo.
Pese al abandono, Gutnisky sostuvo que el Uros-Z conserva componentes que podrían aprovecharse. “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas. Todo eso vale millones, es plata del Estado que perfectamente se podría recuperar”, afirmó.
El empresario estimó entonces que el motor junto con la caja tenía un valor cercano a los 2 millones de dólares.
Por ahora, el Uros-Z continúa varado en una zona de circulación fluvial de Corrientes. No hay una solución concreta informada para retirarlo ni se ha aclarado qué organismo asumirá la responsabilidad de asegurar la estructura.
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