Romina, harta de la inacción de la Justicia, revisó el expediente y se dirigió al último domicilio registrado de Alejandro González, un hombre condenado a 20 años de cárcel por cinco violaciones. Lo encontró habitando su casa con total impunidad.
Alejandro González, conocido como "Madera", de 37 años, había sido condenado a 20 años de prisión en marzo del 2011 por haber violado a cinco mujeres. El día del veredicto, el sospechoso se fugó y, según habían dicho las autoridades policiales, estaba con captura internacional. Una de las víctimas pidió ver el expediente para acelerar la investigación, anotó la dirección que figuraba y fue al domicilio. Tocó timbre en una casa de González Catán y le abrió la puerta el mismo hombre que la había violado.

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"Romina estaba harta de que la justicia no hiciera nada para ubicar al violador. Fueron cinco años en los que todo el tiempo iba a la fiscalía, juzgado y comisarías a preguntar si había novedades sobre el hombre prófugo. Lo que hizo esta mujer fue revisar el expediente. Allí figuraba la dirección del hogar del abusador, ubicada en la calle Carmenta 1781, de González Catán. Fue y la recibió el violador serial", contó Andrés Bonicalzi, abogado de Romina, una de las víctimas.

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"Ella se hizo pasar por una asistente social y confirmó que se trataba de su agresor sexual. Por cuestión de nervios no pudo mantener sus dichos y lo increpó diciéndole: 'No me reconocés, hace algunos años abusaste de mí, vos tenés que estar preso, tenés captura internacional", se afirma en la denuncia.

Para el abogado Bonicalzi, "este caso es paradigmático de las situaciones aberrantes que deben enfrentar las víctimas de abusos, incluso luego de que atrapan a los agresores, porque aquí se comete la aberración de permitir llegar en libertad al juicio a un sujeto acusado de delitos gravísimos y que en el mismo debate se solicitó el encierro porque la expectativa de la pena era altísima, como finalmente ocurrió, sin embargo lo dejaron en libertad y el día del falló no se presentó".

"Eso por un lado. Lo otro, absolutamente dramático, es que una de sus víctimas se hartó de esperar que se haga efectiva la captura y decidió ir a buscarlo por su cuenta. Empezó por donde lo haría cualquiera y sacó la dirección de González del expediente. Así fue como lo encontró habitando la casa familiar con total impunidad. Nadie lo buscaba. Y estamos hablando de un violador serial", señaló el letrado Bonicalzi.