Cuando los gobiernos "juegan" con fuego... también se queman

*A 20 años del ataque al regimiento de La Tablada.

Es extraño que tantos personajes e historias que armaron ese sangriento rompecabezas que fue el ataque al regimiento de La Tablada, hayan orbitado alrededor mío desde antes del fatídico 23 de enero de 1989.


 


Pero las cuestiones metafísicas las resolveré en mi ámbito personal, y lo que hace a la historia de aquel episodio trataré de metabolizarlo en este escrito y ver si puedo encender un candil ya no para comprender qué ocurrió hace dos décadas, sino para que la enseñanza nos conduzca a no repetir la gran tragedia que se va anunciando en pequeños actos que nadie ve y cuando explota, son los muertos esparcidos en un absurdo campo de batalla quienes nos dice que ya es tarde para lágrimas.

El gobierno de Raúl Alfonsín coqueteaba en demasía con grupos incontrolables de fuerte inclinación a la violencia. Hace 20 años dio sus primeros pasos la agrupación “Quebracho”, urdida desde alguna usina que creaba operaciones de acción psicológica en ámbitos de los servicios de inteligencia del Estado. ¿Con qué objetivo? Se suponía que un gobierno popular tendría mejor caudal de adhesión si se convertía en la víctima de los hechos de violencia.



Así nació “Quebracho”  y otros grupos de ultraderecha (como “Alerta Nacional”, por caso). “Coquetear con los ultras tiene sus privilegios”, pareció el pensamiento de algún gran publicista que propiciaba slogans y modelos para armar en un gobierno que no acertaba a dar con el clavo de la economía. Aquel experimento de laboratorio que creó a “Quebracho” dejó la cepa de ese grupo hoy incontrolable. Cuando ocurrió el ataque de La Tablada, algunos funcionarios jugaban con fuego y algunos otros quisieron detener el incendio pero quedaron relegados en las preferencias de la Casa de Gobierno.



El “Movimiento Todos por la Patria” (MTP) se presentó en público a mediados de los 80 como una organización revolucionaria de izquierda, pero democrática. El fantasma detrás del MTP era su verdadero líder –que al principio aparecía muy en las sombras-, el ex jefe militar del ERP, Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.  Un hombre cien por ciento militarista no se vuelve adicto a las urnas en un abrir y cerrar de ojos. Gorriarán resultó el factótum del ataque a La Tablada. Todos los veían venir, pero esa propensión del gobierno de entonces a victimizarse frente a la violencia social terminó convirtiéndose en la pala que cavó su propia tumba.



El MTP gastaba fortunas en propaganda gráfica, se sabía que eran dineros provenientes de fondos reservados de ciertas dependencias del Estado.



 Me consta que invertían mucho en propaganda gráfica, pues yo era uno de los accionistas de “Talleres Gráficos Ariel”, la imprenta donde se producía tantos trabajos semanales de revistas, afiches y folletos. Periódicamente llegaba el Antonini Wilson del “MTP” y descargaba las valijas de dinero pagando sus trabajos con anticipación para asegurarse de que no hubiera atrasos.



El entonces Ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, que siempre me preguntaba por mi amigo el coronel Seineldín, una vez me preguntó por el MTP. Le respondí algo así: “Estos chicos se van a mandar un moco y lo están anunciando en su propaganda”... Jaunarena pensaba lo mismo, pero el Presidente Alfonsín había desestimado toda clase de advertencia sobre esta organización.



El grupo había elaborado una estrategia de atacar a los que llamaban “los tres turcos” de la conspiración: Menem – Lorenzo Miguel (entonces hombre fuerte del sindicalismo peronista) y el coronel Mohamed Alí  Seineldín.  ¿Para qué iba a conspirar Carlos Menem si nadie le impedía ganar las elecciones presidenciales?

A todo eso, un armero que tenía su negocio en la calle Lavalle casi esquina Florida, me contaba a mediados de 1988: “Vienen unos chicos jóvenes a comprar armas largas, rifles y escopetas, tienen mucho efectivo...es extraño, nada normal”.



Se habló que el ataque guerrillero a La Tablada fue con armas sofisticados. Nada de eso, solo un selecto grupo tenía armas pesadas, el resto las compraron en varias armerías porteñas fácilmente identificables.

La propaganda “contra los tres turcos” fue más virulenta a medida que se acercaba el 23 de enero de 1989. Parecía que tangencialmente al radicalismo le servía la campaña de desprestigio que asumía el MTP contra el peronismo y todo lo que estuviese cerca... Alguna tragedia se vislumbraba, hasta que estalló el día fatal y se llevó tantas vidas inocentes.

Lo demás que se dice, es parte del recordatorio y el cumplimiento formal de la efemérides. Ese día desapareció –fue secuestrado fuera del cuartel- Quito Burgos,  alto jefe del MTP, compañero de luchas sindicales en los setenta y con quien tenía encuentros periódicos de charlas y debates políticos.



“El tiempo de tomar las armas ya fue”, le dije varias veces pero Burgos insistía que no era tan así.

El gobierno de entonces había jugado con fuego, creando Frankesteins como “Quebracho” y financiando grupos como el encabezado por Gorriarán Merlo.



La lección que deberían aprender los gobiernos es revisar aquella historia para no volver a repetir sus errores. Mucho menos en la actualidad, con tanta violencia latente que se vislumbra en las calles argentinas. A la larga, los monstruos terminan devorando a sus creadores.

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