Dolor, dudas y críticas a Solá en la despedida de los policías asesinados
- En el velatorio de los tres policías asesinados ayer estuvieron el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanián, y el gobernador Felipe Solá, quien se comprometió ante los familiares de las víctimas a trabajar hasta que se esclarezca el crimen.
- El intendente de La Plata, Julio Alak, opinó que la masacre de los efectivos fue "un hecho extraño" porque "no había una arsenal de armas para ingresar y robarlas y no había objetos de valor".
Los restos de los policías asesinados ayer en una dependencia del Ministerio de Seguridad bonaerense fueron inhumados hoy en la ciudad de La Plata, mientras que no hay pistas firmes sobre quiénes fueron los autores del ataque.
El gobernador Felipe Solá relacionó los crímenes con un "mensaje mafioso", en la misma línea en que se expresó ayer el presidente Néstor Kirchner, en tanto que el intendente platense, Julio Alak, consideró que se trató de un "golpe muy duro a la institucionalidad".
En medio de escenas de profundo dolor, los restos de los oficiales Alejandro Rubén Vatalaro, de 27 años, y Ricardo Germán Torres Barboza, de 26, fueron velados en el centro de La Plata, mientras que los del sargento Pedro Díaz, de 45, en la Catedral local.
La autopsia sobre los cadáveres arrojó que los cuerpos ya sin vida de los oficiales recibieron 56 puñaladas y al sargento Díaz, que recibió 33, lo mataron por la espalda.
El mandatario provincial se reunió durante dos horas con los familiares de los oficiales y les dijo que instruyó al ministro de Seguridad, León Arslanián, para que su cartera "ponga todos los recursos de que dispone con el fin de encontrar a los responsables de los crímenes".
Previamente, el ministro Arslanián había estado también en la sala velatoria para transmitir sus condolencias.
Al retirase de la sala velatoria, Solá fue consultado sobre si los crímenes habían sido un mensaje hacia él, Arslanián o el presidente Kirchner.
"Todavía no sabemos los resultados, pero pensamos que sí, que la intención ha sido dañar en lo más profundo a través de la saña y pensamos que es un mensaje mafioso", remarcó el mandatario, quien sostuvo que "el lugar fue elegido porque nunca se esperó que hubiera allí un ataque".
Después de dialogar con la prensa, un familiar de los oficiales se acercó a Solá para pedirle, llorando, el esclarecimiento del hecho y el gobernador prometió trabajar en esa cuestión.
Por su parte, el intendente Alak sostuvo que el asesinato de los tres policías "ha sido uno de los hechos más graves que nos ha sucedido en los últimos tiempos".
"Ha sido un golpe muy duro a la institucionalidad en una fecha que también tiene alguna coincidencia porque se cumplió el 18 de octubre un año de la desaparición de (Julio) Tito López y horas después ocurre esta masacre cerca de donde vivía él", señaló a radio La Red.
Para el jefe comunal, el crimen de los efectivos fue "un hecho muy extraño" porque donde fueron asesinados "no había una arsenal de armas para ingresar y robarlas y no había objetos de valor", con lo que descartó la hipótesis de un robo.
Con las banderas a media asta en toda la ciudad, los restos de los oficiales fueron llevados al cementerio de La Plata, pero sólo se depositó en el panteón policial el féretro de Vatalaro, ya que los familiares de Torres Barboza aguardaban una autorización judicial para cremar su cuerpo.
"El era un policía más, como tantos otros que cada día entregaba lo mejor de sí siguiendo su vocación y respetando los sagrados postulados de la labor policial", dijo un compañero de Vatalaro.
Agregó que era "un hombre ejemplar, una gran persona" y que "ha ofrendado el bien más preciado, la propia vida, como un ejemplo para todos los que quedamos dentro de la Policía".
Escenas similares se vivieron en el cementerio de Berisso, donde fue enterrado el sargento Díaz, en medio de aplausos de sus familiares y compañeros.
El triple homicidio de los policías, que no tiene antecedentes en la fuerza desde el regreso a la democracia, ocurrió cerca de las 2 de la madrugada de ayer en el predio de la planta transmisora del Ministerio de Seguridad, del barrio Aeropuerto.
Los investigadores determinaron que los dos oficiales fueron sorprendidos cuando se hallaban en una garita de vigilancia ubicada junto a la central de comunicaciones y fueron asesinados de un balazo en la cabeza.
En tanto, el sargento, que estaba descansando en una habitación cercana, escuchó los disparos, salió corriendo e intentó escapar por los fondos del predio, pero fue perseguido por los asesinos y lo ejecutaron de cuatro disparos en la espalda.
Tras los peritajes forenses, se determinó que las tres víctimas fueron asesinadas con armas nueve milímetros, el mismo calibre que utiliza la Policía, y luego apuñalados.
Además, los homicidas se llevaron un patrullero y robaron cuatro armas, pero no hay pistas de quiénes pudieron haber sido.
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