La muerte lejos de Buenos Aires

*Por Aureliano Buendía.

Amigo me dijiste la ultima vez que para morir da lo mismo cualquier lugar, solo te puedo decir que yo quiero morir en Buenos Aires, pero mas quiero terminar viviendo los últimos de mis días en mis pagos.


 


Uno valora más lo que ha perdido, ahora desde el centro de Madrid no pienso más que en el corazón de mi Buenos Aires.


 


Añoro los arrabales de la ciudad, con este océano de por medio puedo sentir rodar la Luna de Piazzolla por Callao.


 


La memoria no me falla a la hora de recordar las caminatas; Av. Corriente, el Abasto, el Obelisco, San Telmo, Barracas, la rivera, Caminito hasta orillear la Bombonera.


 


Esas tardes que buscábamos vértigo en Palermo no dejo de compararlas con estas mañanas Europeas en que busco serenidad.


 


Hace veinte años te pregunté: ¿Quién puede vivir lejos de Buenos Aires? La respuesta hoy es nadie. Una parte de mi sigue estando en San Juan y Boedo, con aroma a Goyeneche, a veces me encuentro pensando en las calles anónimas de Saavedra o la glamorosa Recoleta.


 


Pienso en Borges tan universal y tan porteño cuando escribió "Me sabe a cuento que hayan fundado Buenos Aires, la juzgo tan eterna como el aire o el agua".


 


A miles de kilómetros yo tengo ese mismo sabor en las entrañas.


 


Pero ya ves, hoy piso los 80 y me estoy muriendo sin Buenos Aires.


 


Aureliano Buendía

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