El cajero automático cumple 40

Mundo


Muchos aseguran que las grandes ideas surgen en el baño. Y efectivamente así le sucedió a John Sheperd-Barron. Este hombre inglés se encontraba en la bañera cuando se le ocurrió un invento que cambiaría la forma de operar con dinero.

John pensó "que debía haber alguna manera de tener acceso al dinero en el Reino Unido o en cualquier parte del mundo”, y luego comparó esa idea con una máquina de chocolates.



Esta iniciativa convenció a los dueños del Banco Barclays, y su director ejecutivo rápidamente firmó un contrato con el inventor, mientras tomaban un Pink Gin, hecho de ginebra y angostura.



Este era sólo el comienzo de lo que hoy son las modernas máquinas. Lógicamente aún no se habían diseñado las tarjetas de plástico, por lo cual Sheperd-Barron usó cheques impregnados con Carbono14.


De esta manera, el artefacto detectaba la radioactividad y la comparaba con un número de identificación personal (siglas PIN en inglés).



La aparición del PIN surgió cuando se dio cuenta de que podía recordar los seis dígitos de su registro militar. Pero cuando consultó esta cuestión con su mujer Caroline, ella le dijo que sólo podía recordar cuatro dígitos, los cuales se convirtieron en estándar mundial gracias a ella.



En cuanto al aparato, existía un límite establecido para retirar dinero en cada operación, que comprendía las 10 libras, lo que sería el equivalente a 60 pesos argentinos.



A nuestro cambio actual parecería poco, pero Sheperd-Barron señaló que "en ese tiempo era más que suficiente para celebrar durante un fin de semana".



El cambio social


 


Estamos en la era del dinero líquido donde la mayoría de las operaciones dejaron de ser “cara a cara”, para pasar a ser transacciones virtuales.



John se dio cuenta del cambio que había generado en la sociedad bastante después, cuando se encontraba en Tailandia con su esposa Chiang Mai. Allí vio a un agricultor que bajó de su carreta, se quitó su sombrero y se dispuso a utilizar el cajero automático.



Absolutamente este es un avance propio de la globalización. Actualmente existen en el mundo alrededor de 1,6 millones de cajeros automáticos.

Después de observar al hombre tailandés, el inventor recién pudo comprender la importancia de su producto. "Fue la primera señal de que habíamos cambiado al mundo", admitió Sheperd-Barron.



Al mejor estilo gurú o tarotista, el inventor realizó una suerte de predicción. Está claro que transportar dinero cuesta dinero. Y basándose en esto, Sheperd se adelantó: “predigo que el efectivo va a desaparecer dentro de cinco años".


 


Con 82 años, la imaginación del inventor todavía no se detiene. Está buscando ideas nuevas para crear nuevas máquinas.

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