Roma quedó paralizada. Los habitantes de la histórica ciudad debieron caminar y no por un día de la vida sana, sino por una huelga de taxistas que invadieron el casco viejo y dejaron sin servicio las paradas de aeropuertos y estaciones de trenes.
Los más de 3.000 choferes se concentraron en pleno centro de Roma, en la Plaza Venezia, para protestar contra el proyecto del acalde Walter Veltroni, quien anunció que otorgará 500 licencias nuevas.
Las declaraciones de Veltroni causó la ira de choferes y propietarios, que realizaron de forma imprevista la protesta y dieron por terminado el diálogo sobre otros aspectos, como el aumento de las tarifas.
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Los taxistas cantaron consignas contra la alcaidía e hicieron un bocinazo en protesta por la caída de todas las negociaciones entre el Gobierno romano y los sindicalistas.
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